Durante la comida discuto con mi mujer sobre las virtudes de la fabada Litoral, esa marca de potajes en lata que lleva décadas haciendo la felicidad de miles de españoles. No acertaron con el cocido madrileño, le digo, ni con el pote gallego. En cambio, su fabada es un producto digno de preservación, algo que a muchos de mi generación nos sigue devolviendo hoy el perfume (si cabe decirlo así) de un pasado feliz, libre. No tiene nada que ver con una fabada asturiana casera como Dios manda, no. Es otra cosa, estimable por sus virtudes intrínsecas: simple, sin sorpresas, de fácil consumo. Algo que no debería desaparecer nunca de nuestras vidas. Ante la mirada incrédula de mi mujer, me sorprendo afirmando: “la fabada Litoral es algo más que un plato precocinado; forma parte de nuestra identidad”. Mi mujer me mira de hito y suelta: “Tú lo que tienes es muchas manías de soltero”.
En la sobremesa le echo un vistazo a un par de catálogos; primero, al que el Espai d’Art Miquela Nicolau y el Ayuntamiento de Son Servera editaron este año con motivo de la última exposición de escultura de Pedro Flores, Autoretrat en pedra i ferro: una colección de piezas que combinan dichos dos materiales en la búsqueda de esencias reconocibles. En sus páginas encuentro la reproducción de una hermosa obra en la que la presencia de la piedra domina abrumadoramente sobre la del metal. Se trata de tres grandes bloques de roca de evidentes reminiscencias prehistóricas, sin apenas tallar, cosidos en fila por tensores de hierro oxidado: una especie de tren pétreo, inmóvil por su propio peso y por su antigüedad. La mineral instantánea de un viaje a ninguna parte. Una estructura que pretende articular lo que por su propia naturaleza no tiene movimiento. La geología fuera de contexto. El contrasentido hecho forma. El título de la obra no podría ser más explícito: Nacionalismo. El comentario del autor al pie de la imagen, tampoco: “la ignorancia es el alimento de los necios”. Tan rotundo como revelador.
Otro artista mallorquín que precisamente estos días vuelve a exponer en Palma, Fernando Megías, daba a conocer su obra el año pasado en el volumen Modos de ver, que hojeo ahora. Megías aplica la imaginación y la ironía a la realidad más cotidiana y, así, nos sugiere otros puntos de vista, interpretaciones nuevas y desprejuiciadas. Poeta visual lucidísimo, asume la diversidad como ingrediente especialmente importante y significativo de la realidad; con su obra pretende despabilar los sentidos, desautomatizar la percepción y llevarnos a nuevas consideraciones sobre lo que vemos. Modos de ver, editado a principios de 2006, incluye reproducciones de esculturas, fotografías y textos asociados que emplean las palabras más sencillas y, si recordamos a Brecht (“con sólo decir lo que está pasando, a cualquiera se le tendría que partir el corazón”), las suficientes. Mostrando algo más de sutileza que Flores, pero mayor tino si cabe, Megías escribe en el centro de una de las páginas de este libro: “La identidad no es más que una idea fija”.
Mi mujer no me lo habría dicho mejor. Luke. Periodista Digital.
17 noviembre 2007
22 abril 2007
Inmoral
Si miramos bien todo lo que ha rodeado la designación de Maria de la Pau Janer como candidata del PP por decisión personal de Jaume Matas y las controvertidas declaraciones de la escritora y colaboradora de Última Hora contra el partido en cuyas listas se encuadra, no acertamos a ver dónde está el meollo. Para unos, el PP de Matas es moderado y tolerante, afortunadamente distinto a su cúpula nacional. Para otros, la inclusión en las listas de una catalanista que confiesa afinidad por Convergencia Democrática y menosprecia a Rajoy y al PP en general no es de recibo. Para unos, ella entra en la lista como independiente y, por tanto, es perfectamente libre de manifestar simpatías personales o colectivas. Para otros, no resulta muy conveniente postular como candidata y, probablemente, consejera de Cultura a alguien que no parece dispuesta a defender la política del partido y que, es más, la critica contundentemente a poco que le den pie.
Lo curioso de esto es que todo el mundo tiene razón en alguna medida, y que el debate en sí es –ya me dirán– absolutamente intrascendente. El hecho es, me temo, que esta señora, que cuenta en su haber con un par de premios literarios extremadamente importantes desde los puntos de vista económico y mediático, basa su popularidad y buena parte de su éxito como escritora y, ahora, como opinadora y política principalmente en su destacada presencia en los medios; y ello parece interesar sobremanera a Jaume Matas.
Mientras, ayer casi doscientas víctimas regaban con su sangre las calles de Bagdad y nadie pestañea. No, no pretendo hacer demagogia; es que me irrita tanta y tan soberana, mediática, identitaria, frívola, inmoral soplapollez. Última Hora.
Lo curioso de esto es que todo el mundo tiene razón en alguna medida, y que el debate en sí es –ya me dirán– absolutamente intrascendente. El hecho es, me temo, que esta señora, que cuenta en su haber con un par de premios literarios extremadamente importantes desde los puntos de vista económico y mediático, basa su popularidad y buena parte de su éxito como escritora y, ahora, como opinadora y política principalmente en su destacada presencia en los medios; y ello parece interesar sobremanera a Jaume Matas.
Mientras, ayer casi doscientas víctimas regaban con su sangre las calles de Bagdad y nadie pestañea. No, no pretendo hacer demagogia; es que me irrita tanta y tan soberana, mediática, identitaria, frívola, inmoral soplapollez. Última Hora.
08 abril 2007
Años oscuros
Me dice un amigo que no prodigue mis comentarios políticos. “Tú tienes tus reseñas de arte; el arte está por encima de todo eso”. Él, nada sospechoso de recelar de las libertades ni, en particular, de la de expresión, me habla desde el conocimiento y la experiencia. “No te conviene”, me asegura.
Parecen lejanos los tiempos en que dos españoles podían hablar de cualquier asunto desde posiciones políticas antagónicas, ceder a la vehemencia del debate y, a continuación, irse a tomar unas cervezas juntos, trabajar en la misma oficina, comprar el pan en la misma cola. Hoy, dirigir las simpatías hacia un partido supone un posicionamiento fatal: significa más contra quién me sitúo que a favor de qué ideas. Tal vez sea porque no nos quedan ideas y todo, al final, es una despreciable lucha por el poder. Ni siquiera se reconoce la buena fe: si uno piensa de una manera determinada es, a ojos de sus oponentes, porque es un descerebrado, en el mejor caso. En el peor, un cabrón con pintas. Y a alguien así no solamente no se le da la razón en el debate político, sino que se le cierran los círculos sociales, el acceso al trabajo, a la beca o a la subvención pública y, a la menor, se lo machaca en los medios de comunicación.
Sin embargo, le contesto a mi amigo, uno no sabe hacer otra cosa que opinar de aquello que le viene en gana y como le viene en gana. Sin renunciar al derecho de hacerlo ni a la determinación de no enfadarse con nadie. Pero me temo que mi amigo tiene razón y no me conviene. ¡País!, que diría Forges. Última Hora.
Parecen lejanos los tiempos en que dos españoles podían hablar de cualquier asunto desde posiciones políticas antagónicas, ceder a la vehemencia del debate y, a continuación, irse a tomar unas cervezas juntos, trabajar en la misma oficina, comprar el pan en la misma cola. Hoy, dirigir las simpatías hacia un partido supone un posicionamiento fatal: significa más contra quién me sitúo que a favor de qué ideas. Tal vez sea porque no nos quedan ideas y todo, al final, es una despreciable lucha por el poder. Ni siquiera se reconoce la buena fe: si uno piensa de una manera determinada es, a ojos de sus oponentes, porque es un descerebrado, en el mejor caso. En el peor, un cabrón con pintas. Y a alguien así no solamente no se le da la razón en el debate político, sino que se le cierran los círculos sociales, el acceso al trabajo, a la beca o a la subvención pública y, a la menor, se lo machaca en los medios de comunicación.
Sin embargo, le contesto a mi amigo, uno no sabe hacer otra cosa que opinar de aquello que le viene en gana y como le viene en gana. Sin renunciar al derecho de hacerlo ni a la determinación de no enfadarse con nadie. Pero me temo que mi amigo tiene razón y no me conviene. ¡País!, que diría Forges. Última Hora.
12 marzo 2007
Menos "pásalo" y más respeto a la verdad
Sigue circulando por Internet y hoy recibo la "lista de presos de ETA condenados a 30 años por acumulación de penas que salieron en libertad en el período 1996-2004". En ella se apuntan los nombres de los reclusos, las condenas acumuladas, las fechas de inicio del cumplimiento de la pena y de excarcelación y los nombres de los ministros del PP que firmaron sus respectivas salidas de la cárcel. En negrita se señalan aquellos presos de ETA que, una vez liberados, volvieron a delinquir. "¿A qué juegan?", clama el presunto autor del correo electrónico, tildando a los exministros de Interior Rajoy y Acebes de hipócritas cuando critican la excarcelación de Iñaki de Juana Chaos y preguntándose por qué la AVT calló en aquellos casos y no calla ahora. Esta lista es la que divulgó hace unos días el boletín PSOE, y ahora circula con un "pásalo" al pie.
Ya se ha explicado mucho, pero parece que todavía no lo suficiente, pues aún hay personas que, equivocadas o de mala fe, siguen haciendo circular esta burda manipulación. Todos los presos relacionados redujeron condena de acuerdo con la ley vigente cuando se los condenó (el código penal de 1973), y fueron los jueces quienes los excarcelaron, con la firma, claro, de la autoridad penitenciaria de entonces, es decir, de los ministros de Interior del PP. A De Juana Chaos lo había condenado un juez a tres años, y en manos del gobierno estaba que cumpliera la condena íntegra, porque desde la reforma Aznar esto es posible y De Juana había sido condenado después de esa reforma.
Lo que ha hecho ahora Rodríguez Zapatero es aplicar una medida que depende del gobierno y que la ley prevé para enfermos graves, no para chantajistas. Pero el gobierno ha hecho su propia interpretación y ha optado por mandarlo a casa: posiblemente es legal, pero es muy dudoso que sea justo y a los cientos de miles de ciudadanos que se manifestaron el otro día en Madrid, que no eran precisamente una banda de fascistas peligrosos (más que nada porque no hay tantos cientos de miles de fascistas en España), les parece que no lo es; y, desde luego, no era una medida obligatoria: el gobierno ha optado, pero podía haber optado en sentido contrario; eligió atenuar la pena a De Chana, y ahora es responsable de su elección. Mientras que los ministros del PP mencionados, por muy mal que nos puedan caer, no optaron, no eligieron: firmaron lo que la ley les obligaba a firmar, y por tanto no son responsables de esas excarcelaciones. También es falso que la AVT "callase" mientras tanto: siempre clamaron por una reforma que sólo pudo llevarse a cabo cuando el presidente Aznar ganó unas elecciones por mayoría absoluta y pudo legislar sin depender del PSOE ni del PNV, que siempre se habían opuesto en las Cortes al cumplimiento íntegro de las penas de los condenados por crímenes terroristas.
Usar esa lista contra el PP es una manipulación muy burda, tan engañosa como ese discurso cutre, simplista y falaz de "había matado a veinticinco y lo han liberado", puesto que De Juana es, sí, un terrorista no arrepentido, pero ya no cumple pena por los veinticinco asesinatos, sino por un delito de amenazas, y no lo han liberado, sino que han atenuado su prisión. Las excarcelaciones de 1996-2004 eran obligadas por la ley vigente y la atenuación de la pena de De Juana no era obligada por la actual; y, en todo caso, al gobierno Aznar se le podrán atribuir muchas cosas, pero no precisamente tibieza contra el terrorismo, que combatió más eficazmente que nadie, incluida, entre otras cosas, la reforma del código para que los terroristas cumplan sus penas íntegramente. A nadie se le escapa que, cuando Aznar salió del poder, ETA estaba arrinconada, y hoy día no hace falta más que mirar las primeras páginas de los periódicos para ver quién protagoniza el debate público.
Puedes estar de acuerdo o no con la política antiterrorista de Aznar, o con la de Zapatero, puedes desear la unidad de España o la independencia del País Vasco, y la de tu barrio si quieres; pero con la verdad por delante. Porque confundirlo y enfangarlo todo no ayuda a que nos entendamos y superemos la grave crisis política que estamos viviendo. Podemos ser votantes de uno u otro partido, podemos adorar a José María Aznar o creer que fue una plaga (lo más razonable, creo yo, es pensar que en unas cosas acertó plenamente y en otras, y muy graves, se equivocó mucho), podemos creer que Zapatero es tonto de baba o bien que su proceso de paz es el no va más e incluso que es el primo guapo de George Clooney. Pero, comulguemos con lo que comulguemos, el hecho es sólo uno: con la ley actual en la mano, De Juana podría perfectamente haber cumplido sus tres años íntegros en la cárcel, o bien morir por su propia voluntad (aunque dudo que hubiese llegado a las últimas consecuencias: los psicópatas se quieren demasiado a sí mismos), y Zapatero eligió no arriesgarse a que muriese, aunque eso supusiera agraviar a millones de ciudadanos.
Ésta es la realidad, y ahora el presidente Zapatero debe arrostrar la consiguiente impopularidad o la consiguiente popularidad que esa realidad le acarree. Y, a ser posible, recuperar la serenidad y el sentido común y ordenar a algún esbirro especialmente tozudo que en lo sucesivo se abstenga de difundir falsedades con el membrete del PSOE. Basta ya de mentiras, por favor; téngannos un respeto. Periodista Digital.
Ya se ha explicado mucho, pero parece que todavía no lo suficiente, pues aún hay personas que, equivocadas o de mala fe, siguen haciendo circular esta burda manipulación. Todos los presos relacionados redujeron condena de acuerdo con la ley vigente cuando se los condenó (el código penal de 1973), y fueron los jueces quienes los excarcelaron, con la firma, claro, de la autoridad penitenciaria de entonces, es decir, de los ministros de Interior del PP. A De Juana Chaos lo había condenado un juez a tres años, y en manos del gobierno estaba que cumpliera la condena íntegra, porque desde la reforma Aznar esto es posible y De Juana había sido condenado después de esa reforma.
Lo que ha hecho ahora Rodríguez Zapatero es aplicar una medida que depende del gobierno y que la ley prevé para enfermos graves, no para chantajistas. Pero el gobierno ha hecho su propia interpretación y ha optado por mandarlo a casa: posiblemente es legal, pero es muy dudoso que sea justo y a los cientos de miles de ciudadanos que se manifestaron el otro día en Madrid, que no eran precisamente una banda de fascistas peligrosos (más que nada porque no hay tantos cientos de miles de fascistas en España), les parece que no lo es; y, desde luego, no era una medida obligatoria: el gobierno ha optado, pero podía haber optado en sentido contrario; eligió atenuar la pena a De Chana, y ahora es responsable de su elección. Mientras que los ministros del PP mencionados, por muy mal que nos puedan caer, no optaron, no eligieron: firmaron lo que la ley les obligaba a firmar, y por tanto no son responsables de esas excarcelaciones. También es falso que la AVT "callase" mientras tanto: siempre clamaron por una reforma que sólo pudo llevarse a cabo cuando el presidente Aznar ganó unas elecciones por mayoría absoluta y pudo legislar sin depender del PSOE ni del PNV, que siempre se habían opuesto en las Cortes al cumplimiento íntegro de las penas de los condenados por crímenes terroristas.
Usar esa lista contra el PP es una manipulación muy burda, tan engañosa como ese discurso cutre, simplista y falaz de "había matado a veinticinco y lo han liberado", puesto que De Juana es, sí, un terrorista no arrepentido, pero ya no cumple pena por los veinticinco asesinatos, sino por un delito de amenazas, y no lo han liberado, sino que han atenuado su prisión. Las excarcelaciones de 1996-2004 eran obligadas por la ley vigente y la atenuación de la pena de De Juana no era obligada por la actual; y, en todo caso, al gobierno Aznar se le podrán atribuir muchas cosas, pero no precisamente tibieza contra el terrorismo, que combatió más eficazmente que nadie, incluida, entre otras cosas, la reforma del código para que los terroristas cumplan sus penas íntegramente. A nadie se le escapa que, cuando Aznar salió del poder, ETA estaba arrinconada, y hoy día no hace falta más que mirar las primeras páginas de los periódicos para ver quién protagoniza el debate público.
Puedes estar de acuerdo o no con la política antiterrorista de Aznar, o con la de Zapatero, puedes desear la unidad de España o la independencia del País Vasco, y la de tu barrio si quieres; pero con la verdad por delante. Porque confundirlo y enfangarlo todo no ayuda a que nos entendamos y superemos la grave crisis política que estamos viviendo. Podemos ser votantes de uno u otro partido, podemos adorar a José María Aznar o creer que fue una plaga (lo más razonable, creo yo, es pensar que en unas cosas acertó plenamente y en otras, y muy graves, se equivocó mucho), podemos creer que Zapatero es tonto de baba o bien que su proceso de paz es el no va más e incluso que es el primo guapo de George Clooney. Pero, comulguemos con lo que comulguemos, el hecho es sólo uno: con la ley actual en la mano, De Juana podría perfectamente haber cumplido sus tres años íntegros en la cárcel, o bien morir por su propia voluntad (aunque dudo que hubiese llegado a las últimas consecuencias: los psicópatas se quieren demasiado a sí mismos), y Zapatero eligió no arriesgarse a que muriese, aunque eso supusiera agraviar a millones de ciudadanos.
Ésta es la realidad, y ahora el presidente Zapatero debe arrostrar la consiguiente impopularidad o la consiguiente popularidad que esa realidad le acarree. Y, a ser posible, recuperar la serenidad y el sentido común y ordenar a algún esbirro especialmente tozudo que en lo sucesivo se abstenga de difundir falsedades con el membrete del PSOE. Basta ya de mentiras, por favor; téngannos un respeto. Periodista Digital.
08 marzo 2007
Un salto cualitativo
Con la atenuación de la condena de Iñaki de Juana Chaos, el gobierno de la nación ha dado un salto cualitativo en su estrategia, y así parece que lo percibe la mayoría de la ciudadanía. Las sucesivas actuaciones de la fiscalía y la opción de Rodríguez Zapatero (aunque haya dado la cara Pérez Rubalcaba) de enviar a casa a De Juana (una opción legal, pero opción al fin y al cabo: cabía la opción contraria) indican que el gobierno está firmemente dispuesto a llevar hasta sus últimas consecuencias su absurda política de aproximación a los terroristas a cambio de nada.
Para enturbiar el ambiente y distraer a los ciudadanos indignados, Zapatero y su jefe de propaganda, Pepe Blanco, insisten en convencernos de que lo que ellos hacen en materia de presos y de negociaciones es exactamente lo mismo que hicieron los gobiernos de Aznar. Pero, una vez más, o mienten o se equivocan: el primer gabinete Aznar nunca tuvo el apoyo del PSOE para endurecer las leyes que combaten el terrorismo, y recurrió –con el acierto que queramos otorgarle– al apoyo del PNV para sacar adelante su política. El segundo gobierno Aznar contó con mayoría absoluta en las Cortes, y entonces las leyes antiterroristas se endurecieron. Si representantes de Aznar negociaron o no con ETA es algo que nunca tuvo la trascendencia pública que el mal llamado proceso de paz de Zapatero tiene. De una u otra forma, las acciones legislativas y policiales del gobierno Aznar y las herramientas que dio a los jueces fueron suficientes como para arrinconar a ETA y asfixiar económicamente su estructura visible, es decir, Batasuna. Jamás en la historia de España se había visto ETA en circunstancias tan apuradas, y sólo eso es lo que impulsó a la banda a echarse ahora en brazos de un gobierno receptivo.
