La historia empieza como un chiste de Chiquito de la Calzada: ese marciano que aterriza su nave en la Plaza de Colón de Madrid... Bien, no hace falta que sea extraterrestre. Basta un persa, como el personaje de Miquel Porta Perales. Un observador extranjero que llega, en este caso, a Madrid el 9 de abril de 2011 y se encuentra a muchos miles de personas manifestándose. Pasea un rato, lo observa todo e, intrigado, detiene a un paisano para informarse y mantienen esta conversación:
--Muy buenas. ¿Me podría decir a qué se debe esta concentración de gente?
--Es una manifestación.
--Ya, ya veo. ¿Y qué piden?
--Es una manifestación contra ETA.
--¿Qué es ETA?
--Una organización de delincuentes, de terroristas.
--Pero... entonces, ¿por qué gritan contra el Gobierno?
--Porque no quieren que el Gobierno permita que ETA se presente a unas elecciones.
--¿Es que el Gobierno es amigo de unos terroristas...?
--No, qué va... Detiene a los terroristas siempre que puede.
--Entonces, ¿qué tiene que ver el Gobierno con que los delincuentes de presenten a unas elecciones? Eso no será cosa de los jueces, la Junta Electoral, la policía...?
--Sí, pero es que en España no se sabe muy bien dónde están los límites entre todas esas cosas que usted cita...
--¿Es posible? Pero, en todo caso, el Gobierno persigue a los delincuentes, ¿no?
--Sí. Bueno...
--¿Bueno...?
--Bueno, a veces negocia con ellos.
--¿En serio? ¿Con los delincuentes? ¿Y qué negocia? Al menos dejarán de delinquir mientras negocian, ¿no?
--No. Siguen extorsionando y también matan, pero poco. Sólo cuando pueden, ¿entiende?
--No sé si me gustaría. Pero bueno, en general, el Gobierno persigue a los terroristas, ¿no?
--Bueno...
--¿...?
--Algunas veces les ayuda a escapar de la policía.
--¿Cómo?
--Revelando los movimientos de la policía a los terroristas antes de que los detengan. Bueno, eso dicen algunos, ¿eh?
--¿Y los fiscales no dicen nada?
--El jefe de los fiscales lo nombra el Gobierno. Pero es independiente, no se crea.
--Pero habrá un parlamento y dirá algo, ¿no?
--En realidad hay dieciocho parlamentos, y sí, dicen cosas.
--¿Como qué?
--Pues, por ejemplo, el parlamento del País Vasco...
--Disculpe, ya sabe que soy extranjero.
--El sitio donde más delitos comete ETA.
--Ahora sí.
--Pues ese parlamento acaba de equiparar a los de ETA con la policía.
--¿Y eso cómo es?
--Diciendo que además de las víctimas del terrorismo también existen "víctimas de motivación política".
--Y ¿eso qué es?
--Pues, más o menos, cuando a la Guardia Civil se le va la mano. O a los jueces, yo no sé muy bien... El genocidio del pueblo vasco, ya sabe.
--O sea, que equiparan a la policía y a los jueces con los delincuentes...
--Eso es; ya veo que me va entendiendo.
--No esté tan seguro. Y ¿los ciudadanos de ese País Vasco siguen votando a esos parlamentarios?
--Y tanto.
--Vamos a ver si lo he entendido bien. Todas estas personas son enemigos de los terroristas, pero también del Gobierno. No obstante, una y otra vez eligen parlamentos y gobiernos que a veces persiguen a los terroristas y a veces colaboran con ellos. Consienten en pagar al mismo tiempo los sueldos de los jueces y policías y los de los políticos que impiden que esos jueces y policías hagan su trabajo correctamente y que a veces incluso llegan a equipararlos con los delincuentes. Cada cuatro años se pasan meses discutiendo de nuevo si los terroristas deben presentarse o no a las elecciones, de manera que los delincuentes son de hecho un actor político de suma importancia, ya que marcan la agenda, aparecen todos los días en las portadas de los diarios, por su causa se convocan grandes manifestaciones, se tolera que las instituciones y poderes del Estado se pierdan el respeto las unas a las otras, se pierden y se ganan mayorías en los ayuntamientos y, por si fuera poco, se define más allá de lo que dictan el diccionario y el sentido común qué es víctima, qué es genocidio, qué es terrorismo... En definitiva, toda esta gente se manifiesta porque desconfía de los malos y no puede confiar en los buenos. ¿Es así?
--Hmmmm... Creo que sí, que es como usted dice. Pero en España se vive muy bien, ¿sabe usted? Lo dice una encuesta que hay por ahí.
--Ya. Oiga, ¿me permite otra pregunta?
--Cómo no, está usted en su casa.
--Mire, ¿a usted le parece que todos estos comportamientos encierran algún contenido ético? ¿Cree que las cosas están bien así?
--¿Cómo dice? Verá, es que yo ya estudié con la LOGSE.
--Pero se informará, ¿no?
--Hombre, claro; nunca me pierdo los debates de La Noria.
--Pues nada: muchas gracias, y que usted lo disfrute. Adiós.
-----
De vuelta en casa, el observador marciano -o persa- presenta un informe. En él concluye: "España es un país enigmático. Ignora los cauces formales de la democracia e ignora los términos éticos mínimos en que ha de plantearse el debate público. Los españoles no entienden nada de lo que les sucede, ni parece importarles; es como si hubieran regresado a una fase prerracional y lo fiasen todo a sus dioses, pese a que también demuestran poco aprecio por éstos. Aparentemente viven felices en la irresponsabilidad más absoluta. España necesita unos políticos que, para ser elegidos, prometan erradicar la delincuencia de manera que quede claro quién vence y quién es derrotado, quién actuó rectamente y quién se arrepiente y debe pedir perdón; y unos ciudadanos que, pasadas las elecciones, les exijan cumplir con su promesa. Mientras todo esto no se dé, la democracia en España será en buena medida una farsa, y habrá que interpretar cualquier gesto de generosidad como flaqueza."
El marciano hizo algo de memoria antes de rematar el informe: "Al parecer, el responsable último de toda esta infrecuente situación se llama Jordi González. Seguiremos insistiendo en esa línea de investigación." El Digital de Baleares.
11 abril 2011
31 marzo 2011
Vistalegre, un paso más (o menos)
Todo me dice últimamente que el 22 de mayo la sorpresa va a ser mayúscula.
Ayer, sin ir más lejos -y sólo voy a hablar de ayer-, al dejar a los niños en el cole por la mañana, una de las mamás se arrimó y me confesó: "Mi marido y yo os vamos a votar".
Fui a arreglarme el pelo y la peluquera me dijo: "Cuenta con mi voto"; ¡y alguien que está a tus espaldas con unas tijeras en la mano no tiene necesidad alguna de mentirte!
También ayer, tenía consulta con el fisioterapeuta: acumulo toda la falta de sueño y la tensión de la precampaña en la espalda, que se me pone más dura que la cara de algunos vicepresidentes de gobierno. El fisio, mientras me machacaba el trapecio, me aseguraba: "Que sepas que mi voto lo tenéis".
Tuve una comida de trabajo con dos amigos: también votarán a UPyD, porque están convencidos de que es absolutamente necesario si es que queremos remediar los males de España.
Alguien más que me encontré me dijo, muy convencido: "Es que no os imagináis los votos que vais a tener: mucha gente está hablando de probar con UPyD, lo oigo todos los días, la sorpresa va a ser gorda".
Todo esto sólo ayer, y no precisamente durante una acción de reparto de propaganda, ni en una mesa informativa. Y es verdad que se trata de gente que te conoce; pero a esa gente le gusta el mensaje, porque de lo contrario podría callar y quedaría en paz. Y esa gente habla con otra gente...
Todo esto sólo ayer, todo esto ya antes de Vistalegre. El domingo 3, a las doce del mediodía, los asistentes a la vieja Plaza de Toros de Vistalegre -y quienes no pudiendo venir nos han apoyado- estaremos certificando que somos capaces de afrontar un desafío. Sabremos que estaremos haciendo lo que debemos hacer: tomar la política de la mano de los políticos profesionales y hacernos cargo de ella con nuestro compromiso. Aportaremos ese euro simbólico que nos viene a recordar que la política nos cuesta, nos tiene que costar, es inevitable que nos cueste: porque se trata de un compromiso civil en el que nadie nos regala nada y jamás debemos creernos que es gratuita, salvo que prefiramos ser siervos y no dueños de nuestro destino. El euro de Vistalegre significa que sabemos perfectamente que los mitines del PP y del PSOE no son gratis: los pagamos todos los ciudadanos por vías no del todo explicadas; pero sólo acuden los ya convencidos.
¿Acaso ese tipo de mítines son política? ¿No son, más bien, rediles subvencionados -también- por el contribuyente? ¿No quieren recordar a la masa su condición doméstica? Pero muchos en España preferimos el ágora al redil, y Vistalegre, que podría haber sido redil, por el miedo del PSOE a la democracia y por nuestro coraje va a ser ágora. Puede que la primera ágora -en el sentido de asamblea verdaderamente política- que se celebre en España en décadas. Puede ser un paso más camino de la nueva política. Puede que el mensaje de Vistalegre llegue a más peluqueras, a más fisioterapeutas, a más empresarios, a más madres preocupadas por el futuro de sus hijos; a más españoles conscientes de que nos jugamos mucho en los próximos comicios.
(Algunos se preguntarán: pero ¿por qué habla este de Vistalegre en primera del plural, como si fuese cosa suya? Pues por eso mismo, amigos: porque Vistalegre es mío, es nuestro. Porque nosotros lo decidimos y nosotros lo pagamos. Y porque lo afrontamos como cosa propia y no como dádiva del poderoso, ni para hacerle la ola al poderoso, sino más bien para congregar una marea ciudadana plural y libre. Vistalegre es mío.)
En fin, he de confesar que todo ello me anima mucho y, al mismo tiempo, la posibilidad casi cierta de que tengamos éxito y la responsabilidad que va asociada me asustan: hay ratos en que me pregunto por qué se me ocurriría a mí embarcarme en esta especie de torbellino que nunca cesa, con lo bien que estaría yo entre mis libros, que no me producen contracturas ni nada parecido... Pero luego veo el vídeo de Rosa dándoles leña a "ustedes y ustedes" a propósito del CGPJ y se me quitan todas las preguntas. Y veo el vídeo de convocatoria de Vistalegre y el horizonte se promete más y más ancho.
Mucho ánimo a todos mis compañeros: este domingo en Vistalegre -y perdonad la solemnidad, pero os aseguro que lo creo así- no damos ni menos ni más que todo un paso hacia nuestra madurez política como pueblo. Y la mayúscula sorpresa que algunos se llevarán en mayo será, sí, otro paso. Ni más, ni menos. Periodista Digital.
Ayer, sin ir más lejos -y sólo voy a hablar de ayer-, al dejar a los niños en el cole por la mañana, una de las mamás se arrimó y me confesó: "Mi marido y yo os vamos a votar".
Fui a arreglarme el pelo y la peluquera me dijo: "Cuenta con mi voto"; ¡y alguien que está a tus espaldas con unas tijeras en la mano no tiene necesidad alguna de mentirte!
También ayer, tenía consulta con el fisioterapeuta: acumulo toda la falta de sueño y la tensión de la precampaña en la espalda, que se me pone más dura que la cara de algunos vicepresidentes de gobierno. El fisio, mientras me machacaba el trapecio, me aseguraba: "Que sepas que mi voto lo tenéis".
Tuve una comida de trabajo con dos amigos: también votarán a UPyD, porque están convencidos de que es absolutamente necesario si es que queremos remediar los males de España.