Los resultados de la política de Zapatero, en cambio, hasta el momento son los siguientes: ETA sigue sin renunciar a las armas, sigue practicando la extorsión a empresarios, sus presos siguen sin arrepentirse, Batasuna sigue sin condenar la violencia, la kale borroka ha resucitado y después de muchos años hemos vuelto a conocer un grave atentado. Pese a todo ello, ETA ha recuperado un protagonismo en la vida pública vasca y española que ha llegado a eclipsar el del PNV de Ibarretxe, hace un par de años omnipresente en las portadas; la política penitenciaria, la legalización de Batasuna, el futuro de Navarra, la autodeterminación se hallan sobre la mesa del debate público por voluntad de los voceros de ETA, que hablan alto y claro sin que desde el gobierno se alcen voces que les contradigan con la contundencia necesaria; la ciudadanía tiene, como nunca tuvo en toda la existencia de la banda criminal, la intensa sensación de que es ella la que lleva las riendas y de que el gobierno es el que tiende una y otra vez la mano sin que hasta ahora se haya obtenido fruto alguno y sí, en cambio, un retorno a la violencia; y la distorsión del lenguaje nos remite permanentemente a un erial ético que permite disfrazar de “accidentes” los atentados, o que sigamos escuchando eso de “un año de tregua”, obviando los asesinatos de Barajas, y que, mientras, desde el gobierno se elogien unos etéreos signos de cambio o evolución que aparentemente sólo el lince de Zapatero sabe percibir.
Pero la excarcelación de De Juana Chaos ha sido la gota que colma el vaso de la indignación de muchos. Nunca un gobierno democrático, ni en las situaciones más apuradas (el secuestro del más de 500 días de Ortega Lara, el asesinato de Miguel Ángel Blanco), cedió ante el chantaje de los terroristas. Felipe González, bajo cuya presidencia se organizó el GAL y que hoy dice apoyar la decisión de Zapatero, dejó morir a un preso del GRAPO en huelga de hambre (porque éste sí la hacía de verdad). Que Zapatero acuda hoy a razones humanitarias para justificar lo injustificable sólo puede indignar más a las víctimas de ETA.
La confrontación sistemática de un gobierno acorralado por sus propias torpezas (un equipo bisoño que ganó sucesivamente unas tristes primarias socialistas por descarte y unas elecciones generales de pura carambola) y una oposición ahogada en su propia radicalización (cegada por la rabia de haber perdido hace ya tres años unas elecciones que se creía con derecho a ganar) redunda en un grave perjuicio para la credibilidad de las instituciones. El espectáculo de ayer en el Senado, más digno de un parlamento bananero que de una institución con muchos siglos de tradición y de responsabilidad como son las Cortes, subraya la certeza de que PSOE y PP toman todo este asunto como pura lucha de poder y han olvidado la conveniencia pública. Se trata de una crisis política en toda regla, en que gobierno y oposición se muestran incapaces de asumir la razón de estado y se enfangan en afrentas mezquinas. Y los criminales y sus cómplices, mientras, ríen a mandíbula batiente y se permiten dar instrucciones a las instituciones democráticas españolas, como ayer hizo Joseba Permach. Nunca estuvieron tan cómodos en los últimos años.
La responsabilidad de esta situación absurda, que deja a nuestros socios europeos boquiabiertos, es de todos, pero la lógica nos dice que sobre todo de quien asumió esa responsabilidad hace tres años por decisión de los electores. Zapatero y varios miembros de su equipo causan una penosa impresión de impericia, de indiscreción, de falta de criterios prácticos y morales, de improvisación. Parecen haber olvidado por completo que los asesinos están al otro lado; que el PP, con todo y sus errores, es un partido tan democrático como el PSOE, con unas ideas que no dejan de ser legítimas por no coincidir con las del presidente del gobierno y su aprendiz de goebbels, con nada menos que diez millones de votantes y, sobre todo, que en la defensa de sus criterios no utiliza las bombas, sino los argumentos, sean éstos más o menos afortunados. Arnaldo Otegi, ese hombre para quien el gobierno tiene palabras mucho más amables que para Mariano Rajoy, habla en nombre de unos pistoleros que no han mostrado intención alguna de dejar las armas, ¿o es que ya se nos ha olvidado? Que el gobierno insista en colocar al PP en la balanza como contrapeso de Batasuna y en asociarlo con la extrema derecha es de auténtica risa: nuestros amigos europeos saben qué es la ultraderecha y cómo se las gasta. En este punto es necesario y urgente retomar un discurso a la vez civilizado y firme. Un discurso que llame asesinos a los asesinos y que como a tales aspire a aplicarles la ley. Un discurso inequívoco contra los chantajistas. Se negocia con los iguales; a las fieras se las acorrala, se las caza y se las encierra. Sólo cabe tener compasión con la fiera que demuestra haber abandonado su fiereza; el que la quiera desenjaular antes se arriesga a sufrir sus zarpazos.
En éstas y no en otras nos tiene hoy el presidente Zapatero. La manifestación convocada por el PP para el próximo sábado será una magnífica oportunidad para que los ciudadanos se lo digan claramente al gobierno, siempre que a continuación el PP sepa administrar ese capital de apoyo popular sin revanchismos: con la moderación y la sensatez que todos deseamos. Si no, será otra oportunidad perdida. Periodista Digital.
Para enturbiar el ambiente y distraer a los ciudadanos indignados, Zapatero y su jefe de propaganda, Pepe Blanco, insisten en convencernos de que lo que ellos hacen en materia de presos y de negociaciones es exactamente lo mismo que hicieron los gobiernos de Aznar. Pero, una vez más, o mienten o se equivocan: el primer gabinete Aznar nunca tuvo el apoyo del PSOE para endurecer las leyes que combaten el terrorismo, y recurrió –con el acierto que queramos otorgarle– al apoyo del PNV para sacar adelante su política. El segundo gobierno Aznar contó con mayoría absoluta en las Cortes, y entonces las leyes antiterroristas se endurecieron. Si representantes de Aznar negociaron o no con ETA es algo que nunca tuvo la trascendencia pública que el mal llamado proceso de paz de Zapatero tiene. De una u otra forma, las acciones legislativas y policiales del gobierno Aznar y las herramientas que dio a los jueces fueron suficientes como para arrinconar a ETA y asfixiar económicamente su estructura visible, es decir, Batasuna. Jamás en la historia de España se había visto ETA en circunstancias tan apuradas, y sólo eso es lo que impulsó a la banda a echarse ahora en brazos de un gobierno receptivo.
Los resultados de la política de Zapatero, en cambio, hasta el momento son los siguientes: ETA sigue sin renunciar a las armas, sigue practicando la extorsión a empresarios, sus presos siguen sin arrepentirse, Batasuna sigue sin condenar la violencia, la kale borroka ha resucitado y después de muchos años hemos vuelto a conocer un grave atentado. Pese a todo ello, ETA ha recuperado un protagonismo en la vida pública vasca y española que ha llegado a eclipsar el del PNV de Ibarretxe, hace un par de años omnipresente en las portadas; la política penitenciaria, la legalización de Batasuna, el futuro de Navarra, la autodeterminación se hallan sobre la mesa del debate público por voluntad de los voceros de ETA, que hablan alto y claro sin que desde el gobierno se alcen voces que les contradigan con la contundencia necesaria; la ciudadanía tiene, como nunca tuvo en toda la existencia de la banda criminal, la intensa sensación de que es ella la que lleva las riendas y de que el gobierno es el que tiende una y otra vez la mano sin que hasta ahora se haya obtenido fruto alguno y sí, en cambio, un retorno a la violencia; y la distorsión del lenguaje nos remite permanentemente a un erial ético que permite disfrazar de “accidentes” los atentados, o que sigamos escuchando eso de “un año de tregua”, obviando los asesinatos de Barajas, y que, mientras, desde el gobierno se elogien unos etéreos signos de cambio o evolución que aparentemente sólo el lince de Zapatero sabe percibir.
Pero la excarcelación de De Juana Chaos ha sido la gota que colma el vaso de la indignación de muchos. Nunca un gobierno democrático, ni en las situaciones más apuradas (el secuestro del más de 500 días de Ortega Lara, el asesinato de Miguel Ángel Blanco), cedió ante el chantaje de los terroristas. Felipe González, bajo cuya presidencia se organizó el GAL y que hoy dice apoyar la decisión de Zapatero, dejó morir a un preso del GRAPO en huelga de hambre (porque éste sí la hacía de verdad). Que Zapatero acuda hoy a razones humanitarias para justificar lo injustificable sólo puede indignar más a las víctimas de ETA.
La confrontación sistemática de un gobierno acorralado por sus propias torpezas (un equipo bisoño que ganó sucesivamente unas tristes primarias socialistas por descarte y unas elecciones generales de pura carambola) y una oposición ahogada en su propia radicalización (cegada por la rabia de haber perdido hace ya tres años unas elecciones que se creía con derecho a ganar) redunda en un grave perjuicio para la credibilidad de las instituciones. El espectáculo de ayer en el Senado, más digno de un parlamento bananero que de una institución con muchos siglos de tradición y de responsabilidad como son las Cortes, subraya la certeza de que PSOE y PP toman todo este asunto como pura lucha de poder y han olvidado la conveniencia pública. Se trata de una crisis política en toda regla, en que gobierno y oposición se muestran incapaces de asumir la razón de estado y se enfangan en afrentas mezquinas. Y los criminales y sus cómplices, mientras, ríen a mandíbula batiente y se permiten dar instrucciones a las instituciones democráticas españolas, como ayer hizo Joseba Permach. Nunca estuvieron tan cómodos en los últimos años.
La responsabilidad de esta situación absurda, que deja a nuestros socios europeos boquiabiertos, es de todos, pero la lógica nos dice que sobre todo de quien asumió esa responsabilidad hace tres años por decisión de los electores. Zapatero y varios miembros de su equipo causan una penosa impresión de impericia, de indiscreción, de falta de criterios prácticos y morales, de improvisación. Parecen haber olvidado por completo que los asesinos están al otro lado; que el PP, con todo y sus errores, es un partido tan democrático como el PSOE, con unas ideas que no dejan de ser legítimas por no coincidir con las del presidente del gobierno y su aprendiz de goebbels, con nada menos que diez millones de votantes y, sobre todo, que en la defensa de sus criterios no utiliza las bombas, sino los argumentos, sean éstos más o menos afortunados. Arnaldo Otegi, ese hombre para quien el gobierno tiene palabras mucho más amables que para Mariano Rajoy, habla en nombre de unos pistoleros que no han mostrado intención alguna de dejar las armas, ¿o es que ya se nos ha olvidado? Que el gobierno insista en colocar al PP en la balanza como contrapeso de Batasuna y en asociarlo con la extrema derecha es de auténtica risa: nuestros amigos europeos saben qué es la ultraderecha y cómo se las gasta. En este punto es necesario y urgente retomar un discurso a la vez civilizado y firme. Un discurso que llame asesinos a los asesinos y que como a tales aspire a aplicarles la ley. Un discurso inequívoco contra los chantajistas. Se negocia con los iguales; a las fieras se las acorrala, se las caza y se las encierra. Sólo cabe tener compasión con la fiera que demuestra haber abandonado su fiereza; el que la quiera desenjaular antes se arriesga a sufrir sus zarpazos.
En éstas y no en otras nos tiene hoy el presidente Zapatero. La manifestación convocada por el PP para el próximo sábado será una magnífica oportunidad para que los ciudadanos se lo digan claramente al gobierno, siempre que a continuación el PP sepa administrar ese capital de apoyo popular sin revanchismos: con la moderación y la sensatez que todos deseamos. Si no, será otra oportunidad perdida. Periodista Digital.
21 febrero 2007
Otra cumbre internacional para Zapatero
Ayer se han reunido en Ibiza José Luis Rodríguez Zapatero y Romano Prodi con nutrido séquito de ministros. La denominada XIV Cumbre Hispanoitaliana ha tratado temas tan importantes como el Mediterráneo, las energías renovables ante el cambio climático, las “autopistas del mar”, los programas de investigación y desarrollo, el intercambio de información sobre mercados laborales y la dieta mediterránea. A algunos ha sorprendido la escasa atención que los medios han prestado a esta reunión.
Los dos próceres se han comprometido a “impulsar el desarrollo económico en la orilla sur del Mediterráneo”: un compromiso con muchas décadas de tradición y frutos objetivos más que evidentes. Han ratificado su compromiso con la estabilización del Líbano, que no depende de ellos, y han anunciado la creación (no nos dicen cuándo ni cómo) de una “Agencia Mediterránea para el Desarrollo Empresarial”.
En el apartado europeo, Zapatero ha vuelto a hacer gala de su particular gusto por los paralelismos y otros juegos verbales cuando ha proclamado a España e Italia dos países “hermanos en el Mediterráneo y socios en Europa”; bien está. Codo a codo con Prodi, ha asegurado “apoyar” a la presidencia alemana para pasar “de una etapa de estancamiento a un tiempo de iniciativa” y han apostado por encontrar una solución para el Tratado Constitucional que permita incorporar a los países que no lo han ratificado y que, al tiempo, mantenga su "esencia" para lograr una Europa "más unida y más eficaz", con nuevas reglas de funcionamiento. Toma, y yo. Ahora bien: ¿hay algo más concreto que el “apoyo” o la “apuesta por encontrar una solución”? Aparentemente, no. Prodi aportó su grano de arena al discurso, mostrándose “preocupado” por el futuro de Kosovo. Clarividente, Prodi.
En materia de cooperación bilateral, los dos presidentes “hablaron” de la fallida fusión de Abertis y Autostrade, y Prodi declaró su confianza en que, tras la modificación de la legislación italiana, “todo puede salir adelante” (así se habla, con confianza), aunque, claro, la decisión dependa exclusivamente de las empresas. Pero por hablarlo que no quede. También hubo acuerdos en favor de la cooperación tecnológica e industrial, “la dieta mediterránea”, la protección agrícola y el intercambio de información en materia laboral y de inmigración (algo que dábamos por hecho, pero al parecer nos equivocábamos) y se “analizó” el proyecto de las “autopistas del mar”, una alternativa ciertamente interesante al transporte terrestre.
Ahora veamos por qué me parece a mí que estas reuniones no generan interés; aunque no descarto que se me escapen algunos misterios de la cooperación bilateral.
1. Los presidentes de los gobiernos de dos estados sin apenas influencia política internacional se reúnen para resolver nada menos que el Mediterráneo, el Líbano, la Constitución de Europa y, ya que estamos, la dieta mediterránea.
2. Entre los dos países que acuden a la cumbre no hay conflicto importante alguno. A algún malpensado podría parecerle más interesante que Zapatero se reuniese, no sé, con George Bush, por ejemplo, para desbloquear la absurda relación que hoy mantienen España y Estados Unidos; o con representantes de Mauritania y Senegal para coordinar con una política realista y a largo plazo (y no con parches y talonario) los esfuerzos contra el acuciante problema del tráfico de inmigrantes. Pero no: nos reunimos con Italia, no vaya a ser que haya que discutir de algo un poco complicado y luego, en la foto, salgan las sonrisas forzadas.
3. A la reunión acuden, entre otros, personajes como Miguel Ángel Moratinos y Jesús Caldera, con lo cual descartamos inmediatamente cualquier intención de entablar un debate serio. Sólo faltaba Elena Salgado.
4. Como conclusión, se lanza una serie de manifestaciones de buena intención que poco tienen que ver con la realidad de los objetos “analizados”, ya que éstos dependen de las empresas, o del mercado, o de la Unión Europea (que nunca se ha caracterizado por seguir a pies juntilla las indicaciones de las cumbres hispanoitalianas), o de Israel y Hezbolá (que creo que tampoco).
5. Algunas de esas buenas intenciones se expresan mediante anuncios indefinidos: se va a crear este o aquel organismo bilateral con un nombre muy rimbombante para ocuparse de un asunto que, en el caso de que el organismo llegase a materializarse, no dependería de los estados, sino del mercado, ni desde luego de España e Italia, sino de muchos otros agentes internacionales. Así sucede con eso tan chulo de la “Agencia Mediterránea para el Desarrollo Empresarial”, que tanto nos recuerda aquel otro invento del “Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones”: una de esas entelequias con que Zapatero tiende tanto a solazarse en su presunta imagen de líder internacional, un proyecto en que enterrar eficazmente los dineros públicos, colocar a algunos funcionarios, por si hubiera pocos, o tal vez a algunos simpatizantes, en el peor caso, y de sustancia poco más. Dadas las dificultades estructurales e ideológicas para un entendimiento norte-sur, hoy aún más difícil que antaño, todas estas iniciativas, aun si somos condescendientes, se nos antojan cándidas.
6. Cuando entran a debatir un proyecto no solamente deseable, sino realmente factible, como es el de las “autopistas del mar”, nos dejan apenas el aroma de haber “analizado un proyecto”. ¿A qué nivel, con qué profundidad, qué proyecto es ése?
7. Todo ello transcurre en el escaso tiempo que separa los desayunos de un almuerzo de despedida con Jaume Matas; es decir, que si descontamos los saludos protocolarios, los no protocolarios, la revista al Regimiento Inmemorial del Rey, la recepción del presidente del Consejo de Ibiza (a quien Zapatero saludó como “alcalde”), la del alcalde de la capital insular (no nos consta con qué tratamiento se dirigió a él el Presidente), el inevitable comentario del Madrid-Bayern de anoche, las sesiones de fotos, el café y el aperitivo, díganme ustedes cuántas horas dedicaron estas personas (dos presidentes de gobierno, seis ministros españoles y siete italianos, por no hablar de secretarios, traductores, intérpretes, taquígrafos, bedeles, guardaespaldas, pilotos de aeronaves oficiales, policía local y nacional, etc.) a solucionar el mundo. Yo se lo diré: “algo más de una hora” reunidos en el Ayuntamiento de Ibiza. La capacidad de concentración de estos prohombres es inaudita.
A la vista de las circunstancias objetivas y de las conclusiones publicadas, uno puede imaginar la calidad de las conversaciones y, así, explicarse el escaso interés que estas cumbres bilaterales generan. Los asuntos que son objeto de auténtico debate dependen de los técnicos, son terriblemente densos y no se solucionan porque se reúnan “algo más de una hora” unos políticos absolutamente profanos en los temas que se van a tratar. Nadie espera ninguna solución de estas reuniones, por lo cual la primera pregunta que a cualquier cristiano le acomete es la siguiente: ¿por qué se celebran? El notable dispendio que suponen se justificaría si se utilizasen las cumbres para ratificar proyectos avalados por un trabajo previo, profesional y contrastado por parte de los técnicos ministeriales: los líderes firman una labor ya hecha y presentan con el máximo nivel de representación los resultados de una gestión común eficaz. Por el contrario, y salvo que alguien me demuestre lo contrario –y sinceramente me daría una alegría– estos espectáculos se plantean para, de forma ficticia, sentar las bases de unas tareas futuras que nadie tiene ni idea de cómo se desarrollarán, ni de si se desarrollarán; son foros donde hacerse fotos y proclamar bellas ideas generales e intenciones magníficas que nada solucionan, cuando no perogrulladas manifiestas como declarar “preocupación” por el futuro de Kosovo, o insultos a la inteligencia como dedicar una reunión al máximo nivel entre naciones vecinas para tratar de forma genérica nada menos que la dieta mediterránea.
Sólo motivos de imagen explican (ya que no justifican) la XIV Cumbre Hispanoitaliana. Pero ni siquiera este objetivo han logrado las gestiones gubernamentales: relegada a las páginas interiores de los periódicos, la noticia se disuelve en un océano de informaciones de mucha más sustancia. Si no nos pueden ofrecer nada mejor, por favor, que no nos tomen el pelo: que no se reúnan más, que no nos hagan perder nuestro tiempo ni el dinero de nuestros impuestos. Que, por cierto, en el caso del sueldo de nuestro presidente, parece un despilfarro clamoroso. Periodista Digital.
Los dos próceres se han comprometido a “impulsar el desarrollo económico en la orilla sur del Mediterráneo”: un compromiso con muchas décadas de tradición y frutos objetivos más que evidentes. Han ratificado su compromiso con la estabilización del Líbano, que no depende de ellos, y han anunciado la creación (no nos dicen cuándo ni cómo) de una “Agencia Mediterránea para el Desarrollo Empresarial”.