Alguien más que me encontré me dijo, muy convencido: "Es que no os imagináis los votos que vais a tener: mucha gente está hablando de probar con UPyD, lo oigo todos los días, la sorpresa va a ser gorda".
Todo esto sólo ayer, y no precisamente durante una acción de reparto de propaganda, ni en una mesa informativa. Y es verdad que se trata de gente que te conoce; pero a esa gente le gusta el mensaje, porque de lo contrario podría callar y quedaría en paz. Y esa gente habla con otra gente...
Todo esto sólo ayer, todo esto ya antes de Vistalegre. El domingo 3, a las doce del mediodía, los asistentes a la vieja Plaza de Toros de Vistalegre -y quienes no pudiendo venir nos han apoyado- estaremos certificando que somos capaces de afrontar un desafío. Sabremos que estaremos haciendo lo que debemos hacer: tomar la política de la mano de los políticos profesionales y hacernos cargo de ella con nuestro compromiso. Aportaremos ese euro simbólico que nos viene a recordar que la política nos cuesta, nos tiene que costar, es inevitable que nos cueste: porque se trata de un compromiso civil en el que nadie nos regala nada y jamás debemos creernos que es gratuita, salvo que prefiramos ser siervos y no dueños de nuestro destino. El euro de Vistalegre significa que sabemos perfectamente que los mitines del PP y del PSOE no son gratis: los pagamos todos los ciudadanos por vías no del todo explicadas; pero sólo acuden los ya convencidos.
¿Acaso ese tipo de mítines son política? ¿No son, más bien, rediles subvencionados -también- por el contribuyente? ¿No quieren recordar a la masa su condición doméstica? Pero muchos en España preferimos el ágora al redil, y Vistalegre, que podría haber sido redil, por el miedo del PSOE a la democracia y por nuestro coraje va a ser ágora. Puede que la primera ágora -en el sentido de asamblea verdaderamente política- que se celebre en España en décadas. Puede ser un paso más camino de la nueva política. Puede que el mensaje de Vistalegre llegue a más peluqueras, a más fisioterapeutas, a más empresarios, a más madres preocupadas por el futuro de sus hijos; a más españoles conscientes de que nos jugamos mucho en los próximos comicios.
(Algunos se preguntarán: pero ¿por qué habla este de Vistalegre en primera del plural, como si fuese cosa suya? Pues por eso mismo, amigos: porque Vistalegre es mío, es nuestro. Porque nosotros lo decidimos y nosotros lo pagamos. Y porque lo afrontamos como cosa propia y no como dádiva del poderoso, ni para hacerle la ola al poderoso, sino más bien para congregar una marea ciudadana plural y libre. Vistalegre es mío.)
En fin, he de confesar que todo ello me anima mucho y, al mismo tiempo, la posibilidad casi cierta de que tengamos éxito y la responsabilidad que va asociada me asustan: hay ratos en que me pregunto por qué se me ocurriría a mí embarcarme en esta especie de torbellino que nunca cesa, con lo bien que estaría yo entre mis libros, que no me producen contracturas ni nada parecido... Pero luego veo el vídeo de Rosa dándoles leña a "ustedes y ustedes" a propósito del CGPJ y se me quitan todas las preguntas. Y veo el vídeo de convocatoria de Vistalegre y el horizonte se promete más y más ancho.
Mucho ánimo a todos mis compañeros: este domingo en Vistalegre -y perdonad la solemnidad, pero os aseguro que lo creo así- no damos ni menos ni más que todo un paso hacia nuestra madurez política como pueblo. Y la mayúscula sorpresa que algunos se llevarán en mayo será, sí, otro paso. Ni más, ni menos. Periodista Digital.
19 febrero 2011
UPyD en el Parlamento de Baleares
Las encuestas indican que los ciudadanos españoles perciben a los políticos como uno de sus principales problemas. Entrar en el Parlamento de las Islas, por tanto, no debe ser -y desde luego no es para los candidatos de UPyD- un objetivo en sí mismo, que se agote en el subsiguiente reparto de consejerías.
UPyD aspira a entrar en el Parlament para dar un soplo de aire fresco a la política balear, terminando con los abusos de la actual clase política y dando voz a lo que muchos ciudadanos piensan pero no se atreven a decir en voz alta; para impulsar la transparencia en las decisiones de los políticos, para limitar su discrecionalidad en la concesión de contratos y subvenciones, para someterlos al control efectivo de la Sindicatura de Cuentas, para proteger el bilingüismo natural en Baleares lejos de imposiciones absurdas, para respaldar un cambio de modelo educativo que posibilite la salida de la crisis...
UPyD impedirá que se repitan escenas habituales en la última legislatura: el Govern paralizado por sus divisiones, un presupuesto que ya era demasiado alegre en 2010 prorrogado para 2011, la deuda acumulada de la Comunidad duplicada, el engaño en la reducción de empresas públicas...
Una legislatura perdida para los ciudadanos, que confirman así su juicio acerca de quienes deberían gobernarlos y, en cambio, no hacen otra cosa que perjudicarles. Con UPyD entrará este aire fresco imprescindible en unas instituciones viciadas. El Digital de Baleares. Periodista Digital.
UPyD aspira a entrar en el Parlament para dar un soplo de aire fresco a la política balear, terminando con los abusos de la actual clase política y dando voz a lo que muchos ciudadanos piensan pero no se atreven a decir en voz alta; para impulsar la transparencia en las decisiones de los políticos, para limitar su discrecionalidad en la concesión de contratos y subvenciones, para someterlos al control efectivo de la Sindicatura de Cuentas, para proteger el bilingüismo natural en Baleares lejos de imposiciones absurdas, para respaldar un cambio de modelo educativo que posibilite la salida de la crisis...
UPyD impedirá que se repitan escenas habituales en la última legislatura: el Govern paralizado por sus divisiones, un presupuesto que ya era demasiado alegre en 2010 prorrogado para 2011, la deuda acumulada de la Comunidad duplicada, el engaño en la reducción de empresas públicas...
Una legislatura perdida para los ciudadanos, que confirman así su juicio acerca de quienes deberían gobernarlos y, en cambio, no hacen otra cosa que perjudicarles. Con UPyD entrará este aire fresco imprescindible en unas instituciones viciadas. El Digital de Baleares. Periodista Digital.
06 febrero 2011
El culo y las témporas
[Publicado en Omnia, núm. 175, Barcelona: Mensa España, febrero 2011, pp. 6-9.]
No hay afán de polemizar en estas líneas; no obstante, reconozco que no quedaría tranquilo si no puntualizase algunos extremos del artículo "La bandera de Aragón", publicado en el número 174 de Omnia y consistente en la traducción por Marcel Mañé Pascual de una publicación de Daniel Ibànyez y Carles Camp en el portal de la Fundació d'Estudis Històrics de Catalunya. El artículo es tan desacertado y tan falto de rigor científico que me parecía una necesidad contestar, porque no hacerlo era como dar carta de naturaleza a lo que no es sino una sarta de inexactitudes y prejuicios mal enhebrados. Ante todo, quede dicho que quien firma este texto no tiene titulación en Historia ni es experto en Heráldica; lo que hace más patente, si acaso fuese necesario tras su mera lectura, la perfecta falta de rigor del artículo en cuestión. Citaré o resumiré en negrita seis afirmaciones a las que me opongo.
1. Cierta copia de un cuadro de Filippo Ariosto es testimonio de que la Cruz de Alcoraz (cruz de San Jorge sobre plata cantonada con cuatro cabezas de moro) es el verdadero escudo de Aragón. [...] "El actual uso de las cuatro barras catalanas como bandera de la Comunidad Autónoma de Aragón es una aberración".
Para empezar, algo tendrán que decir sobre esta "aberración" los ciudadanos aragoneses, vamos, digo yo. El cuadro de Ariosto sólo probaría que, a finales del siglo XVI, alguien -Ariosto o la autoridad aragonesa que le pagaba- pensaba que ello era así o que convenía presentarlo así. En efecto, la hermosa Cruz de Alcoraz fue a partir del siglo XV uno de los signos heráldicos atribuidos privativamente al reino de Aragón (y, como veremos, al de Cerdeña), pero no el único. También lo han sido históricamente la bandera y el escudo cuatribarrados, debido a su estrecha relación política con el condado de Cataluña y los reinos de Valencia y Mallorca, y también la llamada Cruz de Íñigo Arista. Por otra parte, la Cruz de San Jorge que forma la base de la de Alcoraz está también omnipresente en la heráldica barcelonesa. Ejemplos de todo ello sobran en la heráldica, que dista mucho de ser una ciencia matemática.
2. "Es sabido que los reyes de Cataluña (con el título de Conde de Barcelona) y al mismo tiempo reyes de Aragón lucieron siempre su enseña catalana. [...] No se ha de caer en juegos semánticos que conducen a la falsa conclusión de que, por el hecho de no tener título de rey, Ramon Berenguer IV no podía ser rey ni de Catalunya ni de Aragón, y que sus descendientes sólo podían ser reyes de Aragón y no de Cataluña". [...] "Son muy numerosos los ejemplos, desde la Edad Media hasta ahora, de múltiples reinos donde el rey no tenía este título, a pesar de serlo, y tener en cambio los títulos de Conde, Duque, Príncipe, Gran Duque, entre otros. Hoy en día, por ejemplo, el rey de Mónaco tiene título de Príncipe, el rey de Luxemburgo de Gran Duque [...]"
Cataluña nunca fue un reino. Los reyes de Aragón emplearon como armas reales (personales, familiares) las que les correspondían por su ascendencia masculina: las de la casa condal de Barcelona. Los autores olvidan que la heráldica nació para soberanos y nobles mucho antes que para los estados: la enseña cuatribarrada era un emblema familiar antes de serlo de los territorios de Cataluña, Aragón y otros.
También confunden "rey" con "monarca": nunca ha habido reyes en Mónaco ni en Luxemburgo. Tampoco en Cataluña, salvo por el hecho de que sucesivamente han sido condes de Barcelona los reyes de Aragón y, tras la unificación del Estado bajo los Reyes Católicos, los reyes de España. Hay monarcas que son reyes, otros que son duques o condes y otros que son emperadores.
Los condes de Barcelona siempre fueron condes soberanos, y como tales monarcas de su condado; pero no fueron reyes. El título de rey lo obtuvo Alfonso II de su madre, doña Petronila, reina de Aragón, y en Cataluña usó el título -prestigioso pero no real- de conde de Barcelona. La corona que fue formándose en torno a la estirpe de Barcelona se llamó siempre "Corona de Aragón", porque no podía ser de otra manera. La práctica habitual en las monarquías prenacionales fue la de que su cabeza empleara el título de mayor rango de los varios de que era titular. Así, Enrique II Plantagenet pasa a la Historia como rey de Inglaterra, aunque la mayor parte de su imperio angevino se encontrase en el continente. Así, los señores de Albret y condes de Foix se llamaron en el siglo XVI reyes de Navarra pese a que la Baja Navarra (la Navarra francesa) era posiblemente el más marginal de sus estados. Así, los monarcas de la casa de Saboya en el siglo XIX se llamaron reyes de Cerdeña, pese a que el núcleo demográfico, económico y político de su reino, así como su capital, Turín, se encontraban en el Piamonte; pero el título real que les correspondía por la isla de Cerdeña los colocaba, como dinastas y en tanto que representantes de un estado, en un lugar preeminente entre las diversas monarquías italianas que el principado de Piamonte no les procuraba. Pero ningún Saboya pretendió ser "rey de Piamonte", ni tampoco los Albret se consideraron ni nadie los consideró "reyes de Foix", ni Plantagenet fingió ser rey de Anjou o Normandía. De la misma manera, los monarcas aragoneses de Alfonso II a Martín el Humano siguieron los usos de la época, que no tenían nada que ver con naciones (que no existían) ni con lenguas (que no contaban), sino con la legitimidad de sus títulos.