En el apartado europeo, Zapatero ha vuelto a hacer gala de su particular gusto por los paralelismos y otros juegos verbales cuando ha proclamado a España e Italia dos países “hermanos en el Mediterráneo y socios en Europa”; bien está. Codo a codo con Prodi, ha asegurado “apoyar” a la presidencia alemana para pasar “de una etapa de estancamiento a un tiempo de iniciativa” y han apostado por encontrar una solución para el Tratado Constitucional que permita incorporar a los países que no lo han ratificado y que, al tiempo, mantenga su "esencia" para lograr una Europa "más unida y más eficaz", con nuevas reglas de funcionamiento. Toma, y yo. Ahora bien: ¿hay algo más concreto que el “apoyo” o la “apuesta por encontrar una solución”? Aparentemente, no. Prodi aportó su grano de arena al discurso, mostrándose “preocupado” por el futuro de Kosovo. Clarividente, Prodi.
En materia de cooperación bilateral, los dos presidentes “hablaron” de la fallida fusión de Abertis y Autostrade, y Prodi declaró su confianza en que, tras la modificación de la legislación italiana, “todo puede salir adelante” (así se habla, con confianza), aunque, claro, la decisión dependa exclusivamente de las empresas. Pero por hablarlo que no quede. También hubo acuerdos en favor de la cooperación tecnológica e industrial, “la dieta mediterránea”, la protección agrícola y el intercambio de información en materia laboral y de inmigración (algo que dábamos por hecho, pero al parecer nos equivocábamos) y se “analizó” el proyecto de las “autopistas del mar”, una alternativa ciertamente interesante al transporte terrestre.
Ahora veamos por qué me parece a mí que estas reuniones no generan interés; aunque no descarto que se me escapen algunos misterios de la cooperación bilateral.
1. Los presidentes de los gobiernos de dos estados sin apenas influencia política internacional se reúnen para resolver nada menos que el Mediterráneo, el Líbano, la Constitución de Europa y, ya que estamos, la dieta mediterránea.
2. Entre los dos países que acuden a la cumbre no hay conflicto importante alguno. A algún malpensado podría parecerle más interesante que Zapatero se reuniese, no sé, con George Bush, por ejemplo, para desbloquear la absurda relación que hoy mantienen España y Estados Unidos; o con representantes de Mauritania y Senegal para coordinar con una política realista y a largo plazo (y no con parches y talonario) los esfuerzos contra el acuciante problema del tráfico de inmigrantes. Pero no: nos reunimos con Italia, no vaya a ser que haya que discutir de algo un poco complicado y luego, en la foto, salgan las sonrisas forzadas.
3. A la reunión acuden, entre otros, personajes como Miguel Ángel Moratinos y Jesús Caldera, con lo cual descartamos inmediatamente cualquier intención de entablar un debate serio. Sólo faltaba Elena Salgado.
4. Como conclusión, se lanza una serie de manifestaciones de buena intención que poco tienen que ver con la realidad de los objetos “analizados”, ya que éstos dependen de las empresas, o del mercado, o de la Unión Europea (que nunca se ha caracterizado por seguir a pies juntilla las indicaciones de las cumbres hispanoitalianas), o de Israel y Hezbolá (que creo que tampoco).
5. Algunas de esas buenas intenciones se expresan mediante anuncios indefinidos: se va a crear este o aquel organismo bilateral con un nombre muy rimbombante para ocuparse de un asunto que, en el caso de que el organismo llegase a materializarse, no dependería de los estados, sino del mercado, ni desde luego de España e Italia, sino de muchos otros agentes internacionales. Así sucede con eso tan chulo de la “Agencia Mediterránea para el Desarrollo Empresarial”, que tanto nos recuerda aquel otro invento del “Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones”: una de esas entelequias con que Zapatero tiende tanto a solazarse en su presunta imagen de líder internacional, un proyecto en que enterrar eficazmente los dineros públicos, colocar a algunos funcionarios, por si hubiera pocos, o tal vez a algunos simpatizantes, en el peor caso, y de sustancia poco más. Dadas las dificultades estructurales e ideológicas para un entendimiento norte-sur, hoy aún más difícil que antaño, todas estas iniciativas, aun si somos condescendientes, se nos antojan cándidas.
6. Cuando entran a debatir un proyecto no solamente deseable, sino realmente factible, como es el de las “autopistas del mar”, nos dejan apenas el aroma de haber “analizado un proyecto”. ¿A qué nivel, con qué profundidad, qué proyecto es ése?
7. Todo ello transcurre en el escaso tiempo que separa los desayunos de un almuerzo de despedida con Jaume Matas; es decir, que si descontamos los saludos protocolarios, los no protocolarios, la revista al Regimiento Inmemorial del Rey, la recepción del presidente del Consejo de Ibiza (a quien Zapatero saludó como “alcalde”), la del alcalde de la capital insular (no nos consta con qué tratamiento se dirigió a él el Presidente), el inevitable comentario del Madrid-Bayern de anoche, las sesiones de fotos, el café y el aperitivo, díganme ustedes cuántas horas dedicaron estas personas (dos presidentes de gobierno, seis ministros españoles y siete italianos, por no hablar de secretarios, traductores, intérpretes, taquígrafos, bedeles, guardaespaldas, pilotos de aeronaves oficiales, policía local y nacional, etc.) a solucionar el mundo. Yo se lo diré: “algo más de una hora” reunidos en el Ayuntamiento de Ibiza. La capacidad de concentración de estos prohombres es inaudita.
A la vista de las circunstancias objetivas y de las conclusiones publicadas, uno puede imaginar la calidad de las conversaciones y, así, explicarse el escaso interés que estas cumbres bilaterales generan. Los asuntos que son objeto de auténtico debate dependen de los técnicos, son terriblemente densos y no se solucionan porque se reúnan “algo más de una hora” unos políticos absolutamente profanos en los temas que se van a tratar. Nadie espera ninguna solución de estas reuniones, por lo cual la primera pregunta que a cualquier cristiano le acomete es la siguiente: ¿por qué se celebran? El notable dispendio que suponen se justificaría si se utilizasen las cumbres para ratificar proyectos avalados por un trabajo previo, profesional y contrastado por parte de los técnicos ministeriales: los líderes firman una labor ya hecha y presentan con el máximo nivel de representación los resultados de una gestión común eficaz. Por el contrario, y salvo que alguien me demuestre lo contrario –y sinceramente me daría una alegría– estos espectáculos se plantean para, de forma ficticia, sentar las bases de unas tareas futuras que nadie tiene ni idea de cómo se desarrollarán, ni de si se desarrollarán; son foros donde hacerse fotos y proclamar bellas ideas generales e intenciones magníficas que nada solucionan, cuando no perogrulladas manifiestas como declarar “preocupación” por el futuro de Kosovo, o insultos a la inteligencia como dedicar una reunión al máximo nivel entre naciones vecinas para tratar de forma genérica nada menos que la dieta mediterránea.
Sólo motivos de imagen explican (ya que no justifican) la XIV Cumbre Hispanoitaliana. Pero ni siquiera este objetivo han logrado las gestiones gubernamentales: relegada a las páginas interiores de los periódicos, la noticia se disuelve en un océano de informaciones de mucha más sustancia. Si no nos pueden ofrecer nada mejor, por favor, que no nos tomen el pelo: que no se reúnan más, que no nos hagan perder nuestro tiempo ni el dinero de nuestros impuestos. Que, por cierto, en el caso del sueldo de nuestro presidente, parece un despilfarro clamoroso. Periodista Digital.
19 febrero 2007
El referéndum andaluz, las autonomías y el futuro de España
El referéndum andaluz ha demostrado algo parecido a lo que demostró el catalán en su día: los políticos no han conseguido movilizar más de un tercio de su electorado en favor de una reforma estatutaria que al parecer a pocos interesaba salvo a ellos. De nuevo nos brindan la muestra de un divorcio entre la clase política y la sociedad que no puede traer nada bueno a España. Muchas de las interpretaciones de tan abrumadora abstención (el 63,74 por ciento) son chuscas.
La opinión oficial del PSOE andaluz es que los votantes se han abstenido “por exceso de confianza”. Es decir: como todos estaban de acuerdo y pensaron que el sí ganaría de todos modos, se quedaron celebrando el Carnaval. No es desinterés, no; es confianza. Todos se felicitan por un nuevo triunfo de la democracia y a Manuel Chaves, promotor de la reforma, ni se le pasará por la cabeza dimitir tras semejante ridículo. ¿Es que a nadie se le va a ocurrir hacer algo de autocrítica en este PSOE que gobierna un Rodríguez Zapatero sin sentido de estado, ni de la responsabilidad, ni brújula que le dé un norte?
Pero es que esta mañana en Punto Radio, en el programa de Julia Otero, he oído a Pilar Rahola (¿cómo no oír sus gritos?) asegurar que no hay que preocuparse de la baja participación en el referéndum. Según esta antigua diputada de ERC, lo normal es que cuando hay bienestar la gente no vote: los ciudadanos se movilizan más en momentos de crisis. O sea que toda la vida escuchando a los políticos celebrar “la alta participación ciudadana”, “el triunfo de la democracia” y “la madurez del pueblo español” tras las consultas populares y ahora resulta que, según esta antigua colaboradora de Crónicas Marcianas, la abstención es índice de buena salud democrática… Se me ocurren dos preguntas. Una: ¿no será más bien que la gente sólo vota cuando le interesa lo que le proponen, sea salvar una crisis o adoptar una medida de futuro que percibe como realmente justa o provechosa? Dos: ¿en calidad de qué habrá contratado Julia Otero a la inefable señora Rahola?
El PP andaluz, por su parte, tiene la poca vergüenza de venir ahora a ponerse medallas: no, si ya decíamos nosotros que esto no era una prioridad para los andaluces... ¿Y por qué, entonces, apoyaron el sí? ¿Por qué se avinieron a proclamar esa estupidez de la “realidad nacional” de Andalucía, en contra del sentir de prácticamente todos los andaluces, o a esa majadería de la “deuda histórica” del Estado? ¿Por qué aconsejaron a sus votantes algo en lo que no creían o, al menos, dijeron no creer cuando se trataba del Estatuto catalán, del que el andaluz ha tomado prestada una parte no pequeña de su articulado?
Reacciones más ecuánimes las hay también, pero me llama la atención la de Antonio Pérez Henares en su columna de hoy en Periodista Digital, que titula “Contra el Estado de las Autonomías”. Para él, éstas son el cáncer de la democracia española; el pozo sin fondo que se lleva todos sus recursos; el parche que se usó en 1978 para aplacar los separatismos, sin que este objetivo se haya alcanzado en treinta años de aplicación, sino todo lo contrario; la causa de una enorme ineficacia en la gestión de los problemas comunes; y el gran pesebre para una clase política que en pocas cosas se pone de acuerdo salvo, eso sí, en reformar los estatutos y –añado yo– en subirse desmesuradamente los sueldos. Para Pérez Henares, el pueblo es soberano y debería aspirar a cambiar este lamentable estado de cosas.
Es saludable leer de vez en cuando discursos como éste, que ningún político pronuncia en voz alta pero con los que comulga una buena parte de la ciudadanía, sin que por ello se la pueda acusar de reaccionaria. En la Alemania de Merkel el estado está recuperando competencias que antes residían en los länder (estados federados: algo no homólogo pero sí similar a nuestras comunidades autónomas). Y no olvidemos que las repúblicas francesa y portuguesa, por poner ejemplos cercanos, son estados centralizados, y no por ello más injustos ni menos prósperos que España.
No obstante, no estoy de acuerdo completamente con el argumento de Pérez Henares. La autonomía en España ha equilibrado mucho las inversiones públicas desde el punto de vista territorial, ha sido tremendamente beneficiosa para regiones que estaban abandonadas por el centralismo, como Extremadura o Canarias, en sectores como la sanidad o las carreteras, y cualquier usuario o testigo imparcial lo podrá atestiguar. Pero no estoy seguro de que ello compense los efectos negativos: la descoordinación en la gestión de problemas comunes hasta extremos tragicómicos (el reparto del agua, el combate de los incendios veraniegos), el gasto público desmedido, la desvertebración territorial y el innegable aliento a los nacionalismos regionales, que contemplan con enorme satisfacción cómo el modelo de estado se sitúa permanentemente al frente del debate político, como uno más de los asuntos con los que es posible presionar a un contrincante débil o escaso de principios, como es hoy el caso.
Creo que las autonomías no son malas per se; sí es malo, terrible, que nunca acaben de estar cerradas, que estén sometidas a perpetuo cambalache, que afecten a terrenos necesarios para la cohesión nacional y que un sistema electoral perverso las haya convertido en feudos sin control. Un federalismo moderno y bien entendido (solidario, con un reparto equilibrado y razonable de competencias, definitivo, no sujeto a contingencias electorales ni a la necesidad de formar mayorías parlamentarias, respetuoso tanto de la identidad de los entes federados como de la unidad nacional) podría constituir una solución práctica y, también, salvando evidentes anacronismos, conforme con cierta manera de entender la historia de España. Ni el centralismo ni el actual estado de las autonomías han demostrado serlo. Si ha de haber reformas, han de ir en este sentido; lo demás –lo de ayer– es demagogia en estado puro, y cada vez más evidente a todos. Periodista Digital.
La opinión oficial del PSOE andaluz es que los votantes se han abstenido “por exceso de confianza”. Es decir: como todos estaban de acuerdo y pensaron que el sí ganaría de todos modos, se quedaron celebrando el Carnaval. No es desinterés, no; es confianza. Todos se felicitan por un nuevo triunfo de la democracia y a Manuel Chaves, promotor de la reforma, ni se le pasará por la cabeza dimitir tras semejante ridículo. ¿Es que a nadie se le va a ocurrir hacer algo de autocrítica en este PSOE que gobierna un Rodríguez Zapatero sin sentido de estado, ni de la responsabilidad, ni brújula que le dé un norte?
Pero es que esta mañana en Punto Radio, en el programa de Julia Otero, he oído a Pilar Rahola (¿cómo no oír sus gritos?) asegurar que no hay que preocuparse de la baja participación en el referéndum. Según esta antigua diputada de ERC, lo normal es que cuando hay bienestar la gente no vote: los ciudadanos se movilizan más en momentos de crisis. O sea que toda la vida escuchando a los políticos celebrar “la alta participación ciudadana”, “el triunfo de la democracia” y “la madurez del pueblo español” tras las consultas populares y ahora resulta que, según esta antigua colaboradora de Crónicas Marcianas, la abstención es índice de buena salud democrática… Se me ocurren dos preguntas. Una: ¿no será más bien que la gente sólo vota cuando le interesa lo que le proponen, sea salvar una crisis o adoptar una medida de futuro que percibe como realmente justa o provechosa? Dos: ¿en calidad de qué habrá contratado Julia Otero a la inefable señora Rahola?
El PP andaluz, por su parte, tiene la poca vergüenza de venir ahora a ponerse medallas: no, si ya decíamos nosotros que esto no era una prioridad para los andaluces... ¿Y por qué, entonces, apoyaron el sí? ¿Por qué se avinieron a proclamar esa estupidez de la “realidad nacional” de Andalucía, en contra del sentir de prácticamente todos los andaluces, o a esa majadería de la “deuda histórica” del Estado? ¿Por qué aconsejaron a sus votantes algo en lo que no creían o, al menos, dijeron no creer cuando se trataba del Estatuto catalán, del que el andaluz ha tomado prestada una parte no pequeña de su articulado?
Reacciones más ecuánimes las hay también, pero me llama la atención la de Antonio Pérez Henares en su columna de hoy en Periodista Digital, que titula “Contra el Estado de las Autonomías”. Para él, éstas son el cáncer de la democracia española; el pozo sin fondo que se lleva todos sus recursos; el parche que se usó en 1978 para aplacar los separatismos, sin que este objetivo se haya alcanzado en treinta años de aplicación, sino todo lo contrario; la causa de una enorme ineficacia en la gestión de los problemas comunes; y el gran pesebre para una clase política que en pocas cosas se pone de acuerdo salvo, eso sí, en reformar los estatutos y –añado yo– en subirse desmesuradamente los sueldos. Para Pérez Henares, el pueblo es soberano y debería aspirar a cambiar este lamentable estado de cosas.
Es saludable leer de vez en cuando discursos como éste, que ningún político pronuncia en voz alta pero con los que comulga una buena parte de la ciudadanía, sin que por ello se la pueda acusar de reaccionaria. En la Alemania de Merkel el estado está recuperando competencias que antes residían en los länder (estados federados: algo no homólogo pero sí similar a nuestras comunidades autónomas). Y no olvidemos que las repúblicas francesa y portuguesa, por poner ejemplos cercanos, son estados centralizados, y no por ello más injustos ni menos prósperos que España.
No obstante, no estoy de acuerdo completamente con el argumento de Pérez Henares. La autonomía en España ha equilibrado mucho las inversiones públicas desde el punto de vista territorial, ha sido tremendamente beneficiosa para regiones que estaban abandonadas por el centralismo, como Extremadura o Canarias, en sectores como la sanidad o las carreteras, y cualquier usuario o testigo imparcial lo podrá atestiguar. Pero no estoy seguro de que ello compense los efectos negativos: la descoordinación en la gestión de problemas comunes hasta extremos tragicómicos (el reparto del agua, el combate de los incendios veraniegos), el gasto público desmedido, la desvertebración territorial y el innegable aliento a los nacionalismos regionales, que contemplan con enorme satisfacción cómo el modelo de estado se sitúa permanentemente al frente del debate político, como uno más de los asuntos con los que es posible presionar a un contrincante débil o escaso de principios, como es hoy el caso.
Creo que las autonomías no son malas per se; sí es malo, terrible, que nunca acaben de estar cerradas, que estén sometidas a perpetuo cambalache, que afecten a terrenos necesarios para la cohesión nacional y que un sistema electoral perverso las haya convertido en feudos sin control. Un federalismo moderno y bien entendido (solidario, con un reparto equilibrado y razonable de competencias, definitivo, no sujeto a contingencias electorales ni a la necesidad de formar mayorías parlamentarias, respetuoso tanto de la identidad de los entes federados como de la unidad nacional) podría constituir una solución práctica y, también, salvando evidentes anacronismos, conforme con cierta manera de entender la historia de España. Ni el centralismo ni el actual estado de las autonomías han demostrado serlo. Si ha de haber reformas, han de ir en este sentido; lo demás –lo de ayer– es demagogia en estado puro, y cada vez más evidente a todos. Periodista Digital.
05 febrero 2007
De Juana y el delito de opinión
El caso del terrorista Iñaki de Juana Chaos es naturalmente polémico. Acabo de recibir el comentario de una querida amiga que se lamenta de que, tras haber cumplido la condena que se le había impuesto, De Juana esté ahora encarcelado por un “delito de opinión”. Es evidente que mi amiga y yo estamos de acuerdo en que nadie debe ser encarcelado por delitos de opinión. La diferencia entre mi amiga y yo es que, mientras ella cae en la trampa del lenguaje nacionalista y se cree que estamos ante un caso de esa naturaleza, yo estoy convencido de que en España, afortunadamente, no hay delitos de opinión.
De Juana, como todos los ciudadanos españoles, está sometido al imperio de la ley y a la acción de la justicia, y órganos responsables de la administración de justicia han determinado que es culpable de un delito relacionado con el terrorismo. Todo ciudadano en España está sujeto, si comete un delito, a ser acusado, perseguido y privado de libertad si el juez competente así lo estima necesario. Un juez, no la perversa policía española, ni ese gobierno del PP lleno de malos malísimos. Esto es así en España y en todo el mundo que llamamos libre. Y en España, como en el resto de ese mundo libre, nadie es encarcelado por un delito de opinión. Si así fuera, estarían en la cárcel muchos dirigentes políticos vascos que han opinado y opinan públicamente lo mismo que opina De Juana aunque, eso sí, sin amenazar con un tiro en la nuca; una diferencia que a algunos puede parecer insignificante, pero a mí no me lo parece. En cambio, si a la opinión añadimos la amenaza y la apología de la violencia para imponer el propio parecer sobre el de los demás, entonces no estamos tratando de la víctima de un estado represor (como cualquiera diría al ver las imágenes que el reo acaba de difundir con la connivencia de The Times); nos hallamos ante una bestia sedienta de sangre que, no contenta con sus veinticinco cadáveres, por no hablar de los centenares o miles de personas a quienes ha arrancado la libertad, la alegría y la posibilidad de vivir en plenitud, asegura que no se arrepiente y encima amenaza por escrito con más muerte a quienes no cumplen con los insensatos requisitos de su delirio nacionalista.