Cualquier denominación como "reyes catalano-aragoneses", "corona de Cataluña-Aragón", "confederación catalana" o incluso "condes-reyes" es fruto del nacionalismo catalán a partir del siglo XIX y ajena a la tradición historiográfica. Sencillamente, las cosas en Europa han funcionado de una manera muy distinta a como los nacionalistas preferirían que hubiesen sucedido. Por cierto, el cuadro que los autores alegan como prueba de que la cuatribarrada no es el escudo de Aragón también representa claramente el matrimonio formado por Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV de Barcelona con sus respectivos atributos: ella con la corona y el cetro reales, y él con una sencilla indumentaria de conde. Lo que sirve para probar algo debería servir para probarlo todo, ¿no?
3. La inclusión de las armas de Navarra en una pintura de 1681 (Apoteosi heràldica del comtat de Barcelona) es prueba irrefutable de que Navarra nunca se incorporó a Castilla, como sostiene "la historiografía oficial", "hecho imposible porque a partir de 1512 hubieron [sic] vireyes [sic] en Navarra, figura inexistente en el Reino de Castilla", sino a la "Confederación Catalana" a tenor de las "banderas" que en él figuran [se refiere a los escudos de armas].
Los autores ensartan inexactitudes una tras otra, a cual más ingenua. Confunden un emblema conmemorativo con la realidad histórica. La Apoteosis heráldica del condado de Barcelona tuvo por objeto -supongo- ensalzar el éxito de la ciudad o de la dinastía de Barcelona, cuyos miembros, desde sus oscuros orígenes francos, llegaron a reinar en tantos estados -Navarra incluida- como la fuerza de sus armas y la inteligencia de su diplomacia matrimonial supieron agregar. Pero es ridículo sostener que Navarra haya sido alguna vez parte de una "confederación catalana" que sólo existe en la imaginación de los nacionalistas menos instruidos o más sectarios, porque el mero concepto de confederación política es posterior con mucho a la unificación de España, pero además porque la Corona de Aragón no fue ni una confederación ni un estado de ningún tipo al que se pudiera calificar de catalán, ya que Cataluña fue sólo una de las partes de aquel estado plural; estado que, por cierto dejó pronto de gravitar en torno a Barcelona para hacerlo en torno a Valencia cuando Cataluña quedó sumida en una crisis económica secular.
En cualquier caso, es falso que Navarra se incorporara a Aragón en el siglo XVI; lo hizo a Castilla en 1515, por decisión de las Cortes de Burgos. También es falso el argumento de que el virrey no fuese una institución castellana: Aragón nombró virreyes desde 1415 y Castilla desde 1492, pero a principios del siglo XVI se trataba de una institución político-administrativa en plena configuración y expansión en el naciente sistema político-administrativo de la España moderna, que tomó elementos de las administraciones castellana y aragonesa.
Otro detalle: esta Apoteosi, entre infinitos testimonios, muestra también el escudo de Cerdeña, que hasta el día de hoy no es otro que la Cruz de Alcoraz. ¿Significa esto por tanto que Cerdeña fue conquistada en exclusiva por aragoneses y nunca tuvo que ver nada con Cataluña? ¿El alguerés es, por tanto, un dialecto aragonés? ¿O será más bien que las cuestiones heráldicas están sometidas a infinitas variables, casi siempre más ideológicas que fácticas, y que, por tanto, no demuestran nada en cuanto a nacionalidades reales o ficticias?
Por último, entre los títulos que los reyes de España han heredado de los de Aragón, y estos a su vez de los de Sicilia, se encuentra el de rey de Jerusalén, estado cuyas armas aparecen también en la citada Apoteosi. Espero que los señores Ibànyez y Camp no inferirán de ello que el Estado de Israel haya sido alguna vez parte de la "Confederación Catalana".
4. "No hay ningún aragonés en los reyes de Aragón. ¡Ninguno de ellos nació en Aragón!", afirman alborozados los autores tras relacionar los monarcas nacidos entre 1154 y 1356, como presunta prueba de que la Corona de Aragón era básicamente un invento catalán, para "dar por cerrada la falsa polémica abierta por el nacionalismo español y otros elementos reaccionarios".
La simpleza es mayúscula, pero conviene insistir: en la lista aparecen catalanes, valencianos y franceses de nacimiento, que se titularon reyes de Aragón porque éste era el título de mayor rango de que disponían, y que redactaron o encargaron crónicas y documentos en catalán porque la mayor parte de ellos establecieron su corte en Barcelona. Si nacieron en Cataluña, o en el Rosellón, o en Valencia, y no en Huesca o Teruel, no es porque fuesen "reyes catalanes" o "valencianos" o "franceses" y no "aragoneses", sino porque, una vez finalizada por la banda de Levante la Reconquista de España, que acaparaba el más pujante reino de Castilla, y cerrada también la expansión feudal ultrapirenaica tras el tratado de Corbeil, todo ello en el siglo XIII, los monarcas de la Corona de Aragón volcaron las energías de sus reinos en la expansión mediterránea, en eso que los autores llaman "imperio catalán" pero que no fue sino una empresa medieval protagonizada por reyes, comerciantes y mercenarios de todos los rincones de la Corona.
Por otra parte, la selección de los reyes de Aragón de la Casa de Barcelona es parcial: si continuamos con la lista de reyes de Aragón, Valencia y Mallorca y condes de Barcelona del siglo XV en adelante, encontraremos varios monarcas nacidos en Castilla (como Fernando de Antequera o Alfonso el Magnánimo), en Aragón (como el mismo Rey Católico), en Flandes (como el emperador Carlos) o en Italia (como Carlos IV o Juan Carlos I), como consecuencia del desplazamiento del centro político del reino y de otras circunstancias históricas que nada tienen que ver ni con las lenguas ni con la nacionalidad, porque ésta, como en toda Europa, nació en el siglo XIX en España, que preexistía como estado reunificado desde el siglo XVI y como realidad geográfica, histórica, política y cultural desde la romanización; y porque ni las lenguas ni las razas ni el lugar de nacimiento de los reyes han tenido que ver jamás con la nacionalidad, salvo para quienes creen en mitologías identitarias.
Como última conclusión, se me hace difícil de entender que nadie, ni siquiera una entidad pancatalanista como la Fundació d'Estudis Històrics de Catalunya, pueda autorizar en su espacio artículos perfectamente adolescentes, prejuiciosos y reñidos con el rigor como el de Ibànyez y Camp, que sólo cabe en el contexto de la mitología, la propaganda y -evidentemente- veinte años de un sistema educativo errado. Pero que Omnia se avenga a publicar su traducción me parece que debe ser motivo de reflexión: cualquier ideología puede tener cabida en una revista apolítica, pero un texto que prescinde del rigor científico para sustituirlo por el prejuicio y la improvisación, y que califica a quienes disientan de sus imaginativas tesis como "elementos reaccionarios", está radicalmente en contra de los principios que inspiran Mensa. O eso creo. Omnia.
No hay afán de polemizar en estas líneas; no obstante, reconozco que no quedaría tranquilo si no puntualizase algunos extremos del artículo "La bandera de Aragón", publicado en el número 174 de Omnia y consistente en la traducción por Marcel Mañé Pascual de una publicación de Daniel Ibànyez y Carles Camp en el portal de la Fundació d'Estudis Històrics de Catalunya. El artículo es tan desacertado y tan falto de rigor científico que me parecía una necesidad contestar, porque no hacerlo era como dar carta de naturaleza a lo que no es sino una sarta de inexactitudes y prejuicios mal enhebrados. Ante todo, quede dicho que quien firma este texto no tiene titulación en Historia ni es experto en Heráldica; lo que hace más patente, si acaso fuese necesario tras su mera lectura, la perfecta falta de rigor del artículo en cuestión. Citaré o resumiré en negrita seis afirmaciones a las que me opongo.
1. Cierta copia de un cuadro de Filippo Ariosto es testimonio de que la Cruz de Alcoraz (cruz de San Jorge sobre plata cantonada con cuatro cabezas de moro) es el verdadero escudo de Aragón. [...] "El actual uso de las cuatro barras catalanas como bandera de la Comunidad Autónoma de Aragón es una aberración".
Para empezar, algo tendrán que decir sobre esta "aberración" los ciudadanos aragoneses, vamos, digo yo. El cuadro de Ariosto sólo probaría que, a finales del siglo XVI, alguien -Ariosto o la autoridad aragonesa que le pagaba- pensaba que ello era así o que convenía presentarlo así. En efecto, la hermosa Cruz de Alcoraz fue a partir del siglo XV uno de los signos heráldicos atribuidos privativamente al reino de Aragón (y, como veremos, al de Cerdeña), pero no el único. También lo han sido históricamente la bandera y el escudo cuatribarrados, debido a su estrecha relación política con el condado de Cataluña y los reinos de Valencia y Mallorca, y también la llamada Cruz de Íñigo Arista. Por otra parte, la Cruz de San Jorge que forma la base de la de Alcoraz está también omnipresente en la heráldica barcelonesa. Ejemplos de todo ello sobran en la heráldica, que dista mucho de ser una ciencia matemática.
2. "Es sabido que los reyes de Cataluña (con el título de Conde de Barcelona) y al mismo tiempo reyes de Aragón lucieron siempre su enseña catalana. [...] No se ha de caer en juegos semánticos que conducen a la falsa conclusión de que, por el hecho de no tener título de rey, Ramon Berenguer IV no podía ser rey ni de Catalunya ni de Aragón, y que sus descendientes sólo podían ser reyes de Aragón y no de Cataluña". [...] "Son muy numerosos los ejemplos, desde la Edad Media hasta ahora, de múltiples reinos donde el rey no tenía este título, a pesar de serlo, y tener en cambio los títulos de Conde, Duque, Príncipe, Gran Duque, entre otros. Hoy en día, por ejemplo, el rey de Mónaco tiene título de Príncipe, el rey de Luxemburgo de Gran Duque [...]"
Cataluña nunca fue un reino. Los reyes de Aragón emplearon como armas reales (personales, familiares) las que les correspondían por su ascendencia masculina: las de la casa condal de Barcelona. Los autores olvidan que la heráldica nació para soberanos y nobles mucho antes que para los estados: la enseña cuatribarrada era un emblema familiar antes de serlo de los territorios de Cataluña, Aragón y otros.
También confunden "rey" con "monarca": nunca ha habido reyes en Mónaco ni en Luxemburgo. Tampoco en Cataluña, salvo por el hecho de que sucesivamente han sido condes de Barcelona los reyes de Aragón y, tras la unificación del Estado bajo los Reyes Católicos, los reyes de España. Hay monarcas que son reyes, otros que son duques o condes y otros que son emperadores.