A mi amiga le repito que compartimos el repudio por los delitos de opinión; pero ni De Juana es un mero opinador ni se le persigue por opinar. Él asesinó repetidas veces, pagó por ello de acuerdo con la ley –de manera insatisfactoria en opinión de la mayor parte de la sociedad, gracias a la laxitud normativa que le tocó en suerte, pero efectivamente pagó por ello– y entre tanto siguió amenazando con la violencia y usando el terror como argumento, lo que nos hace pensar que repetiría sus crímenes si tuviera la oportunidad. Él debe creer que señalar objetivos para las balas de sus siniestros cómplices es ejercer la libertad de expresión; pero es que ya deberíamos ser conscientes de que los que como él niegan la realidad para chapotear en su propia inmundicia siempre caen en errores de concepto. Por sus amenazas, De Juana aún no ha pagado; si de mí dependiera, las pagaría con todos y cada uno de los años, días y segundos de prisión con que la ley pueda amparar a sus víctimas potenciales. Porque eso y sólo eso somos todos para él. Pero su suerte no depende de mi voluntad ni de quien más odio pueda profesarle; depende de los jueces: un beneficio que, al contrario que él a sus víctimas, al criminal De Juana le garantiza el estado de derecho. Periodista Digital.
De Juana, como todos los ciudadanos españoles, está sometido al imperio de la ley y a la acción de la justicia, y órganos responsables de la administración de justicia han determinado que es culpable de un delito relacionado con el terrorismo. Todo ciudadano en España está sujeto, si comete un delito, a ser acusado, perseguido y privado de libertad si el juez competente así lo estima necesario. Un juez, no la perversa policía española, ni ese gobierno del PP lleno de malos malísimos. Esto es así en España y en todo el mundo que llamamos libre. Y en España, como en el resto de ese mundo libre, nadie es encarcelado por un delito de opinión. Si así fuera, estarían en la cárcel muchos dirigentes políticos vascos que han opinado y opinan públicamente lo mismo que opina De Juana aunque, eso sí, sin amenazar con un tiro en la nuca; una diferencia que a algunos puede parecer insignificante, pero a mí no me lo parece. En cambio, si a la opinión añadimos la amenaza y la apología de la violencia para imponer el propio parecer sobre el de los demás, entonces no estamos tratando de la víctima de un estado represor (como cualquiera diría al ver las imágenes que el reo acaba de difundir con la connivencia de The Times); nos hallamos ante una bestia sedienta de sangre que, no contenta con sus veinticinco cadáveres, por no hablar de los centenares o miles de personas a quienes ha arrancado la libertad, la alegría y la posibilidad de vivir en plenitud, asegura que no se arrepiente y encima amenaza por escrito con más muerte a quienes no cumplen con los insensatos requisitos de su delirio nacionalista.
A mi amiga le repito que compartimos el repudio por los delitos de opinión; pero ni De Juana es un mero opinador ni se le persigue por opinar. Él asesinó repetidas veces, pagó por ello de acuerdo con la ley –de manera insatisfactoria en opinión de la mayor parte de la sociedad, gracias a la laxitud normativa que le tocó en suerte, pero efectivamente pagó por ello– y entre tanto siguió amenazando con la violencia y usando el terror como argumento, lo que nos hace pensar que repetiría sus crímenes si tuviera la oportunidad. Él debe creer que señalar objetivos para las balas de sus siniestros cómplices es ejercer la libertad de expresión; pero es que ya deberíamos ser conscientes de que los que como él niegan la realidad para chapotear en su propia inmundicia siempre caen en errores de concepto. Por sus amenazas, De Juana aún no ha pagado; si de mí dependiera, las pagaría con todos y cada uno de los años, días y segundos de prisión con que la ley pueda amparar a sus víctimas potenciales. Porque eso y sólo eso somos todos para él. Pero su suerte no depende de mi voluntad ni de quien más odio pueda profesarle; depende de los jueces: un beneficio que, al contrario que él a sus víctimas, al criminal De Juana le garantiza el estado de derecho. Periodista Digital.
29 enero 2007
Pepe Blanco, el opinador
Pepe Blanco es un gran opinador. Atendiendo al volumen de opinión, ya que no a su calidad, digo. Opina en su bitácora, que él mismo, Dios sabe por qué, gusta de calificar de “heterodoxa” en el apartado Mi perfil, un texto bastante cursi y tontorrón donde afirma: “este cuaderno no lleva corbata, yo tampoco”. Supongo que quedó tan ufano con su ocurrencia. Opina en cuanto le ponen un micrófono delante, todos los días lo vemos por la tele. No recuerdo que nunca haya dicho nada de sustancia, impedido como se encuentra por lo adocenado de su pensamiento, por sus prejuicios de progre de instituto y por una seria incapacidad para distinguir entre información y propaganda; pero todo esto no le impide seguir adelante con sus opiniones. El discurso del presidente Zapatero parece complejo y el de Ángel Acebes imprevisible, si los comparamos con las declaraciones habituales de Pepe Blanco; pero éste, impasible, sigue opinando. Es obvio que Dios no lo llamó por los caminos de la oratoria y la literatura –los Lunnis dominan bastante mejor que él los recursos de la retórica–, pero esto, para ser justos, no es su culpa. Al fin y al cabo, es lo que hacemos todos en España: opinar, y la responsabilidad de que lo hagamos no es de los que opinamos, sino de los que nos dan pábulo.
Que alguien de la escasísima formación, la abrumadora grisura intelectual y la evidente confusión ética de Pepe Blanco sea una de las cabezas pensantes (valga la expresión) del partido en el gobierno dice mucho de nuestro sistema político. Nadie se acordará de Pepe Blanco a los tres días de que deje el cargo; los libros de historia no gastarán dos líneas en su persona, porque no es carne de historia, sino fruta de temporada. Nada grave, por tanto. Pero su confusión a veces raya en lo insultante, sobre todo cuando cree que puede contagiárnosla. A propósito del caso del criminal De Juana, el otro día escribió en su heterodoxo cuaderno (en el que gusta de sembrar negritas que ahorraré al lector):
Si el señor Blanco y el gobierno que defiende tuvieran un mínimo respeto por la justicia (la de verdad, no la de los discursos y las instituciones) no promoverían actuaciones que pretenden favorecer a los enemigos de la sociedad. Que se ocupen de otras cosas, por favor. ¿Qué le deben a De Juana y a la mafia etarra si resultan capaces de enfrentarse a la gran mayoría del electorado por mejorar el destino de aquél? Un destino que sólo el asesino se ha buscado y que, por otra parte, no debe ser tan terrible –ni la huelga de hambre debe haberse cumplido tan rigurosamente como nos aseguraban– cuando las analíticas prueban que no está desnutrido.
Pepe Blanco es, entre otras cosas, la demostración en carne y hueso del fracaso de nuestro sistema educativo en las últimas décadas. No espero brillantez ni consistencia de sus declaraciones, aunque le agradecería menos solemnidad a la hora de las perogrulladas, que es algo que me molesta sobremanera. Lo que sí exijo, y no es que cuente con verme complacido, es lealtad constitucional, respeto por las víctimas del terrorismo y una perspectiva política a medio o largo plazo. Ah, y, por cierto, yo tampoco llevo corbata; lo digo por si era importante. Periodista Digital.
Que alguien de la escasísima formación, la abrumadora grisura intelectual y la evidente confusión ética de Pepe Blanco sea una de las cabezas pensantes (valga la expresión) del partido en el gobierno dice mucho de nuestro sistema político. Nadie se acordará de Pepe Blanco a los tres días de que deje el cargo; los libros de historia no gastarán dos líneas en su persona, porque no es carne de historia, sino fruta de temporada. Nada grave, por tanto. Pero su confusión a veces raya en lo insultante, sobre todo cuando cree que puede contagiárnosla. A propósito del caso del criminal De Juana, el otro día escribió en su heterodoxo cuaderno (en el que gusta de sembrar negritas que ahorraré al lector):
A partir de aquí mi opinión es clara: la decisión de mantenerle o no en prisión corresponde exclusivamente a los magistrados de la Audiencia Nacional.Una nueva muestra de la perspicacia y la originalidad que le son características.
Y sea cual sea esa decisión, los socialistas vamos a respetarla.Sólo faltaba.
Lo que resulta indignante es que el Partido Popular esté tratando por todos los medios de condicionar el fallo judicial.Acabáramos: no era el Gobierno el que trataba de condicionar el fallo. Lo único que había hecho era promoverlo, y en un sentido muy concreto, a través de una petición explícita del fiscal general del estado que, como todo el mundo sabe, nombra el Gobierno y, como sólo sostenemos los malpensados y los enemigos de la democracia, actúa a sus órdenes. Luego, Blanco entra a juzgar con gran dureza la actitud del Partido Popular, frontalmente contraria a la atenuación de las condiciones del asesino en el cumplimiento de su pena de prisión; actitud que, espuria o no en su caso, coincide ciertamente con la de la inmensa mayoría del pueblo español, incluidos, ya que estamos hablando de ello, gran parte de los votantes del PSOE. Para resumir toda esta basura: el Gobierno toma una decisión injusta e impopular sin que nadie a este lado de la ley se lo haya pedido, pero según el clarividente Blanco la culpa de todo la tienen los que se quejan o pretenden remediar el desaguisado.
Si el señor Blanco y el gobierno que defiende tuvieran un mínimo respeto por la justicia (la de verdad, no la de los discursos y las instituciones) no promoverían actuaciones que pretenden favorecer a los enemigos de la sociedad. Que se ocupen de otras cosas, por favor. ¿Qué le deben a De Juana y a la mafia etarra si resultan capaces de enfrentarse a la gran mayoría del electorado por mejorar el destino de aquél? Un destino que sólo el asesino se ha buscado y que, por otra parte, no debe ser tan terrible –ni la huelga de hambre debe haberse cumplido tan rigurosamente como nos aseguraban– cuando las analíticas prueban que no está desnutrido.
Pepe Blanco es, entre otras cosas, la demostración en carne y hueso del fracaso de nuestro sistema educativo en las últimas décadas. No espero brillantez ni consistencia de sus declaraciones, aunque le agradecería menos solemnidad a la hora de las perogrulladas, que es algo que me molesta sobremanera. Lo que sí exijo, y no es que cuente con verme complacido, es lealtad constitucional, respeto por las víctimas del terrorismo y una perspectiva política a medio o largo plazo. Ah, y, por cierto, yo tampoco llevo corbata; lo digo por si era importante. Periodista Digital.
27 enero 2007
La España de Rubianes
Imagínense la siguiente situación: un actor es entrevistado en un programa de TVE1 y pronuncia los siguientes disparates: “Me cago en Euskal Herría, me limpio el culo con la ikurriña y ojalá revienten el lehendakari, su puta madre y todos los que llevan chapela.” Y el presentador del programa palmotea de la risa. ¿Lo imaginan? No: sencillamente es inimaginable. Afortunadamente, añado.
Todavía duelen en nuestros oídos las palabras que hace un año dedicó a España en un programa de TV3 (si no recuerdo mal, una televisión que pagamos de nuestros impuestos) el actor Pepe Rubianes, para gran regocijo del conductor del programa: "Que se vaya a la mierda la puta España." "Que se metan a España ya por el puto culo a ver si les explota dentro y les quedan los huevos colgando del campanario.” "A mí la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás." Esto, de haber ocurrido en algún otro país europeo (lo cual es impensable), habría supuesto el paro perpetuo para el imbécil malhablado, para quien lo contrató y para el presentador que le rió la gracia, y eso con independencia del contexto en que hubieran sido pronunciadas. En España no pasa nada: hoy, Rubianes se enfrenta con una petición de multa por parte de la fiscalía de algo más de tres millones y medio de pesetas, una cuantía que es poco probable que el tribunal conceda y que, en todo caso, se verá compensada por los actuales contratos del fino pensador, cuya popularidad es hoy mayor que la que tenía antes de su atentado (perdón, accidente).
Pero, eso sí, que nadie ose criticar aun educadamente al nacionalismo, porque éste –arrogándose injustamente la representación de todos los catalanes o del pueblo vasco– clamará al cielo de las libertades democráticas... Desprecio y siempre despreciaré esa faramalla de prejuicios y falsedades que los nacionalistas llaman ideología y los ciudadanos de izquierdas asumen como algo respetable, igual que llamo y llamaré siempre a la actual cúpula del Partido Popular manipuladores de la patria –además de torpes. Contra argumentos, consignas. Es así de sencillo y triste, pero así nos conducimos unos y otros. Porque, vamos a dejarnos de tonterías: aquí nadie pretende ser más demócrata, ni más práctico, ni más justo, ni más patriota, ni más nada. Aquí lo que pasa es que en lugar de estudiar historia vivimos de consignas y fútbol. Para los conservadores, comprar cava extremeño es hacer patria. Para los progres menos reflexivos, España es caca y meterse con ella queda mejor. Para los más cafres, como Rubianes, la violencia es argumento. Así es nuestra España, y por ello llega a merecer españoles como Rubianes.
Cada vez estoy más convencido: no me cansaré de repetir que no todas las ideas son válidas ni respetables, y cuando una persona o un colectivo (por muy amplio que éste sea) están equivocados hay que decírselo cuando aún es tiempo, antes de que se produzca una catástrofe. Y los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos, y también los del género nacional-aznarista, están sumamente equivocados; y los ciudadanos progresistas que históricamente se han dejado arrastrar por el prejuicio antiespañol y dejan en manos de personajes como Eduardo Zaplana o Ángel Acebes la defensa del concepto de España, son gravemente irresponsables y deberían tomar nota de la relación que mantienen con su patria los ciudadanos de izquierdas en Francia o el Reino Unido, por ejemplo. Así hay que decirlo cuantas veces sea necesario. Basar nuestro discurso en la confrontación nos hace más próximos al simio que al humanista. No ser nacionalistas nos hace –en el ámbito que corresponda y sólo en ése– infinitamente superiores a los nacionalistas y a quienes se dejan engañar por su discurso, y por tanto los complejos sobran tanto como las generalizaciones. También sobran los odios: ante el error sólo cabe la paciencia y mucha pedagogía. Y, contra las ofensas, acudir a los tribunales. Periodista Digital. Última Hora.
Todavía duelen en nuestros oídos las palabras que hace un año dedicó a España en un programa de TV3 (si no recuerdo mal, una televisión que pagamos de nuestros impuestos) el actor Pepe Rubianes, para gran regocijo del conductor del programa: "Que se vaya a la mierda la puta España." "Que se metan a España ya por el puto culo a ver si les explota dentro y les quedan los huevos colgando del campanario.” "A mí la unidad de España me suda la polla por delante y por detrás." Esto, de haber ocurrido en algún otro país europeo (lo cual es impensable), habría supuesto el paro perpetuo para el imbécil malhablado, para quien lo contrató y para el presentador que le rió la gracia, y eso con independencia del contexto en que hubieran sido pronunciadas. En España no pasa nada: hoy, Rubianes se enfrenta con una petición de multa por parte de la fiscalía de algo más de tres millones y medio de pesetas, una cuantía que es poco probable que el tribunal conceda y que, en todo caso, se verá compensada por los actuales contratos del fino pensador, cuya popularidad es hoy mayor que la que tenía antes de su atentado (perdón, accidente).
Pero, eso sí, que nadie ose criticar aun educadamente al nacionalismo, porque éste –arrogándose injustamente la representación de todos los catalanes o del pueblo vasco– clamará al cielo de las libertades democráticas... Desprecio y siempre despreciaré esa faramalla de prejuicios y falsedades que los nacionalistas llaman ideología y los ciudadanos de izquierdas asumen como algo respetable, igual que llamo y llamaré siempre a la actual cúpula del Partido Popular manipuladores de la patria –además de torpes. Contra argumentos, consignas. Es así de sencillo y triste, pero así nos conducimos unos y otros. Porque, vamos a dejarnos de tonterías: aquí nadie pretende ser más demócrata, ni más práctico, ni más justo, ni más patriota, ni más nada. Aquí lo que pasa es que en lugar de estudiar historia vivimos de consignas y fútbol. Para los conservadores, comprar cava extremeño es hacer patria. Para los progres menos reflexivos, España es caca y meterse con ella queda mejor. Para los más cafres, como Rubianes, la violencia es argumento. Así es nuestra España, y por ello llega a merecer españoles como Rubianes.
Cada vez estoy más convencido: no me cansaré de repetir que no todas las ideas son válidas ni respetables, y cuando una persona o un colectivo (por muy amplio que éste sea) están equivocados hay que decírselo cuando aún es tiempo, antes de que se produzca una catástrofe. Y los nacionalistas catalanes, vascos y gallegos, y también los del género nacional-aznarista, están sumamente equivocados; y los ciudadanos progresistas que históricamente se han dejado arrastrar por el prejuicio antiespañol y dejan en manos de personajes como Eduardo Zaplana o Ángel Acebes la defensa del concepto de España, son gravemente irresponsables y deberían tomar nota de la relación que mantienen con su patria los ciudadanos de izquierdas en Francia o el Reino Unido, por ejemplo. Así hay que decirlo cuantas veces sea necesario. Basar nuestro discurso en la confrontación nos hace más próximos al simio que al humanista. No ser nacionalistas nos hace –en el ámbito que corresponda y sólo en ése– infinitamente superiores a los nacionalistas y a quienes se dejan engañar por su discurso, y por tanto los complejos sobran tanto como las generalizaciones. También sobran los odios: ante el error sólo cabe la paciencia y mucha pedagogía. Y, contra las ofensas, acudir a los tribunales. Periodista Digital. Última Hora.
25 enero 2007
El caso de De Juana es sólo otro índice
La Audiencia Nacional ha puesto orden en lo que ya parecía la culminación del despropósito a que España se ve abocada permanentemente en los últimos tiempos. Posiblemente éste es el único país de los llamados civilizados en que puede suceder que el fiscal general del estado (un representante del Gobierno, y más concretamente el encargado por la sociedad de hacer que se cumplan las leyes y de actuar contra quienes las conculcan) pida a los jueces que suavicen la condena de un asesino en serie, pues esto y no otra cosa es Iñaki de Juana Chaos pese a la propaganda, con el argumento de que corre peligro la vida del criminal, que está en huelga de hambre.
Debo dejar constancia de mi desacuerdo con esa frase que hemos oído y leído tanto estos días: “que se muera”. No, yo no deseo que se muera: yo me tengo por mejor persona y más lista que los terroristas, y mi objetivo en la vida no es que muera nadie, ni siquiera De Juana Chaos, porque creo firmemente que hay mejores propósitos en la vida que la venganza. Considero que, en la presente situación, es obligación del Estado garantizar que se hace todo lo posible para que alguien sometido a su tutela conserve la vida y la salud en unas condiciones dignas. Por esto y otras cosas se supone que el estado de derecho es mejor que el que gustarían de imponer los etarras. Pero aquí acaban las responsabilidades: si pese a la diligencia del Estado el preso se ha propuesto sacrificar su vida y lo consigue, qué le vamos a hacer: será su decisión y de nadie más. Lo que un estado de derecho no puede hacer nunca es ceder ante el chantaje de sus enemigos. Y esto tiene menos que ver con “no bajarse los pantalones” (una expresión que tal vez retrata mejor a quienes la pronuncian) que con mantener intacta la autoridad de un estado legítimo en sí y que tiene la obligación de defender a sus ciudadanos contra aquéllos cuyo principal interés es dañarles. Si pensamos en positivo, lo cual -nos parece a muchos- no resulta tan complicado, nunca nos equivocaremos ni perderemos esa legitimidad.
Por esto no hay quien entienda la postura del gobierno socialista, cuyo presidente está dando una penosa impresión de confusión y debilidad. Las últimas declaraciones de Rodríguez Zapatero en su entrevista con el juez Garzón delatan un pensamiento más simple que el mecanismo de un chupete y una falta de claridad en las ideas que no pueden ocasionarle a España más que disgustos (y de la oposición popular podríamos hablar en términos muy similares). El llamado proceso de paz ha sido un fracaso. No hay ideas en relaciones internacionales; de hecho, no hay relaciones internacionales salvo la conexión turca, los abrazos al cantante Chaves y la solemne tontería de la Alianza de Civilizaciones, una entelequia sin fundamento alguno en la realidad, que nadie absolutamente toma en serio y que tantos dineros va a costar al contribuyente español –y Zapatero sigue vetado en la Casa Blanca, circunstancia única en Occidente y también en la historia de España, pues incluso Franco se entrevistaba con Eisenhower. Tampoco vemos avances en la cuestión sangrante de la vivienda, que es muy probablemente nuestro mayor problema, y sólo en la persecución de la corrupción urbanística parece que advertimos mejoras que podrían llegar mucho más lejos de dotarse mejor la oficina del fiscal correspondiente.
Pero lo peor de todo es que, cada vez más, los ciudadanos tienen la sensación de que su presidente no sabe defender ni los intereses de su partido (en el que ya empiezan a alzarse voces disconformes con la deriva absurda de su líder), ni los del estado que está obligado a defender: sin que hasta el momento nos conste contrapartida beneficiosa alguna, y sin que nadie haya renunciado a sus maximalismos, se alía con los enemigos de ese estado, como es el caso de ERC o Bloque Gallego, o los tolera, como es el caso de PNV o Batasuna, dando en trascendentes asuntos de estado más crédito a los que tradicionalmente lo han combatido y combaten o reniegan de él (lo cual es muy legítimo) que a quienes, sin fisuras e incluso aportando muertos, han defendido siempre su integridad y su dignidad, como es el Partido Popular (lo cual no solamente es igualmente legítimo, sino también mucho más conforme con la realidad, y aportaría sentido común y coherencia al discurso gubernamental).
Con todos los errores de la oposición, que son muchos y muy graves, ya hay encuestas que dan la victoria en las próximas elecciones al Partido Popular. La desconexión que existe entre la población y sus representantes no augura, sin embargo, que de las próximas elecciones vaya a salir nada mejor que lo que tenemos. Salvo Ciutadans, ninguna formación política se cuestiona ese terrible divorcio: todos se limitan a injuriar al adversario, sin encontrar ninguna materia en que poder coincidir. Y, todos lo sabemos, hay muchas materias en las que es razonable y necesario coincidir. En esto los franceses lo tienen muy claro: tú eres de izquierdas y yo de derechas y discrepamos en muchas cosas, pero la bandera tricolor y los principios civiles en que se basa nuestro contrato social desde hace siglos que no nos los toquen, porque nos daremos el brazo para embestir juntos contra los enemigos de la República... Ningún francés en sus cabales consideraría ni de lejos la posibilidad de que el fiscal general pidiese condiciones favorables para un asesino en serie, y mucho menos cuando el gobierno se hallase bajo la presión de una mafia criminal. Pero, claro, en Francia los políticos, hablemos de Chirac o hablemos de Royal, pasan por la ENA (Sarkozy es una brillante excepción) y son profesionales del gobierno, no de las elecciones. Estadistas, y no demagogos. Y luego, como en todas las casas, habrá unos más brillantes y otros menos, algunos corruptos y la mayor parte honestos; pero el ABC se lo saben todos de memoria. Ahí radica una importante diferencia. Periodista Digital.
Debo dejar constancia de mi desacuerdo con esa frase que hemos oído y leído tanto estos días: “que se muera”. No, yo no deseo que se muera: yo me tengo por mejor persona y más lista que los terroristas, y mi objetivo en la vida no es que muera nadie, ni siquiera De Juana Chaos, porque creo firmemente que hay mejores propósitos en la vida que la venganza. Considero que, en la presente situación, es obligación del Estado garantizar que se hace todo lo posible para que alguien sometido a su tutela conserve la vida y la salud en unas condiciones dignas. Por esto y otras cosas se supone que el estado de derecho es mejor que el que gustarían de imponer los etarras. Pero aquí acaban las responsabilidades: si pese a la diligencia del Estado el preso se ha propuesto sacrificar su vida y lo consigue, qué le vamos a hacer: será su decisión y de nadie más. Lo que un estado de derecho no puede hacer nunca es ceder ante el chantaje de sus enemigos. Y esto tiene menos que ver con “no bajarse los pantalones” (una expresión que tal vez retrata mejor a quienes la pronuncian) que con mantener intacta la autoridad de un estado legítimo en sí y que tiene la obligación de defender a sus ciudadanos contra aquéllos cuyo principal interés es dañarles. Si pensamos en positivo, lo cual -nos parece a muchos- no resulta tan complicado, nunca nos equivocaremos ni perderemos esa legitimidad.
Por esto no hay quien entienda la postura del gobierno socialista, cuyo presidente está dando una penosa impresión de confusión y debilidad. Las últimas declaraciones de Rodríguez Zapatero en su entrevista con el juez Garzón delatan un pensamiento más simple que el mecanismo de un chupete y una falta de claridad en las ideas que no pueden ocasionarle a España más que disgustos (y de la oposición popular podríamos hablar en términos muy similares). El llamado proceso de paz ha sido un fracaso. No hay ideas en relaciones internacionales; de hecho, no hay relaciones internacionales salvo la conexión turca, los abrazos al cantante Chaves y la solemne tontería de la Alianza de Civilizaciones, una entelequia sin fundamento alguno en la realidad, que nadie absolutamente toma en serio y que tantos dineros va a costar al contribuyente español –y Zapatero sigue vetado en la Casa Blanca, circunstancia única en Occidente y también en la historia de España, pues incluso Franco se entrevistaba con Eisenhower. Tampoco vemos avances en la cuestión sangrante de la vivienda, que es muy probablemente nuestro mayor problema, y sólo en la persecución de la corrupción urbanística parece que advertimos mejoras que podrían llegar mucho más lejos de dotarse mejor la oficina del fiscal correspondiente.
Pero lo peor de todo es que, cada vez más, los ciudadanos tienen la sensación de que su presidente no sabe defender ni los intereses de su partido (en el que ya empiezan a alzarse voces disconformes con la deriva absurda de su líder), ni los del estado que está obligado a defender: sin que hasta el momento nos conste contrapartida beneficiosa alguna, y sin que nadie haya renunciado a sus maximalismos, se alía con los enemigos de ese estado, como es el caso de ERC o Bloque Gallego, o los tolera, como es el caso de PNV o Batasuna, dando en trascendentes asuntos de estado más crédito a los que tradicionalmente lo han combatido y combaten o reniegan de él (lo cual es muy legítimo) que a quienes, sin fisuras e incluso aportando muertos, han defendido siempre su integridad y su dignidad, como es el Partido Popular (lo cual no solamente es igualmente legítimo, sino también mucho más conforme con la realidad, y aportaría sentido común y coherencia al discurso gubernamental).
Con todos los errores de la oposición, que son muchos y muy graves, ya hay encuestas que dan la victoria en las próximas elecciones al Partido Popular. La desconexión que existe entre la población y sus representantes no augura, sin embargo, que de las próximas elecciones vaya a salir nada mejor que lo que tenemos. Salvo Ciutadans, ninguna formación política se cuestiona ese terrible divorcio: todos se limitan a injuriar al adversario, sin encontrar ninguna materia en que poder coincidir. Y, todos lo sabemos, hay muchas materias en las que es razonable y necesario coincidir. En esto los franceses lo tienen muy claro: tú eres de izquierdas y yo de derechas y discrepamos en muchas cosas, pero la bandera tricolor y los principios civiles en que se basa nuestro contrato social desde hace siglos que no nos los toquen, porque nos daremos el brazo para embestir juntos contra los enemigos de la República... Ningún francés en sus cabales consideraría ni de lejos la posibilidad de que el fiscal general pidiese condiciones favorables para un asesino en serie, y mucho menos cuando el gobierno se hallase bajo la presión de una mafia criminal. Pero, claro, en Francia los políticos, hablemos de Chirac o hablemos de Royal, pasan por la ENA (Sarkozy es una brillante excepción) y son profesionales del gobierno, no de las elecciones. Estadistas, y no demagogos. Y luego, como en todas las casas, habrá unos más brillantes y otros menos, algunos corruptos y la mayor parte honestos; pero el ABC se lo saben todos de memoria. Ahí radica una importante diferencia. Periodista Digital.
23 enero 2007
Arden en Mallorca dos artesonados mudéjares del siglo XIV
Hace unos días, coincidiendo con la víspera de San Sebastián y la noche de los foguerons, tres naves del polígono industrial de Son Fuster (Palma de Mallorca) ardieron. Las primeras valoraciones indicaron que podría haberse tratado de un fuego intencionado, pero este extremo se está investigando. Lo que sí parece claro, según informa Última Hora (los otros diarios palmesanos, inexplicablemente, apenas se han hecho eco de los estragos), es que los locales habían servido de almacén de la Consejería de Educación y Cultura del Govern Balear, que allí amontonaba documentación y diversas piezas del Museo de Mallorca que actualmente se hallaban en proceso de traslado, ya que a fin de mes el almacén iba a ser vendido o permutado a un particular. Agárrense: aparte material proveniente de excavaciones arqueológicas y unas planchas de imprenta de finales del siglo XIX que parece podrán ser recuperadas, en el curso del incendio resultaron calcinados dos artesonados mudéjares del siglo XIV.
Las dos piezas, insustituibles, habían sido adquiridas respectivamente por el Govern Balear en Chistie’s (Londres) y por el Ministerio de Cultura a un vecino de Palma y, por tanto, habían causado considerables dispendios a los contribuyentes españoles con el fin de que pudiesen permanecer en el patrimonio balear. La más valiosa, compuesta por tres paneles con un total de treinta y ocho metros cuadrados, llevaba la friolera de diez años arrumbada en la nave industrial que, por cierto, al parecer disponía de una alarma antirrobo conectada con la Consejería de Interior del Govern, pero no de alarma antiincendio. La primera inspección tras el desastre no encontró los extintores ni los aspersores que son preceptivos. Seguimos esperando datos.
Ambos vestigios de la cultura medieval mallorquina habían sido objeto de preocupación por parte de expertos que desde 1997 habían propuesto varias veces su restauración y traslado, pero la administración responsable (la Consejería de Educación y Cultura del Govern), aún no sabemos por qué, había desoído las solicitudes. Si yo fuera el consejero Francesc Fiol, estaría pasando mucha vergüenza. Y ¿qué dirá al respecto Carmen Calvo? Cuando la hoy titular del ministerio propietario de una de las dos piezas perdidas era consejera de Cultura en la Junta de Andalucía, el Palacio de Buenavista, un edificio del siglo XVI que actualmente alberga el Museo Picasso Málaga, sufrió un incendio que arruinó un artesonado. Entonces el PP malacitano acusó a la socialista de negligencia. La hoy ministra debe pedir explicaciones por la destrucción de una valiosa pieza patrimonial de la que su departamento era titular.
¿Saben de qué hablan, mientras, los políticos y la prensa baleares? Maria Antònia Munar, presidenta del Consell Insular, afirma en un discurso que Mallorca es una nación. Numerosas voces claman debido a la crisis del Real Mallorca, que llena páginas y más páginas de los periódicos como si fuera cosa nueva. Se comentan los presupuestos de IB3, el canal autonómico de televisión (es decir, un medio de comunicación superfluo, un instrumento político y de propaganda, un pozo sin fondo para los caudales públicos, como todas las televisiones autonómicas). Y Diario de Mallorca y El Mundo-El Día de Baleares siguen ignorando el desastre de Son Fuster. Las alianzas preelectorales parecen planear sobre las preferencias informativas.
Que dos importantes piezas del patrimonio histórico-artístico mallorquín hayan sobrevivido setecientos años para tener un final tan triste es algo que sólo puede pasar en España. Para que luego diga la señora Munar. Periodista Digital.
Las dos piezas, insustituibles, habían sido adquiridas respectivamente por el Govern Balear en Chistie’s (Londres) y por el Ministerio de Cultura a un vecino de Palma y, por tanto, habían causado considerables dispendios a los contribuyentes españoles con el fin de que pudiesen permanecer en el patrimonio balear. La más valiosa, compuesta por tres paneles con un total de treinta y ocho metros cuadrados, llevaba la friolera de diez años arrumbada en la nave industrial que, por cierto, al parecer disponía de una alarma antirrobo conectada con la Consejería de Interior del Govern, pero no de alarma antiincendio. La primera inspección tras el desastre no encontró los extintores ni los aspersores que son preceptivos. Seguimos esperando datos.
Ambos vestigios de la cultura medieval mallorquina habían sido objeto de preocupación por parte de expertos que desde 1997 habían propuesto varias veces su restauración y traslado, pero la administración responsable (la Consejería de Educación y Cultura del Govern), aún no sabemos por qué, había desoído las solicitudes. Si yo fuera el consejero Francesc Fiol, estaría pasando mucha vergüenza. Y ¿qué dirá al respecto Carmen Calvo? Cuando la hoy titular del ministerio propietario de una de las dos piezas perdidas era consejera de Cultura en la Junta de Andalucía, el Palacio de Buenavista, un edificio del siglo XVI que actualmente alberga el Museo Picasso Málaga, sufrió un incendio que arruinó un artesonado. Entonces el PP malacitano acusó a la socialista de negligencia. La hoy ministra debe pedir explicaciones por la destrucción de una valiosa pieza patrimonial de la que su departamento era titular.
¿Saben de qué hablan, mientras, los políticos y la prensa baleares? Maria Antònia Munar, presidenta del Consell Insular, afirma en un discurso que Mallorca es una nación. Numerosas voces claman debido a la crisis del Real Mallorca, que llena páginas y más páginas de los periódicos como si fuera cosa nueva. Se comentan los presupuestos de IB3, el canal autonómico de televisión (es decir, un medio de comunicación superfluo, un instrumento político y de propaganda, un pozo sin fondo para los caudales públicos, como todas las televisiones autonómicas). Y Diario de Mallorca y El Mundo-El Día de Baleares siguen ignorando el desastre de Son Fuster. Las alianzas preelectorales parecen planear sobre las preferencias informativas.
Que dos importantes piezas del patrimonio histórico-artístico mallorquín hayan sobrevivido setecientos años para tener un final tan triste es algo que sólo puede pasar en España. Para que luego diga la señora Munar. Periodista Digital.
22 enero 2007
Algunas predicciones
Bush se aproxima al final de su segundo mandato. Nada tiene ya que perder, salvo la confianza de las empresas y los grupos de presión que lo llevaron a la Casa Blanca. No es de esperar por tanto que suavice sus posturas, sino más bien que exprima la fruta del poder hasta la última gota que pueda beneficiar a sus amigos los petroleros y los fabricantes de armas. Agotado su plazo, será el momento de un candidato demócrata con tirón personal, con una trayectoria profesional brillante, con un pasado muy próximo a la Casa Blanca, con virtudes públicas demostradas –entre ellas la lealtad, la flexibilidad y el sentido de la oportunidad– y con un rival debilitado por años de desgobierno republicano.
Varios de esos requisitos le fallaron a Al Gore en su día. Hace algo más de un año aposté a que este candidato sería Hillary Rodham Clinton; hoy sigo opinando lo mismo, pese a que le ha salido un rival muy notable, hasta el punto de que la que fue primera dama se ha visto obligada a hacer hueco a su candidatura (“I’m in”) después de que lo hiciera el senador por Illinois Barack Obama. Los medios americanos aluden a éste con el eufemismo con el que suelen eludir pronunciar la palabra “negro”, es decir, “afroamericano”; en este caso el término es muy adecuado, dado que, nacido en Hawaii, es de padre keniata y madre estadounidense.
Contertulios radiofónicos, columnistas y todo tipo de opinadores públicos se han apresurado a afirmar que “algo ha cambiado” en los Estados Unidos cuando las máximas esperanzas de los demócratas se cifran en el triunfo de una mujer, un negro o un hispano (también el gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, de madre mexicana, ha entrado en competencia); pero yo prefiero relativizar este punto de vista. No hay que olvidar que, mientras a George Bush hijo le bastó con ser multimillonario y estar bien relacionado (además de amañar unas elecciones) para ser nombrado presidente dos veces seguidas, sin necesidad de exhibir un gran dominio de la lectoescritura ni tampoco de referirse a su color ni a su sexo, al senador Obama llegar hasta donde está le ha costado una brillantísima carrera académica (doctor en Derecho magna cum laude por la Universidad de Harvard), profesional y política, aderezada con unas dotes oratorias excepcionales y varios libros publicados y muy bien vendidos. Y encima es fotogénico. Si Bush reuniese una centésima parte de las virtudes del demócrata, ya habría ganado las guerras de Irak y Afganistán. Pero lo mismo se podría haber aplicado a Bill Clinton, a Bush padre, a Reagan, a Carter, a Ford, a Nixon y a la mayor parte de los anteriores presidentes de los Estados Unidos, muy pocos de los cuales justificarían el empleo del calificativo intelectual. A Obama ser presidente le saldrá mucho más caro que a todos ellos porque es negro, de tal modo que, si algún día llega a serlo, no dudo que su paso por la Casa Blanca supondrá una bendición para los ciudadanos norteamericanos y para todos nosotros.
Algo similar se puede predicar de Hillary Clinton, que reúne un sinfín de virtudes personales y profesionales –desde luego muchas más que su marido– que, no obstante, jamás la hubiesen situado en la escena pública con una perspectiva tan positiva como la que hoy tiene de ocupar la Casa Blanca de no haber acompañado previamente a su marido durante su mandato y haber demostrado mucha más entereza y mucho más sentido de estado que él en la crisis Lewinsky. Hoy, su trabajo como senadora por Nueva York la avala, pero sin el concurso de circunstancias tan especiales una mujer no habría conseguido asomar la cabeza en medio del tumulto de varones ambiciosos y adinerados que habitualmente aspiran al cargo. Así pues: sí, las cosas han cambiado; pero no tanto.
Hoy afino más mi apuesta: Clinton ganará a Obama la candidatura demócrata; pero si es inteligente, y creo que lo es en grado sumo, le pedirá que la acompañe en el tándem como aspirante a vicepresidente, y él aceptará. Juntos ilusionarán al electorado y juntos llegarán a la Casa Blanca. Hillary Clinton compondrá un magnífico equipo internacional con otras mujeres que han necesitado un talento y un carácter excepcionales para llegar al poder, como la admirable Merkel o, tal vez, Ségolène Royal. Barack Obama es joven, puede esperar ocho años para sucederla y su paso por la vicepresidencia distará mucho de ser ornamental. Y, tras el nefasto paso de Bush hijo por Washington, no es descabellado considerar que ocho años después el Partido Republicano todavía no habrá levantado cabeza. Entonces será el momento para que el primer presidente negro suceda a la primera presidente mujer. Periodista Digital.
Varios de esos requisitos le fallaron a Al Gore en su día. Hace algo más de un año aposté a que este candidato sería Hillary Rodham Clinton; hoy sigo opinando lo mismo, pese a que le ha salido un rival muy notable, hasta el punto de que la que fue primera dama se ha visto obligada a hacer hueco a su candidatura (“I’m in”) después de que lo hiciera el senador por Illinois Barack Obama. Los medios americanos aluden a éste con el eufemismo con el que suelen eludir pronunciar la palabra “negro”, es decir, “afroamericano”; en este caso el término es muy adecuado, dado que, nacido en Hawaii, es de padre keniata y madre estadounidense.
Contertulios radiofónicos, columnistas y todo tipo de opinadores públicos se han apresurado a afirmar que “algo ha cambiado” en los Estados Unidos cuando las máximas esperanzas de los demócratas se cifran en el triunfo de una mujer, un negro o un hispano (también el gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, de madre mexicana, ha entrado en competencia); pero yo prefiero relativizar este punto de vista. No hay que olvidar que, mientras a George Bush hijo le bastó con ser multimillonario y estar bien relacionado (además de amañar unas elecciones) para ser nombrado presidente dos veces seguidas, sin necesidad de exhibir un gran dominio de la lectoescritura ni tampoco de referirse a su color ni a su sexo, al senador Obama llegar hasta donde está le ha costado una brillantísima carrera académica (doctor en Derecho magna cum laude por la Universidad de Harvard), profesional y política, aderezada con unas dotes oratorias excepcionales y varios libros publicados y muy bien vendidos. Y encima es fotogénico. Si Bush reuniese una centésima parte de las virtudes del demócrata, ya habría ganado las guerras de Irak y Afganistán. Pero lo mismo se podría haber aplicado a Bill Clinton, a Bush padre, a Reagan, a Carter, a Ford, a Nixon y a la mayor parte de los anteriores presidentes de los Estados Unidos, muy pocos de los cuales justificarían el empleo del calificativo intelectual. A Obama ser presidente le saldrá mucho más caro que a todos ellos porque es negro, de tal modo que, si algún día llega a serlo, no dudo que su paso por la Casa Blanca supondrá una bendición para los ciudadanos norteamericanos y para todos nosotros.