Los condes de Barcelona siempre fueron condes soberanos, y como tales monarcas de su condado; pero no fueron reyes. El título de rey lo obtuvo Alfonso II de su madre, doña Petronila, reina de Aragón, y en Cataluña usó el título -prestigioso pero no real- de conde de Barcelona. La corona que fue formándose en torno a la estirpe de Barcelona se llamó siempre "Corona de Aragón", porque no podía ser de otra manera. La práctica habitual en las monarquías prenacionales fue la de que su cabeza empleara el título de mayor rango de los varios de que era titular. Así, Enrique II Plantagenet pasa a la Historia como rey de Inglaterra, aunque la mayor parte de su imperio angevino se encontrase en el continente. Así, los señores de Albret y condes de Foix se llamaron en el siglo XVI reyes de Navarra pese a que la Baja Navarra (la Navarra francesa) era posiblemente el más marginal de sus estados. Así, los monarcas de la casa de Saboya en el siglo XIX se llamaron reyes de Cerdeña, pese a que el núcleo demográfico, económico y político de su reino, así como su capital, Turín, se encontraban en el Piamonte; pero el título real que les correspondía por la isla de Cerdeña los colocaba, como dinastas y en tanto que representantes de un estado, en un lugar preeminente entre las diversas monarquías italianas que el principado de Piamonte no les procuraba. Pero ningún Saboya pretendió ser "rey de Piamonte", ni tampoco los Albret se consideraron ni nadie los consideró "reyes de Foix", ni Plantagenet fingió ser rey de Anjou o Normandía. De la misma manera, los monarcas aragoneses de Alfonso II a Martín el Humano siguieron los usos de la época, que no tenían nada que ver con naciones (que no existían) ni con lenguas (que no contaban), sino con la legitimidad de sus títulos.
Cualquier denominación como "reyes catalano-aragoneses", "corona de Cataluña-Aragón", "confederación catalana" o incluso "condes-reyes" es fruto del nacionalismo catalán a partir del siglo XIX y ajena a la tradición historiográfica. Sencillamente, las cosas en Europa han funcionado de una manera muy distinta a como los nacionalistas preferirían que hubiesen sucedido. Por cierto, el cuadro que los autores alegan como prueba de que la cuatribarrada no es el escudo de Aragón también representa claramente el matrimonio formado por Petronila de Aragón y Ramón Berenguer IV de Barcelona con sus respectivos atributos: ella con la corona y el cetro reales, y él con una sencilla indumentaria de conde. Lo que sirve para probar algo debería servir para probarlo todo, ¿no?
3. La inclusión de las armas de Navarra en una pintura de 1681 (Apoteosi heràldica del comtat de Barcelona) es prueba irrefutable de que Navarra nunca se incorporó a Castilla, como sostiene "la historiografía oficial", "hecho imposible porque a partir de 1512 hubieron [sic] vireyes [sic] en Navarra, figura inexistente en el Reino de Castilla", sino a la "Confederación Catalana" a tenor de las "banderas" que en él figuran [se refiere a los escudos de armas].
Los autores ensartan inexactitudes una tras otra, a cual más ingenua. Confunden un emblema conmemorativo con la realidad histórica. La Apoteosis heráldica del condado de Barcelona tuvo por objeto -supongo- ensalzar el éxito de la ciudad o de la dinastía de Barcelona, cuyos miembros, desde sus oscuros orígenes francos, llegaron a reinar en tantos estados -Navarra incluida- como la fuerza de sus armas y la inteligencia de su diplomacia matrimonial supieron agregar. Pero es ridículo sostener que Navarra haya sido alguna vez parte de una "confederación catalana" que sólo existe en la imaginación de los nacionalistas menos instruidos o más sectarios, porque el mero concepto de confederación política es posterior con mucho a la unificación de España, pero además porque la Corona de Aragón no fue ni una confederación ni un estado de ningún tipo al que se pudiera calificar de catalán, ya que Cataluña fue sólo una de las partes de aquel estado plural; estado que, por cierto dejó pronto de gravitar en torno a Barcelona para hacerlo en torno a Valencia cuando Cataluña quedó sumida en una crisis económica secular.
En cualquier caso, es falso que Navarra se incorporara a Aragón en el siglo XVI; lo hizo a Castilla en 1515, por decisión de las Cortes de Burgos. También es falso el argumento de que el virrey no fuese una institución castellana: Aragón nombró virreyes desde 1415 y Castilla desde 1492, pero a principios del siglo XVI se trataba de una institución político-administrativa en plena configuración y expansión en el naciente sistema político-administrativo de la España moderna, que tomó elementos de las administraciones castellana y aragonesa.
Otro detalle: esta Apoteosi, entre infinitos testimonios, muestra también el escudo de Cerdeña, que hasta el día de hoy no es otro que la Cruz de Alcoraz. ¿Significa esto por tanto que Cerdeña fue conquistada en exclusiva por aragoneses y nunca tuvo que ver nada con Cataluña? ¿El alguerés es, por tanto, un dialecto aragonés? ¿O será más bien que las cuestiones heráldicas están sometidas a infinitas variables, casi siempre más ideológicas que fácticas, y que, por tanto, no demuestran nada en cuanto a nacionalidades reales o ficticias?
Por último, entre los títulos que los reyes de España han heredado de los de Aragón, y estos a su vez de los de Sicilia, se encuentra el de rey de Jerusalén, estado cuyas armas aparecen también en la citada Apoteosi. Espero que los señores Ibànyez y Camp no inferirán de ello que el Estado de Israel haya sido alguna vez parte de la "Confederación Catalana".
4. "No hay ningún aragonés en los reyes de Aragón. ¡Ninguno de ellos nació en Aragón!", afirman alborozados los autores tras relacionar los monarcas nacidos entre 1154 y 1356, como presunta prueba de que la Corona de Aragón era básicamente un invento catalán, para "dar por cerrada la falsa polémica abierta por el nacionalismo español y otros elementos reaccionarios".