Algo similar se puede predicar de Hillary Clinton, que reúne un sinfín de virtudes personales y profesionales –desde luego muchas más que su marido– que, no obstante, jamás la hubiesen situado en la escena pública con una perspectiva tan positiva como la que hoy tiene de ocupar la Casa Blanca de no haber acompañado previamente a su marido durante su mandato y haber demostrado mucha más entereza y mucho más sentido de estado que él en la crisis Lewinsky. Hoy, su trabajo como senadora por Nueva York la avala, pero sin el concurso de circunstancias tan especiales una mujer no habría conseguido asomar la cabeza en medio del tumulto de varones ambiciosos y adinerados que habitualmente aspiran al cargo. Así pues: sí, las cosas han cambiado; pero no tanto.
Hoy afino más mi apuesta: Clinton ganará a Obama la candidatura demócrata; pero si es inteligente, y creo que lo es en grado sumo, le pedirá que la acompañe en el tándem como aspirante a vicepresidente, y él aceptará. Juntos ilusionarán al electorado y juntos llegarán a la Casa Blanca. Hillary Clinton compondrá un magnífico equipo internacional con otras mujeres que han necesitado un talento y un carácter excepcionales para llegar al poder, como la admirable Merkel o, tal vez, Ségolène Royal. Barack Obama es joven, puede esperar ocho años para sucederla y su paso por la vicepresidencia distará mucho de ser ornamental. Y, tras el nefasto paso de Bush hijo por Washington, no es descabellado considerar que ocho años después el Partido Republicano todavía no habrá levantado cabeza. Entonces será el momento para que el primer presidente negro suceda a la primera presidente mujer. Periodista Digital.
14 enero 2007
Los límites de la imprudencia
El alumno Zapatero seguramente hizo pellas el día que en la Facultad explicaron la diferencia entre dolo y culpa, dos conceptos básicos a la hora de establecer el alcance de un delito.
Muy simplificadamente, hay conducta dolosa cuando el autor del delito lo hizo a propósito: con la voluntaria intención de cometer algo que sabe fuera de la ley. Hablamos, en cambio, de una conducta meramente culposa cuando la comisión del delito no fue fruto de la voluntad, sino de imprudencia, mal cálculo o negligencia injustificables. Existe, empero, una tercera categoría, el dolo eventual, que se da cuando el sujeto no tiene como objetivo perpetrar determinado crimen pero conoce la alta probabilidad de cometerlo durante la ejecución de sus actos, tengan éstos un fin legítimo o no. Es decir: no quiero asesinar a Fulano, a quien ni conozco, sino sólo quemar unos árboles que me quitan las vistas y que tocan su vivienda. Sé que es fácil que en el incendio se prenda la casa y sus habitantes mueran; pero, aunque no es mi deseo matar, pego fuego, porque me importa más mi objetivo que sus vidas. Como consecuencia, Fulano perece. En este caso, el juez no me castigará sólo por los daños materiales causados, ni tampoco por un homicidio imprudente, sino –si se dan los requisitos– por asesinato, porque existió dolo eventual.
Cualquier estudiante de derecho entiende que la muerte de los ecuatorianos en Barajas no fue “un trágico accidente”. Es mendaz intentar convencernos de algo tan ridículo como que alguien pueda procurar que no haya víctimas personales cuando coloca quinientos quilogramos de explosivo en un aeropuerto. También en política hay dolo y culpa; y si no nos merecemos un presidente imprudente, mucho menos uno doloso. Última Hora. Periodista Digital.
Muy simplificadamente, hay conducta dolosa cuando el autor del delito lo hizo a propósito: con la voluntaria intención de cometer algo que sabe fuera de la ley. Hablamos, en cambio, de una conducta meramente culposa cuando la comisión del delito no fue fruto de la voluntad, sino de imprudencia, mal cálculo o negligencia injustificables. Existe, empero, una tercera categoría, el dolo eventual, que se da cuando el sujeto no tiene como objetivo perpetrar determinado crimen pero conoce la alta probabilidad de cometerlo durante la ejecución de sus actos, tengan éstos un fin legítimo o no. Es decir: no quiero asesinar a Fulano, a quien ni conozco, sino sólo quemar unos árboles que me quitan las vistas y que tocan su vivienda. Sé que es fácil que en el incendio se prenda la casa y sus habitantes mueran; pero, aunque no es mi deseo matar, pego fuego, porque me importa más mi objetivo que sus vidas. Como consecuencia, Fulano perece. En este caso, el juez no me castigará sólo por los daños materiales causados, ni tampoco por un homicidio imprudente, sino –si se dan los requisitos– por asesinato, porque existió dolo eventual.
Cualquier estudiante de derecho entiende que la muerte de los ecuatorianos en Barajas no fue “un trágico accidente”. Es mendaz intentar convencernos de algo tan ridículo como que alguien pueda procurar que no haya víctimas personales cuando coloca quinientos quilogramos de explosivo en un aeropuerto. También en política hay dolo y culpa; y si no nos merecemos un presidente imprudente, mucho menos uno doloso. Última Hora. Periodista Digital.
31 diciembre 2006
Salir de casa por Navidad
Tras el rally navideño, obligado para quienes tenemos la familia repartida en distintas localidades de la Península, la vuelta a casa suele ser epítome y corolario de lo que vinieron siendo las navidades; en mi caso, el asunto se resume en una muñeca lesionada de acarrear criaturas y maletas. Volvimos con una más de las que llevábamos (maletas, no criaturas): en total cuatro, si bien, seguramente apiadada de nosotros, la compañía aérea muy amablemente nos aligeró de una de ellas, que hubo de encontrar el hogar al día siguiente por sus propios medios. También traigo un terrible mono de leer (no son fechas para estar uno consigo mismo), la espalda sembrada de dolorosas contracturas y el aparato digestivo ya imaginan ustedes cómo, no sabe uno si debido a las propiedades y generosidad de los alimentos deglutidos, a los villancicos o a las manías de los parientes, ésos a los que añoramos hasta que las navidades nos reúnen... Pero no, no hay mal que cien años dure y, una vez más, hemos sobrevivido. La primera noche pasada en mi cama, los músculos se iban distendiendo conforme uno sentía esos pequeños calambres que anuncian el gozoso regreso de la normalidad...
Se preguntarán ustedes por qué viajo en navidades, si me sienta tan rematadamente mal. Yo también me lo pregunto; mientras, sigo haciéndolo. Tal vez mi problema sea que –definitivamente– estoy mayor: soy alguien egoísta que tolera con tanta dificultad los incordios ajenos como la almohada que no es suya; por raída y aplastada que esté la almohada propia y por mucho y muy molesto que sea lo que uno incordia. También en esto se asemejan los viejos a los niños…
En tanto llegan las próximas fiestas, aprovechemos nuestras benditas rutinas. Feliz 2007. Última Hora.
Se preguntarán ustedes por qué viajo en navidades, si me sienta tan rematadamente mal. Yo también me lo pregunto; mientras, sigo haciéndolo. Tal vez mi problema sea que –definitivamente– estoy mayor: soy alguien egoísta que tolera con tanta dificultad los incordios ajenos como la almohada que no es suya; por raída y aplastada que esté la almohada propia y por mucho y muy molesto que sea lo que uno incordia. También en esto se asemejan los viejos a los niños…
En tanto llegan las próximas fiestas, aprovechemos nuestras benditas rutinas. Feliz 2007. Última Hora.
17 diciembre 2006
El último servicio de Pinochet
Tras la muerte del exdictador, Mario Benedetti clama que “la muerte venció a la justicia”. No deja de ser cierto. Y, sin embargo, cierta parte de la historia revive. La memoria de Salvador Allende brilla hoy en los términos de su verdadera grandeza, no sólo en virtud de la comparación con el tirano. Millones de correos electrónicos han sido intercambiados estos días entre personas de todo el mundo con motivo del deceso. Aunque sea de forma pasajera, el compromiso de antaño ha resucitado y por doquier circulan felicitaciones, letras de Víctor Jara y de Sabina, vídeos de Allende, de Quilapayún, de Pablo Milanés (“Yo pisaré las calles nuevamente”)... El tráfico de documentos sobre Allende en YouTube ha aumentado espectacularmente; emociona escuchar su célebre discurso ante las Naciones Unidas: su estatura histórica, su honestidad y su clarividencia (su denuncia de los riesgos de la globalización, décadas antes de que este concepto se instalase entre nosotros) resplandecen aún más treinta años después.
También Pinochet pasa a la historia cargado de significado: quien con tanto éxito combatió por las armas al marxismo engruesa la nómina de los asesinos en masa. En el infierno de los carniceros compartirá caldera con Ceaucescu, con Pol Pot, con Francisco Franco: esos valientes que, armados hasta las cejas, arremetieron contra la población civil de las naciones que decían defender. Desprecio y reprobación infinitas recaen hoy sobre Pinochet; pero, además, la justicia seguirá actuando contra sus cómplices, contra los herederos de su infamia y de la fortuna que amasó matando. Se hará justicia. Entre tanto, desaparece de la escena el que era símbolo vivo de una época oprobiosa y su muerte sirve para enaltecer a sus víctimas. Chile y el mundo respiran aliviados. Última Hora.
También Pinochet pasa a la historia cargado de significado: quien con tanto éxito combatió por las armas al marxismo engruesa la nómina de los asesinos en masa. En el infierno de los carniceros compartirá caldera con Ceaucescu, con Pol Pot, con Francisco Franco: esos valientes que, armados hasta las cejas, arremetieron contra la población civil de las naciones que decían defender. Desprecio y reprobación infinitas recaen hoy sobre Pinochet; pero, además, la justicia seguirá actuando contra sus cómplices, contra los herederos de su infamia y de la fortuna que amasó matando. Se hará justicia. Entre tanto, desaparece de la escena el que era símbolo vivo de una época oprobiosa y su muerte sirve para enaltecer a sus víctimas. Chile y el mundo respiran aliviados. Última Hora.
11 diciembre 2006
Felicidades, Chile
Ayer, Día Internacional de los Derechos Humanos, parece que hemos podido confirmar la existencia de eso que, hace unos meses, a propósito de la muerte de Stroessner, llamábamos justicia poética. Mientras el alma podrida del tirano se pudre aún más en el infierno, mientras sus acólitos comprueban el desprecio infinito del mundo hacia su infame patrón, la letra de Pablo Milanés nos pone la carne de gallina. Mañana, habrá que seguir buscando responsabilidades; pero hoy, ¿quién necesita más que esto?
03 diciembre 2006
A por todas, por favor
Hay que alegrarse: por fin, la justicia va a meter mano a los sinvergüenzas que han estado enriqueciéndose a costa de los ciudadanos de Andratx. Sin embargo, algo me impide felicitarme por completo, y es la conciencia de que el caso ha llegado a los tribunales después de años o décadas de impunidad y ostentación, cuando ya a nadie le cabía duda alguna de lo que sucedía. En Cataluña es tristemente célebre el asunto del tres por ciento: en el mundo empresarial se tiene por cosa sabida que quien opta a determinados contratos en Barcelona ha de ir con el maletín por delante. En Ciempozuelos están imputados dos exalcaldes; pero es que, sobre chorizos, eran unos torpes: no se les ocurrió otra cosa que estipular el cobro de sus multimillonarias comisiones mediante contrato escrito, y encima usaron este documento como justificante de un ingreso en un banco andorrano.
Es natural y necesario que los fiscales no puedan actuar basándose en comidillas ni meras apariencias: que todo el mundo sepa lo que pasa –de esa manera en que la vox populi dice saber las cosas– no basta si el delito no se documenta con arreglo a las exigencias procesales. Pero ¿no tienen ustedes la impresión de que sólo caen los menos espabilados o los que, tras años de un lucro alucinante, perdieron el miedo y la vergüenza? ¿No creen que las penas que finalmente les son impuestas no alcanzan a castigar debidamente todos sus delitos? La creación de la Fiscalía Anticorrupción ha resultado un inmenso acierto; ahora hace falta incrementar sus recursos y permitir que actúe con mayor agilidad y contra los delincuentes más cautos. Porque Marbella y Andratx no nos parecen excepciones tan raras. Última Hora.
Es natural y necesario que los fiscales no puedan actuar basándose en comidillas ni meras apariencias: que todo el mundo sepa lo que pasa –de esa manera en que la vox populi dice saber las cosas– no basta si el delito no se documenta con arreglo a las exigencias procesales. Pero ¿no tienen ustedes la impresión de que sólo caen los menos espabilados o los que, tras años de un lucro alucinante, perdieron el miedo y la vergüenza? ¿No creen que las penas que finalmente les son impuestas no alcanzan a castigar debidamente todos sus delitos? La creación de la Fiscalía Anticorrupción ha resultado un inmenso acierto; ahora hace falta incrementar sus recursos y permitir que actúe con mayor agilidad y contra los delincuentes más cautos. Porque Marbella y Andratx no nos parecen excepciones tan raras. Última Hora.
17 noviembre 2006
Diplomacia majadera
La política exterior de España nunca fue como para tirar cohetes, al menos desde Fernando el Católico, un genio de la diplomacia que enseñó maldades a Maquiavelo. Con José María Aznar existían criterios firmes; equivocados e injustos, a mi entender, por alinearse con el imperialismo más infame, pero más o menos firmes. Últimamente, en cambio, lo único que nos falta por ver es el cese de Miguel Ángel Moratinos y su sustitución por Boris Izaguirre, quien, visto lo que hay, como ministro de Exteriores no resultaría menos verosímil y a no dudar ofrecería un discurso mucho más brillante. Puede parecer que en esto, como en otros asuntos, disfruto zahiriendo al presidente Rodríguez Zapatero, o a su gobierno, o a su partido, pero con cierta melancolía juro que no es así (salvo, sí, lo confieso, en el caso de ese eximio orador que es José Blanco). Para certificar que no lo hago por vicio, sin embargo, ¿qué podría decir de positivo con respecto a la política exterior de ZP? Veamos.
Francia y Alemania marcan distancias con el gobierno de Turquía, al que no perdonan cierto déficit democrático y algunas importantes manchas en su pasado y su presente, como la persistencia en negar oficialmente los genocidios curdo y armenio o la franca hostilidad hacia Chipre, que es ya estado miembro de la Unión Europea. Pues va Zapatero y se monta un chiringuito absurdo con, entre otros, el presidente turco, a quien presenta como adalid de la democracia (será que los franceses y los alemanes no se enteran), con el desprestigiado secretario general de las no menos desprestigiadas Naciones Unidas, Kofi Annan, y con Mohamed Jatamí, un político iraní respetable pero de capa caída. A este chiringuito le pone el nombre de Alianza de Civilizaciones, que le toma prestado a Annan de otra broma suya de hace unos años; se reúne con sus colegas en cuantas ocasiones estima conveniente; entrega un informe lleno de buenas palabras, fruto de tan sesudas reuniones, que resulta manifiestamente perogrullesco y ridículo, cuando no ofensivo para Occidente, ignorante de las muchas civilizaciones que no son la occidental ni la islámica y, en cualquier caso, inaplicable e indiferente para el Islam, como demuestra el hecho de que la prensa musulmana apenas haya dedicado a la iniciativa algún espacio en sus secciones misceláneas; y compromete un presupuesto que sale casi íntegramente de los bolsillos de los españoles en dotar de estructura burocrática a esta pantomima, y me imagino que en otorgar las dietas y los viáticos correspondientes a sus protagonistas. De todo ello se benefician exclusivamente el presidente Erdogán, que encuentra cerradas todas las puertas de Europa menos la que tan generosamente le franquea ZP; el secretario Annan, que está a punto de la jubilación y ya se promete un confortable sillón como director de esta simpleza bautizada, con gran prosopopeya, como Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones; y el régimen de los ayatolás iraníes, que, prácticamente apestado en la mayor parte de los foros internacionales (si exceptuamos su enternecedora amistad con Corea del Norte, claro), encuentra un eco muy valioso en todo este ejercicio de superlativa candidez. En tal derroche de diplomacia paleta, sintiéndolo mucho, no puede uno encontrar nada solvente por más que pruebe.
Luego viene el vodevil de la visita de Teodoro Obiang Nguema. Resulta que los ciudadanos de Guinea Ecuatorial llevan –los que sobreviven– unos treinta años sometidos a la tiránica férula de este caballero, y al gobierno del PSOE no se le ocurre disparate mejor que invitarlo a una visita oficial de la que luego, por vergüenza democrática y ante la falta de consultas previas, se desmarcan prácticamente todas las instituciones, quedando los actos reducidos a una inauguración de embajada cuya crónica les recomiendo lean como relato de ficción; porque como realidad es demasiado chusca y triste para ser digerida. ¿Por qué el gobierno ZP se muestra tan generoso con un dictador execrable? Ya se lo cuento yo, por si no se habían dado cuenta: porque Guinea Ecuatorial es el tercer productor de petróleo en África (por supuesto, todo lo controlan el dictador y su familia) y Repsol y otras multinacionales españolas desean invertir allí. ¿A quién beneficia esta actuación, contraria a los usos europeos, a los deseos de los representantes políticos e institucionales a quienes no se consultó y a cualquier noción de gestión diplomática seria? A las grandes empresas y al dictador, claro; el pueblo ecuatoguineano comprueba así cómo, por mucho que resplandezcan en un discurso oficial zapaterista que cada día se parece más a un guión de Disney, los derechos humanos y la democracia pasan a un segundo plano tan pronto como aparecen en el horizonte los intereses de las grandes empresas. Es justamente la misma política que ha seguido el dúo Zapatero-Moratinos en China, a cuyo régimen, responsable del mayor número de asesinatos causados por un gobierno en el mundo, vendemos armas y ante cuyos representantes facilitamos las inversiones de Telefónica. O en Hispanoamérica, donde las grandes compañías de suministros son de capital básicamente español (aunque, qué curioso, ni las condiciones laborales y sociales allá tienen mucho que ver con las que disfrutamos en España, ni el zapaterismo hace nada por promover su mejora). Y será que a uno le queda algún escrúpulo moral, pero nunca he podido soportar con serenidad esa odiosa combinación de hipocresía y pragmatismo: no por ser habitual me parece menos enferma.
En cuanto a nuestras relaciones con los Estados Unidos, me pregunto si en este momento alguien sabe en qué rayos consisten. Hemos pasado de un Zapatero en la oposición que públicamente se negaba a mostrar el respeto debido por la bandera de aquel país a un Zapatero presidente que sí se pone en pie ante la enseña de las barras y las estrellas. En uno de esos dos momentos fue inmensamente torpe, pero da la sensación de que el presidente no tiene claro en cuál de los dos. Obligado a cumplir una promesa electoral que jamás hasta el 11-M se creyó en la necesidad de cumplir y respetando la voluntad ampliamente mayoritaria de la ciudadanía, que José María Aznar se había pasado por el arco de triunfo, Zapatero nos retiró de la aventura imperial en Irak. El desaire a los hasta entonces aliados Bush y Blair obligó al leonés a ofrecer una compensación en Afganistán, donde nada se nos había perdido y donde la invasión y una ocupación que comparte algunas características con la de Irak empiezan a pasarnos factura, en forma de riesgo para nuestros soldados.
¿Esto es una política exterior? Yo me pregunto: si los americanos se equivocan siempre, y los británicos por extensión (excepto en el asunto de Gibraltar, donde parece que ceder siempre es bueno), ¿por qué unas veces colaboramos con ellos y otras no, tratándose de casos similares? Por nada. Si hacemos caso omiso de los intereses de Europa o de cómo los entienden nuestros principales socios, al mismo tiempo que en negociación cedemos nuestras cuotas europeas de poder con mirífico talante, ¿qué respeto y qué apoyo podemos esperar para nuestras pretensiones en la Unión o fuera de ella? Ninguno. Si nuestra actuación en África, Asia e Iberoamérica se limita a darnos ostentosos abrazos con personajes de la catadura moral de Hugo Chávez, Mohamed VI, Fidel Castro o Teodoro Obiang mientras por otro lado allanamos el camino a las transnacionales (cuya única patria, por muy españolas que sean, es el dinero) e ignoramos el hambre, las pandemias, la corrupción, la violencia, las verdaderas raíces del problema de la inmigración ilegal, ¿qué crédito puede tener España en aquellas regiones? Exactamente el que están pensando: cero. Sinceramente, me sabe muy mal no encontrar motivo alguno de elogio para la política exterior de España, pero es que no encuentro adjetivo menos áspero que el que reza en el título para calificarla.
Otro día hablamos del País Vasco.
Francia y Alemania marcan distancias con el gobierno de Turquía, al que no perdonan cierto déficit democrático y algunas importantes manchas en su pasado y su presente, como la persistencia en negar oficialmente los genocidios curdo y armenio o la franca hostilidad hacia Chipre, que es ya estado miembro de la Unión Europea. Pues va Zapatero y se monta un chiringuito absurdo con, entre otros, el presidente turco, a quien presenta como adalid de la democracia (será que los franceses y los alemanes no se enteran), con el desprestigiado secretario general de las no menos desprestigiadas Naciones Unidas, Kofi Annan, y con Mohamed Jatamí, un político iraní respetable pero de capa caída. A este chiringuito le pone el nombre de Alianza de Civilizaciones, que le toma prestado a Annan de otra broma suya de hace unos años; se reúne con sus colegas en cuantas ocasiones estima conveniente; entrega un informe lleno de buenas palabras, fruto de tan sesudas reuniones, que resulta manifiestamente perogrullesco y ridículo, cuando no ofensivo para Occidente, ignorante de las muchas civilizaciones que no son la occidental ni la islámica y, en cualquier caso, inaplicable e indiferente para el Islam, como demuestra el hecho de que la prensa musulmana apenas haya dedicado a la iniciativa algún espacio en sus secciones misceláneas; y compromete un presupuesto que sale casi íntegramente de los bolsillos de los españoles en dotar de estructura burocrática a esta pantomima, y me imagino que en otorgar las dietas y los viáticos correspondientes a sus protagonistas. De todo ello se benefician exclusivamente el presidente Erdogán, que encuentra cerradas todas las puertas de Europa menos la que tan generosamente le franquea ZP; el secretario Annan, que está a punto de la jubilación y ya se promete un confortable sillón como director de esta simpleza bautizada, con gran prosopopeya, como Grupo de Alto Nivel para la Alianza de Civilizaciones; y el régimen de los ayatolás iraníes, que, prácticamente apestado en la mayor parte de los foros internacionales (si exceptuamos su enternecedora amistad con Corea del Norte, claro), encuentra un eco muy valioso en todo este ejercicio de superlativa candidez. En tal derroche de diplomacia paleta, sintiéndolo mucho, no puede uno encontrar nada solvente por más que pruebe.
Luego viene el vodevil de la visita de Teodoro Obiang Nguema. Resulta que los ciudadanos de Guinea Ecuatorial llevan –los que sobreviven– unos treinta años sometidos a la tiránica férula de este caballero, y al gobierno del PSOE no se le ocurre disparate mejor que invitarlo a una visita oficial de la que luego, por vergüenza democrática y ante la falta de consultas previas, se desmarcan prácticamente todas las instituciones, quedando los actos reducidos a una inauguración de embajada cuya crónica les recomiendo lean como relato de ficción; porque como realidad es demasiado chusca y triste para ser digerida. ¿Por qué el gobierno ZP se muestra tan generoso con un dictador execrable? Ya se lo cuento yo, por si no se habían dado cuenta: porque Guinea Ecuatorial es el tercer productor de petróleo en África (por supuesto, todo lo controlan el dictador y su familia) y Repsol y otras multinacionales españolas desean invertir allí. ¿A quién beneficia esta actuación, contraria a los usos europeos, a los deseos de los representantes políticos e institucionales a quienes no se consultó y a cualquier noción de gestión diplomática seria? A las grandes empresas y al dictador, claro; el pueblo ecuatoguineano comprueba así cómo, por mucho que resplandezcan en un discurso oficial zapaterista que cada día se parece más a un guión de Disney, los derechos humanos y la democracia pasan a un segundo plano tan pronto como aparecen en el horizonte los intereses de las grandes empresas. Es justamente la misma política que ha seguido el dúo Zapatero-Moratinos en China, a cuyo régimen, responsable del mayor número de asesinatos causados por un gobierno en el mundo, vendemos armas y ante cuyos representantes facilitamos las inversiones de Telefónica. O en Hispanoamérica, donde las grandes compañías de suministros son de capital básicamente español (aunque, qué curioso, ni las condiciones laborales y sociales allá tienen mucho que ver con las que disfrutamos en España, ni el zapaterismo hace nada por promover su mejora). Y será que a uno le queda algún escrúpulo moral, pero nunca he podido soportar con serenidad esa odiosa combinación de hipocresía y pragmatismo: no por ser habitual me parece menos enferma.
En cuanto a nuestras relaciones con los Estados Unidos, me pregunto si en este momento alguien sabe en qué rayos consisten. Hemos pasado de un Zapatero en la oposición que públicamente se negaba a mostrar el respeto debido por la bandera de aquel país a un Zapatero presidente que sí se pone en pie ante la enseña de las barras y las estrellas. En uno de esos dos momentos fue inmensamente torpe, pero da la sensación de que el presidente no tiene claro en cuál de los dos. Obligado a cumplir una promesa electoral que jamás hasta el 11-M se creyó en la necesidad de cumplir y respetando la voluntad ampliamente mayoritaria de la ciudadanía, que José María Aznar se había pasado por el arco de triunfo, Zapatero nos retiró de la aventura imperial en Irak. El desaire a los hasta entonces aliados Bush y Blair obligó al leonés a ofrecer una compensación en Afganistán, donde nada se nos había perdido y donde la invasión y una ocupación que comparte algunas características con la de Irak empiezan a pasarnos factura, en forma de riesgo para nuestros soldados.
¿Esto es una política exterior? Yo me pregunto: si los americanos se equivocan siempre, y los británicos por extensión (excepto en el asunto de Gibraltar, donde parece que ceder siempre es bueno), ¿por qué unas veces colaboramos con ellos y otras no, tratándose de casos similares? Por nada. Si hacemos caso omiso de los intereses de Europa o de cómo los entienden nuestros principales socios, al mismo tiempo que en negociación cedemos nuestras cuotas europeas de poder con mirífico talante, ¿qué respeto y qué apoyo podemos esperar para nuestras pretensiones en la Unión o fuera de ella? Ninguno. Si nuestra actuación en África, Asia e Iberoamérica se limita a darnos ostentosos abrazos con personajes de la catadura moral de Hugo Chávez, Mohamed VI, Fidel Castro o Teodoro Obiang mientras por otro lado allanamos el camino a las transnacionales (cuya única patria, por muy españolas que sean, es el dinero) e ignoramos el hambre, las pandemias, la corrupción, la violencia, las verdaderas raíces del problema de la inmigración ilegal, ¿qué crédito puede tener España en aquellas regiones? Exactamente el que están pensando: cero. Sinceramente, me sabe muy mal no encontrar motivo alguno de elogio para la política exterior de España, pero es que no encuentro adjetivo menos áspero que el que reza en el título para calificarla.
Otro día hablamos del País Vasco.
06 noviembre 2006
Dos notas sobre inmigración
¿Efecto llamada?
Lo que seguramente urge más en Europa es castigar con dureza a quienes emplean de forma irregular a los inmigrantes y se ahorran las cotizaciones a las que esos trabajadores, por morenos que sean, tienen derecho y que, además, necesitamos si queremos seguir financiando nuestras pensiones. Estas prácticas sí atraen inmigrantes, mucho más que cualquier regularización masiva: ¿quién emigraría sin papeles a un país donde la explotación no se tolera? Entre tanto, no está de más tomar medidas de manera ordenada y consultando a los socios.
Preocupación en Baleares por la llegada de la primera patera
Dadas las condiciones geográficas, parece poco probable que Baleares se canarice. Pero nada me importa el nombre del archipiélago. Lo que nos debe preocupar es que los inmigrantes que efectivamente nos mandan las mafias marroquíes no pierdan, sobre los ahorros, la vida en el intento. O evitamos que pateras y cayucos lleguen a zarpar –y ahí son indispensables la honradez, la decisión y la cooperación internacional– o acogemos a los llegados como es debido. En Baleares, en Canarias o en Honolulu. Última Hora.
Lo que seguramente urge más en Europa es castigar con dureza a quienes emplean de forma irregular a los inmigrantes y se ahorran las cotizaciones a las que esos trabajadores, por morenos que sean, tienen derecho y que, además, necesitamos si queremos seguir financiando nuestras pensiones. Estas prácticas sí atraen inmigrantes, mucho más que cualquier regularización masiva: ¿quién emigraría sin papeles a un país donde la explotación no se tolera? Entre tanto, no está de más tomar medidas de manera ordenada y consultando a los socios.
Preocupación en Baleares por la llegada de la primera patera
Dadas las condiciones geográficas, parece poco probable que Baleares se canarice. Pero nada me importa el nombre del archipiélago. Lo que nos debe preocupar es que los inmigrantes que efectivamente nos mandan las mafias marroquíes no pierdan, sobre los ahorros, la vida en el intento. O evitamos que pateras y cayucos lleguen a zarpar –y ahí son indispensables la honradez, la decisión y la cooperación internacional– o acogemos a los llegados como es debido. En Baleares, en Canarias o en Honolulu. Última Hora.
05 noviembre 2006
Oportunidad histórica
Tras las elecciones catalanas (43% de abstención, 60.000 votos en blanco, tres escaños para Ciutadans-Partit de la Ciutadania), comienza el trapicheo entre los partidos políticos tradicionales. Que los catalanes hayan castigado con claridad meridiana a los miembros principales del Tripartito y a los promotores de un Estatuto que se aprobó con el apoyo de sólo un tercio del electorado no impedirá que los políticos profesionales negocien su futuro inmediato sin mirar qué significa todo esto, sino únicamente cuántos votos pueden sumar y a cambio de qué.
Ciudadanos es un partido con cuatro meses de antigüedad, dirigido por políticos no profesionales y ninguneado absolutamente por los medios de comunicación a excepción de El Mundo y la COPE (con amigos así, para qué queremos enemigos…). Que una formación de estas características haya accedido al Parlament con tres escaños es toda una revolución que los partidos tradicionales y sus medios de comunicación afines se han cuidado mucho de ponderar. Esta formación, avalada por un grupo de intelectuales enemigos de la perniciosa uniformidad nacionalista, no va a contar a la hora de formar mayorías, pero por primera vez hara oír palabras de cambio en el Parlament. La imposibilidad aritmética de determinar voluntades mayoritarias va a dar a Albert Rivera y sus dos compañeros –así lo esperamos– libertad para dar voz a esos ciudadanos que, hastiados del delirio nacional catalán, de la ficción del enfrentamiento entre lenguas y de una corrupción (el famoso tres por ciento) asumida por todos los partidos, han preferido votarles o bien abstenerse o votar en blanco. Dependerá de Ciutadans que su éxito actual fructifique dentro de cuatro años en un mayor apoyo de los catalanes o en una nueva decepción. Última Hora.
Ciudadanos es un partido con cuatro meses de antigüedad, dirigido por políticos no profesionales y ninguneado absolutamente por los medios de comunicación a excepción de El Mundo y la COPE (con amigos así, para qué queremos enemigos…). Que una formación de estas características haya accedido al Parlament con tres escaños es toda una revolución que los partidos tradicionales y sus medios de comunicación afines se han cuidado mucho de ponderar. Esta formación, avalada por un grupo de intelectuales enemigos de la perniciosa uniformidad nacionalista, no va a contar a la hora de formar mayorías, pero por primera vez hara oír palabras de cambio en el Parlament. La imposibilidad aritmética de determinar voluntades mayoritarias va a dar a Albert Rivera y sus dos compañeros –así lo esperamos– libertad para dar voz a esos ciudadanos que, hastiados del delirio nacional catalán, de la ficción del enfrentamiento entre lenguas y de una corrupción (el famoso tres por ciento) asumida por todos los partidos, han preferido votarles o bien abstenerse o votar en blanco. Dependerá de Ciutadans que su éxito actual fructifique dentro de cuatro años en un mayor apoyo de los catalanes o en una nueva decepción. Última Hora.
22 octubre 2006
Enhorabuena, machotes
Cuando conocí las dificultades que arrostra Moshé Katzav, sospechoso de haber cometido numerosos delitos durante su servicio como ministro de Turismo y, luego, como presidente del estado de Israel –entre ellos, varios de carácter sexual–, por culpa de periodistas que andan husmeando en la actuación de las personas públicas, dos reflexiones me vinieron a la cabeza. La primera, cuán impensable sería un escenario semejante en prácticamente cualquier estado musulmán de la actualidad: imaginar la posibilidad de que un importante dirigente saudí o sirio pasase por tales apuros da mucha risa. Mi segundo pensamiento fue el siguiente: ¿no temen por su seguridad los periodistas que denunciaron los abusos del mandatario? El recuerdo de Rusia, donde los profesionales de la prensa frecuentemente son asesinados tras denunciar las tropelías del gobierno de Vladimir Putin o de sus títeres regionales, era inevitable. Ambas comparaciones me obligan, enemigo del sionismo como soy, a reconocer el feliz grado de libertad que, pese a las profundas bases irracionales en que arraiga el estado judío, hace que podamos hablar de democracia real en aquel país.
Hoy sabemos que el mencionado Putin, creyendo que ningún micrófono escuchaba, bromeó sobre el caso Katzav con el primer ministro israelí, de visita en Moscú. “¡Qué machote! ¡Violar a diez mujeres! Transmítale mis saludos, todos le envidiamos”. Estas palabras no requieren comentario, pero qué le vamos a hacer: la repugnancia que me inspiran Katzav, Putin y todos los que son como ellos y la conciencia de que aún son muchos los que piensan como ellos me impiden callar. Tengo que decírselo: Moshé Katzav, señor Putin, no es un machote. Es, si lo prueban los tribunales, un criminal. Y usted un enorme hijo de la gran Rusia. Última Hora.
Hoy sabemos que el mencionado Putin, creyendo que ningún micrófono escuchaba, bromeó sobre el caso Katzav con el primer ministro israelí, de visita en Moscú. “¡Qué machote! ¡Violar a diez mujeres! Transmítale mis saludos, todos le envidiamos”. Estas palabras no requieren comentario, pero qué le vamos a hacer: la repugnancia que me inspiran Katzav, Putin y todos los que son como ellos y la conciencia de que aún son muchos los que piensan como ellos me impiden callar. Tengo que decírselo: Moshé Katzav, señor Putin, no es un machote. Es, si lo prueban los tribunales, un criminal. Y usted un enorme hijo de la gran Rusia. Última Hora.
08 octubre 2006
Qué poco sentido del humor tengo
Estos chicos tan simpáticos que se atribuyeron el robo del sillón del escaño de Zapatero y colgaron la presunta prueba en Internet decían hacerlo en apoyo de una campaña contra el hambre en el mundo que, a grandes rasgos, consiste en salir todos a la calle en una fecha establecida y manifestarse poniéndose en pie. El funcionario que les granjeó la entrada al Congreso está ahora expedientado e investigado por la Fiscalía General. La empresa que produjo el vídeo –y que antes lanzó el famoso Amo a Laura para la MTV– había recibido el encargo de la ONU en España. El País y los telediarios destacan el caso, millones de internautas hacen comentarios en los blogs y todos le damos vueltas al asunto. Hasta que pasado mañana nos ofrezcan otro chiste.
Me pregunto: ¿por qué la ONU gasta sus dineros en promover sandeces? ¿Somos todos tan frívolos o mentecatos que nos creemos que se combate el hambre en el mundo secundando una consigna para adolescentes, propagada vía Internet y celebrada como si se tratase de la última broma del Cuñao en el YouTube? Es más, ¿creemos que poniéndonos de pie un mediodía y luego yéndonos a nuestras casas salvamos una sola vida? ¿Basamos nuestro compromiso social en actuaciones efímeras que en vez de requerir nuestro esfuerzo nos procuren diversión? ¿Pensó la empresa publicitaria en algo que no fuera su propio currículum? ¿Qué opinarían de estas cosas tan divertidas y modernas, si tuvieran acceso a Internet, los cientos de miles de personas que van a morir de hambre en el mundo entre hoy y mañana?
El funcionario al que engañaron estos ingeniosos ha de ser castigado duramente. Pero no por quebrantar la seguridad del Congreso, no. Por memo. Última Hora. Luke.
Me pregunto: ¿por qué la ONU gasta sus dineros en promover sandeces? ¿Somos todos tan frívolos o mentecatos que nos creemos que se combate el hambre en el mundo secundando una consigna para adolescentes, propagada vía Internet y celebrada como si se tratase de la última broma del Cuñao en el YouTube? Es más, ¿creemos que poniéndonos de pie un mediodía y luego yéndonos a nuestras casas salvamos una sola vida? ¿Basamos nuestro compromiso social en actuaciones efímeras que en vez de requerir nuestro esfuerzo nos procuren diversión? ¿Pensó la empresa publicitaria en algo que no fuera su propio currículum? ¿Qué opinarían de estas cosas tan divertidas y modernas, si tuvieran acceso a Internet, los cientos de miles de personas que van a morir de hambre en el mundo entre hoy y mañana?
El funcionario al que engañaron estos ingeniosos ha de ser castigado duramente. Pero no por quebrantar la seguridad del Congreso, no. Por memo. Última Hora. Luke.
26 septiembre 2006
Las palabras del papa
Ignoro el número de víctimas e incidentes que habrán causado cuando estas líneas se publiquen las recientes palabras de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona. Resumiendo mucho: los islamistas del mundo se sublevan porque el papa ha ofendido al islam citando a Manuel II Paleólogo: “Muéstrame lo que Mahoma ha traído de nuevo y encontrarás solamente cosas malvadas e inhumanas, como su orden de difundir la fe por medio de la espada”. Considerando el texto completo de la alocución del papa a los científicos alemanes, cualquier bachiller de antes de la LOGSE entendería que no se trata de un ataque al islam. Porque fundamentalmente es una llamada a que la ciencia abjure del empirismo puro y asuma la necesidad de asociar espíritu y materia, y una defensa de la razón teológica que, asegura, contribuiría al diálogo entre culturas mejor que nuestro actual laicismo; y, a propósito, un elogio de la razón-palabra (logos) frente a la arbitrariedad y la violencia (y de ahí la cita). El discurso reconoce explícitamente que el argumento del docto emperador bizantino obvia otro precepto del Corán (“ninguna coacción en cosas de fe”) y, por tanto, niega la condición intrínsecamente violenta del islam, al que finalmente tiende la mano también de forma explícita. No cabe duda de que la lección del papa se inclina argumentalmente en favor del cristianismo; pero es que sólo faltaba.
En esa línea conservadoramente ecuménica y antiempirista, esa misma mañana había menospreciado la teoría de la evolución como “irracional”, en una misa de catequesis ante 250.000 fieles. Pero la globalización periodística, al servicio de los líderes de opinión de un islam resentido contra Occidente y esencialmente perverso, prefiere que una frase alienada de su contexto provoque la furia de los ayatolas (y la crítica de una Izquierda Unida absurda que, sin embargo, nada ha dicho de los contenidos antievolucionistas...). Este islam no es el de los reyes poetas sevillanos, el de Averroes, el de Omar Jayam, el de los muchos millones de musulmanes que también aprobaron el bachillerato y son decentes y pacíficos. Esto es su versión más violenta e irracional: la que el papa rechaza. Y yo, en esto y sin que sirva de precedente, estoy con él. Última Hora.
Postdata. Una propuesta inteligente y divertida a propósito del actual conflicto entre islam y cristiandad, con frecuente referencia a la actualidad más relevante y, por consiguiente en los últimos días, al asunto del presente artículo, lo encontramos en las tiras cómicas de Jesus and Mo. Imprescindibles.
En esa línea conservadoramente ecuménica y antiempirista, esa misma mañana había menospreciado la teoría de la evolución como “irracional”, en una misa de catequesis ante 250.000 fieles. Pero la globalización periodística, al servicio de los líderes de opinión de un islam resentido contra Occidente y esencialmente perverso, prefiere que una frase alienada de su contexto provoque la furia de los ayatolas (y la crítica de una Izquierda Unida absurda que, sin embargo, nada ha dicho de los contenidos antievolucionistas...). Este islam no es el de los reyes poetas sevillanos, el de Averroes, el de Omar Jayam, el de los muchos millones de musulmanes que también aprobaron el bachillerato y son decentes y pacíficos. Esto es su versión más violenta e irracional: la que el papa rechaza. Y yo, en esto y sin que sirva de precedente, estoy con él. Última Hora.
Postdata. Una propuesta inteligente y divertida a propósito del actual conflicto entre islam y cristiandad, con frecuente referencia a la actualidad más relevante y, por consiguiente en los últimos días, al asunto del presente artículo, lo encontramos en las tiras cómicas de Jesus and Mo. Imprescindibles.
12 septiembre 2006
Justicia poética en Paraguay
Cuando hace ya casi un mes que murió el dictador paraguayo Alfredo Stroessner, me llegan los ecos del reportaje que The Boston Globe le hizo a Teresa Méndez-Faith, la hija de uno de sus máximos opositores, fallecido en el exilio en 1985, esto es, cuatro años antes de que el general fuese destituido tras treinta y cinco años de tiranía. Acompaña el reportaje un documentado pase de diapositivas. Coincidiendo con ello, New England Cable News emitió una entrevista con la profesora paraguaya. Pero la mejor información sobre el caso de Epifanio Méndez Fleitas, a mi juicio, la dio en la primavera de 2005 la revista de los alumnos del centro universitario donde ejerce su tarea docente su hija, Saint Anselm College (Manchester, New Hampshire). Se trata de un trabajo muy completo firmado por Laurie Morrissey para Portraits.
Aunque de nuevo un dictador haya muerto en la tranquilidad de su cama, algo consuela el hecho de que la extinción en Brasil del protector de Mengele recibiese sólo la indiferencia de sus paisanos (y víctimas durante treinta y cinco años), mientras que los restos mortales de Epifanio Méndez Fleitas recibieron a su retorno a Paraguay en 2004 la bienvenida triunfal que se da a los héroes de la patria. Su hija lo llama justicia poética; que, a falta de justicia de la otra, no es poca cosa.
Epifanio Méndez Fleitas y su familia en 1955
Aunque de nuevo un dictador haya muerto en la tranquilidad de su cama, algo consuela el hecho de que la extinción en Brasil del protector de Mengele recibiese sólo la indiferencia de sus paisanos (y víctimas durante treinta y cinco años), mientras que los restos mortales de Epifanio Méndez Fleitas recibieron a su retorno a Paraguay en 2004 la bienvenida triunfal que se da a los héroes de la patria. Su hija lo llama justicia poética; que, a falta de justicia de la otra, no es poca cosa.
El general golpista, responsable de innumerables crímenes,
en los años ochenta (Reuters).
en los años ochenta (Reuters).
10 septiembre 2006
Soldados españoles en el Líbano
Un hecho que parece cierto, en el caso de que la llama vuelva a prender en el Líbano, es la inoperatividad de las tropas interpuestas: la guerrilla proiraní ha declarado su intención de no deponer las armas, y al ejército israelí no le temblará el pulso para, en caso necesario, defender sus intereses estratégicos con contundencia. Mientras, el ejército libanés, que comparte con las tropas de la ONU el despliegue al sur del Litani, no tiene capacidad, ni entrenamiento, ni recursos para el cumplimiento de esa misión; y los cascos azules son escasos –sorprende la falta de compromiso de todos, pero sobre todo la de una Francia históricamente ligada al Líbano, que pretendió liderar la respuesta occidental al conflicto y que mantiene cuantiosos contingentes militares en cinco continentes– y provienen de países que no encajarán fácilmente que sus soldados hagan aquello para lo que se les paga y que, en cambio, la sociedad israelí y los integristas libaneses tienen perfectamente asumido: dar la vida en cumplimiento del deber.
Al analizar las posibilidades de éxito de la misión de Naciones Unidas tampoco hay que olvidar la beligerancia que han manifestado algunos personajes que por su posición deberían haber guardado otras formas; en particular la de Kofi Annan, que sorprende dada su pasividad en otros frentes (el Sáhara Occidental, sin ir más lejos). En ese sentido, no fue ejemplo de buen juicio aquel retrato de Zapatero con pañuelo palestino al cuello, y sí es natural la satisfacción hecha pública por algún dirigente chií ante el compromiso militar español. El enorme desprecio que por las vidas de los habitantes del Líbano meridional han demostrado los combatientes podría extenderse un día a los soldados interpuestos, tal vez especialmente para los enviados por gobiernos poco neutrales.
Frente a la impúdica asunción de los postulados imperiales norteamericanos por José María Aznar, Zapatero acierta al invertir los recursos militares de España en una misión internacional de paz legalmente constituida. Sin embargo, debería habernos advertido bien de que podría tratarse de la misión más arriesgada en que se haya visto implicado el ejército español desde 1921. Y no hablemos de la siempre necesaria sutileza diplomática, que el gobierno Zapatero parece desconocer en cuanta ocasión se le presenta... Por algo remoloneaba la poderosa Francia. Última Hora.
Al analizar las posibilidades de éxito de la misión de Naciones Unidas tampoco hay que olvidar la beligerancia que han manifestado algunos personajes que por su posición deberían haber guardado otras formas; en particular la de Kofi Annan, que sorprende dada su pasividad en otros frentes (el Sáhara Occidental, sin ir más lejos). En ese sentido, no fue ejemplo de buen juicio aquel retrato de Zapatero con pañuelo palestino al cuello, y sí es natural la satisfacción hecha pública por algún dirigente chií ante el compromiso militar español. El enorme desprecio que por las vidas de los habitantes del Líbano meridional han demostrado los combatientes podría extenderse un día a los soldados interpuestos, tal vez especialmente para los enviados por gobiernos poco neutrales.
Frente a la impúdica asunción de los postulados imperiales norteamericanos por José María Aznar, Zapatero acierta al invertir los recursos militares de España en una misión internacional de paz legalmente constituida. Sin embargo, debería habernos advertido bien de que podría tratarse de la misión más arriesgada en que se haya visto implicado el ejército español desde 1921. Y no hablemos de la siempre necesaria sutileza diplomática, que el gobierno Zapatero parece desconocer en cuanta ocasión se le presenta... Por algo remoloneaba la poderosa Francia. Última Hora.
13 agosto 2006
Cuba, Estados Unidos, España
No se demoraron, tras publicarse la baja del sátrapa cubano, las declaraciones del congresista por Florida Lincoln Díaz-Balart, sobrino de la primera mujer de Castro y significado ultraconservador, no sólo por sus antecedentes familiares batistianos y su lógica oposición a Castro, sino también por su habitual defensa de los intereses de aliados como Marruecos o Israel. El cinco de agosto Díaz-Balart instó a su gobierno a presionar hacia “una transición democrática en Cuba”, criticando la orientación del gobierno español en esa materia. Sin embargo, parece que lo que más teme el gobierno norteamericano en estos momentos es la avalancha de inmigrantes que se prevé al menor signo de apertura del régimen caribeño.
Se impone la paciencia, como ha recordado Andrés Oppenheimer, editor de The Miami Herald y columnista de más de cuarenta importantes diarios del continente, premio Pulitzer, analista político de la CNN, autor, entre otros, del libro La hora final de Castro (1993) y sin duda uno de los periodistas más influyentes de Hispanoamérica, en quien podemos reconocer la voz del anticastrismo inteligente. En ese sentido, acaba de hacerle al presidente Bush cinco recomendaciones: mantener un “perfil bajo” en sus declaraciones; autorizar los contactos directos con La Habana; preparar un fondo de reconstrucción de Cuba o, como dice con más cinismo, “unas zanahorias para poner sobre la mesa”; iniciar ya los necesarios “cabildeos” en el Congreso; y actuar de común acuerdo con Europa e Iberoamérica. También Oppenheimer insiste en la importancia del papel de España y lamenta que Bush haya desoído las llamadas del presidente Zapatero. Posiblemente éste no sea el estadista que los cubanos desearían ver al frente del gobierno español, pero aún queda tiempo para encarar la situación con inteligencia y justicia. Ojalá. Última Hora.
Se impone la paciencia, como ha recordado Andrés Oppenheimer, editor de The Miami Herald y columnista de más de cuarenta importantes diarios del continente, premio Pulitzer, analista político de la CNN, autor, entre otros, del libro La hora final de Castro (1993) y sin duda uno de los periodistas más influyentes de Hispanoamérica, en quien podemos reconocer la voz del anticastrismo inteligente. En ese sentido, acaba de hacerle al presidente Bush cinco recomendaciones: mantener un “perfil bajo” en sus declaraciones; autorizar los contactos directos con La Habana; preparar un fondo de reconstrucción de Cuba o, como dice con más cinismo, “unas zanahorias para poner sobre la mesa”; iniciar ya los necesarios “cabildeos” en el Congreso; y actuar de común acuerdo con Europa e Iberoamérica. También Oppenheimer insiste en la importancia del papel de España y lamenta que Bush haya desoído las llamadas del presidente Zapatero. Posiblemente éste no sea el estadista que los cubanos desearían ver al frente del gobierno español, pero aún queda tiempo para encarar la situación con inteligencia y justicia. Ojalá. Última Hora.
30 julio 2006
El Líbano no es para simples
El embrollo no puede ser más complicado. A la simpleza de reducir el actual conflicto a una fase más del ya centenario enfrentamiento judeoárabe se opone una realidad cuajada de contradicciones. Hezbolá ha sido condenada por un jeque cuvaití y recientemente objeto de una fetua dictada por otro saudí. Los gobiernos árabes se lavan las manos ante lo que parece, como ha señalado muy acertadamente Marcos Aguinis en La Nación [véase aquí su artículo], una operación de limpieza en que Israel pone la escoba y los regímenes sunníes aplauden disimuladamente; y es que Hezbolá es uno de los brazos más activos y sanguinarios del Irán de los ayatolás, y no olvidemos que el islam chií aspira a la restauración del califato. El régimen sirio, de orientación laica, apoya a los fanáticos de Hamás y Hezbolá en su oposición a la existencia tanto de Israel como de Palestina (la Gran Siria sigue en su horizonte). Europa y los Estados Unidos asignan a la ONU el papel de coartada. Israel ni se inmuta y sigue asesinando civiles.
Entre tanto, el presidente Zapatero, que debió dejar de leer en 1989, se coloca el kefieh palestino y luego recula y dice que se trata de un gesto sin importancia; dados el simbolismo enorme del pañuelo a cuadros y los innumerables muertos a que va asociado, uno no puede imaginar a qué dará importancia este señor. El inefable Blanco ofende a Israel, estado al que pese a su sistemático desprecio del derecho internacional llamamos amigo, y luego se ve igualmente obligado a envainársela... Por fortuna, absolutamente nadie en el ámbito internacional toma en serio lo que diga el gobierno español; si no fuera así, quizá nos hallaríamos ante una delicada situación. Última Hora.
Entre tanto, el presidente Zapatero, que debió dejar de leer en 1989, se coloca el kefieh palestino y luego recula y dice que se trata de un gesto sin importancia; dados el simbolismo enorme del pañuelo a cuadros y los innumerables muertos a que va asociado, uno no puede imaginar a qué dará importancia este señor. El inefable Blanco ofende a Israel, estado al que pese a su sistemático desprecio del derecho internacional llamamos amigo, y luego se ve igualmente obligado a envainársela... Por fortuna, absolutamente nadie en el ámbito internacional toma en serio lo que diga el gobierno español; si no fuera así, quizá nos hallaríamos ante una delicada situación. Última Hora.
02 julio 2006
Creer o saber
Una amiga me comenta sus avances en su curso de masaje. Ha aprendido a darlos con ciertos principios de fisioterapia y de anatomía muy correctos; sin embargo, al mismo tiempo se va introduciendo en el terreno de las creencias infundadas que en determinados ambientes cumplen el papel del conocimiento científico. Mi amiga ahora quiere aprender reflexología podal (por ejemplo, para curar una migraña mediante la manipulación de los pulgares de los pies) y, cuando uno opina que esto es un cuento, cierra el debate algo ofendida con una afirmación: “pues yo me lo creo”.
Sorprenden estas fes, cada vez más frecuentes en personas con estudios superiores, intereses artísticos y aparentemente capaces de manejar sus vidas en términos racionales. El “me lo creo” sustituye a todo razonamiento basado en el método científico, arrinconado éste por retóricas pseudocientíficas tan absurdas como las que pregonan la existencia del chi o energía natural del universo, un concepto perfectamente ajeno a la realidad empírica. Jamás entregaríamos a un charlatán nuestra gestión financiera, porque no se asocia placebo a la compra de acciones sin valor; pero sí nuestra salud. Contribuyen a esto el extendido prestigio de toda tradición que no sea la nuestra, obviando que ha sido la medicina occidental la que ha erradicado en Asia plagas y enfermedades que las medicinas orientales jamás habían combatido eficazmente; y el componente psicoterapéutico o de consuelo que presentan estas prácticas a medio camino entre la filosofía y la mitología. Lo cual no impide que quienquiera que haga valer su pensamiento crítico perciba claramente que acupuntura, homeopatía y reflexología no sanan: medran sólo en la confluencia de un crédulo y un embaucador, como el tarot, la astrología o los embustes de Iker Jiménez. Última Hora. Luke.
Sorprenden estas fes, cada vez más frecuentes en personas con estudios superiores, intereses artísticos y aparentemente capaces de manejar sus vidas en términos racionales. El “me lo creo” sustituye a todo razonamiento basado en el método científico, arrinconado éste por retóricas pseudocientíficas tan absurdas como las que pregonan la existencia del chi o energía natural del universo, un concepto perfectamente ajeno a la realidad empírica. Jamás entregaríamos a un charlatán nuestra gestión financiera, porque no se asocia placebo a la compra de acciones sin valor; pero sí nuestra salud. Contribuyen a esto el extendido prestigio de toda tradición que no sea la nuestra, obviando que ha sido la medicina occidental la que ha erradicado en Asia plagas y enfermedades que las medicinas orientales jamás habían combatido eficazmente; y el componente psicoterapéutico o de consuelo que presentan estas prácticas a medio camino entre la filosofía y la mitología. Lo cual no impide que quienquiera que haga valer su pensamiento crítico perciba claramente que acupuntura, homeopatía y reflexología no sanan: medran sólo en la confluencia de un crédulo y un embaucador, como el tarot, la astrología o los embustes de Iker Jiménez. Última Hora. Luke.
18 junio 2006
No se llamaba España
Érase una vez un país que sufrió un terrible atentado terrorista. Tres días después estaban previstas elecciones. El líder de la oposición se hizo una foto al lado del presidente del gobierno y prohibió a sus seguidores hacer uso partidista de las luctuosas circunstancias. Así y todo, la ciudadanía castigó la colaboración del gobierno en la invasión ilegal de otro país y el líder de la oposición ganó las elecciones con un margen brevísimo.
En su programa, el nuevo presidente proponía iniciativas que afectaban de forma importante a la estructuración del estado y al concepto de nación y que eran cuestionadas por amplísimos sectores de la ciudadanía. Por sí solo, el partido del nuevo presidente no reunía escaños suficientes, pero si unía sus fuerzas a las de un partido muy minoritario, situado explícitamente contra la misma existencia del estado, podría formar mayoría. Sin duda ello le costaría concesiones impopulares, que no contribuirían a cicatrizar las heridas recién sufridas, pero tendría el poder asegurado. Mas el presidente electo era un estadista responsable y comprendió que su victoria se había producido en circunstancias muy extraordinarias y que las elecciones no son un cheque en blanco. En lugar de aprovechar la ocasión, decidió consultar a todos los partidos y formar un gobierno de concentración nacional en que estuviese representado el arco más amplio posible del electorado. El nuevo presidente y sus socios coyunturales emplearon sus esfuerzos en esclarecer con urgencia lo acaecido, porque lo consideraban una prioridad nacional, y pospusieron toda reforma que no fuera asumida por todos. Al cabo de dos años, con la sombra del atentado lejos y la atmósfera política normalizada, el presidente convocó unas nuevas elecciones y las ganó en paz. Última Hora.
En su programa, el nuevo presidente proponía iniciativas que afectaban de forma importante a la estructuración del estado y al concepto de nación y que eran cuestionadas por amplísimos sectores de la ciudadanía. Por sí solo, el partido del nuevo presidente no reunía escaños suficientes, pero si unía sus fuerzas a las de un partido muy minoritario, situado explícitamente contra la misma existencia del estado, podría formar mayoría. Sin duda ello le costaría concesiones impopulares, que no contribuirían a cicatrizar las heridas recién sufridas, pero tendría el poder asegurado. Mas el presidente electo era un estadista responsable y comprendió que su victoria se había producido en circunstancias muy extraordinarias y que las elecciones no son un cheque en blanco. En lugar de aprovechar la ocasión, decidió consultar a todos los partidos y formar un gobierno de concentración nacional en que estuviese representado el arco más amplio posible del electorado. El nuevo presidente y sus socios coyunturales emplearon sus esfuerzos en esclarecer con urgencia lo acaecido, porque lo consideraban una prioridad nacional, y pospusieron toda reforma que no fuera asumida por todos. Al cabo de dos años, con la sombra del atentado lejos y la atmósfera política normalizada, el presidente convocó unas nuevas elecciones y las ganó en paz. Última Hora.
04 junio 2006
Los asesinatos de Ishaqi
La vida de un combatiente no vale menos que la de un civil; pero el que dispara contra un soldado, al menos, respeta las normas que en un contexto tan alterado como la guerra nos permite hablar de respeto de la ley, justicia y todas esas zarandajas con las que queremos diferenciarnos de los niños y de las fieras. Si entendemos que toda muerte causada por el hombre constituye una tragedia, ésta pierde cualquier vestigio de moralidad cuando la muerte deja de contemplarse como un mal menor para ser percibida como un fin en sí. No hay nada más perverso ni más torpe que una tragedia sin catarsis.
El vídeo de la BBC con que nos desayunamos anteayer viene a confirmar (tras Abu Graib, tras Haditha, tras todas las matanzas conocidas y por conocer) que en Irak se han perdido los precarios referentes morales que movían a algunos de los que apoyaron o han participado en la ocupación de Irak. La precipitación, la ansiedad, el deseo de venganza y el nihilismo que se instalan en las tropas tras años de una guerra sin cuartel, sin popularidad y sin visos de solución hacen que cada día que pasa Irak se asemeje más a Vietnam. Más de treinta mil civiles muertos y un puesto a la cabeza de la lista de violadores de los derechos humanos en el último informe anual de Amnistía Internacional colocan al gobierno Bush en sus horas más bajas. La resistencia iraquí, mientras, atenta a diario contra las instalaciones petrolíferas del país, cuya producción ha descendido en picado junto con la inversión internacional. Los invasores ni siquiera han alcanzado el que era su objetivo estratégico: ¿cómo van a justificar sus crímenes? Última Hora.
El vídeo de la BBC con que nos desayunamos anteayer viene a confirmar (tras Abu Graib, tras Haditha, tras todas las matanzas conocidas y por conocer) que en Irak se han perdido los precarios referentes morales que movían a algunos de los que apoyaron o han participado en la ocupación de Irak. La precipitación, la ansiedad, el deseo de venganza y el nihilismo que se instalan en las tropas tras años de una guerra sin cuartel, sin popularidad y sin visos de solución hacen que cada día que pasa Irak se asemeje más a Vietnam. Más de treinta mil civiles muertos y un puesto a la cabeza de la lista de violadores de los derechos humanos en el último informe anual de Amnistía Internacional colocan al gobierno Bush en sus horas más bajas. La resistencia iraquí, mientras, atenta a diario contra las instalaciones petrolíferas del país, cuya producción ha descendido en picado junto con la inversión internacional. Los invasores ni siquiera han alcanzado el que era su objetivo estratégico: ¿cómo van a justificar sus crímenes? Última Hora.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