La simpleza es mayúscula, pero conviene insistir: en la lista aparecen catalanes, valencianos y franceses de nacimiento, que se titularon reyes de Aragón porque éste era el título de mayor rango de que disponían, y que redactaron o encargaron crónicas y documentos en catalán porque la mayor parte de ellos establecieron su corte en Barcelona. Si nacieron en Cataluña, o en el Rosellón, o en Valencia, y no en Huesca o Teruel, no es porque fuesen "reyes catalanes" o "valencianos" o "franceses" y no "aragoneses", sino porque, una vez finalizada por la banda de Levante la Reconquista de España, que acaparaba el más pujante reino de Castilla, y cerrada también la expansión feudal ultrapirenaica tras el tratado de Corbeil, todo ello en el siglo XIII, los monarcas de la Corona de Aragón volcaron las energías de sus reinos en la expansión mediterránea, en eso que los autores llaman "imperio catalán" pero que no fue sino una empresa medieval protagonizada por reyes, comerciantes y mercenarios de todos los rincones de la Corona.
Por otra parte, la selección de los reyes de Aragón de la Casa de Barcelona es parcial: si continuamos con la lista de reyes de Aragón, Valencia y Mallorca y condes de Barcelona del siglo XV en adelante, encontraremos varios monarcas nacidos en Castilla (como Fernando de Antequera o Alfonso el Magnánimo), en Aragón (como el mismo Rey Católico), en Flandes (como el emperador Carlos) o en Italia (como Carlos IV o Juan Carlos I), como consecuencia del desplazamiento del centro político del reino y de otras circunstancias históricas que nada tienen que ver ni con las lenguas ni con la nacionalidad, porque ésta, como en toda Europa, nació en el siglo XIX en España, que preexistía como estado reunificado desde el siglo XVI y como realidad geográfica, histórica, política y cultural desde la romanización; y porque ni las lenguas ni las razas ni el lugar de nacimiento de los reyes han tenido que ver jamás con la nacionalidad, salvo para quienes creen en mitologías identitarias.
Como última conclusión, se me hace difícil de entender que nadie, ni siquiera una entidad pancatalanista como la Fundació d'Estudis Històrics de Catalunya, pueda autorizar en su espacio artículos perfectamente adolescentes, prejuiciosos y reñidos con el rigor como el de Ibànyez y Camp, que sólo cabe en el contexto de la mitología, la propaganda y -evidentemente- veinte años de un sistema educativo errado. Pero que Omnia se avenga a publicar su traducción me parece que debe ser motivo de reflexión: cualquier ideología puede tener cabida en una revista apolítica, pero un texto que prescinde del rigor científico para sustituirlo por el prejuicio y la improvisación, y que califica a quienes disientan de sus imaginativas tesis como "elementos reaccionarios", está radicalmente en contra de los principios que inspiran Mensa. O eso creo. Omnia.
27 enero 2011
Pactos preelectorales: no, gracias
Soy de la opinión de que, ante las próximas elecciones municipales y autonómicas, la coyuntura política y económica exige que las opciones localistas (a menudo meros chiringuitos de administración de intereses particulares) den paso a proyectos nacionales. El que piense sólo en local no podrá aplicar los principios que UPyD ya está aplicando en los parlamentos nacional, europeo y vasco, que son de valor universal y que hoy nos plagian casi a diario desde el PP y el PSOE, aunque sin reconocer el copyright. Pese a todo, no pocas personas consideran lógica la posibilidad de llegar a acuerdos preelectorales con fuerzas políticas de alcance local, y la oportunidad se multiplica en los últimos tiempos, en que se aproximan a UPyD con cierta frecuencia dirigentes de esos partidos locales que desearían compartir cartel con nosotros, por aquello de “no dividir el voto” (o tal vez por franquiciar el tirón de Rosa Díez).
Las coaliciones preelectorales siempre han estado descartadas en UPyD. Es lo mejor de la democracia: iremos a las elecciones, plantearemos nuestras propuestas y los ciudadanos elegirán. Sencillamente, somos una alternativa a los partidos nacionales, y el ciudadano empieza a darse cuenta de que cada vez es más difícil resolver los problemas municipales y autonómicos con las miras estrechas del localismo.
Aun siendo conscientes de que el sistema castiga a los partidos pequeños si existe dispersión del voto, en UPyD no podemos traicionar el espíritu de nuestro partido ni principios que están en nuestro ADN desde 2007 en favor del oportunismo o la baza electoral. Nuestro programa es el que es (el que aprueban los afiliados), nuestros candidatos son los que son (los elegidos por los afiliados) y cualquier pacto preelectoral desvirtuaría la voluntad de los afiliados y, por tanto, traicionaría todo este esquema de democracia interna. Nosotros iremos a las elecciones sin formar coaliciones con nadie; muy al contrario, estamos abiertos a acoger a todo el mundo bajo nuestras siglas, programa y candidatura, porque somos un partido transversal y participativo y lo demostramos cada día en nuestras propuestas y en nuestras prácticas; pero no habrá pactos preelectorales con partidos ni agrupaciones de electores.
Parece claro que nadie debería coaligarse si estima que ofrece algo distinto e importante, porque los electores deben tener claro que uno defiende lo que defiende, y no cualquier otra cosa con tal de comprometer puestos en listas, repartir concejalías o “no dividir el voto”. Al contrario, estoy persuadido de que cuanto más claros e innegociados sean los planteamientos de un partido con respecto a los demás, menos votos dejará escapar. Los votos que no obtengamos no serán nuestros, no serán “votos perdidos”: serán votos fieles a otros planteamientos, serán votos clientelares o votos de la proximidad, pero es que en UPyD no nos conformamos con menos que con un voto de calidad, consciente, convencido y libre de ataduras. Nada nos disgusta más que, por ejemplo, el espectáculo lamentable del PSOE y el PP cortejando a UM en los últimos días y no descartando una alianza. ¿Por qué debería votar al PSOE un militante socialista si sabe que su voto se pondrá a disposición de un partido de ideología y honorabilidad dudosas? En UPyD no se especula con los resultados ajenos: aspiramos a tener fuerza en las instituciones por nosotros mismos y por la potencia de nuestros planteamientos. Y ahí estamos. El Digital de Baleares. Periodista Digital.
Las coaliciones preelectorales siempre han estado descartadas en UPyD. Es lo mejor de la democracia: iremos a las elecciones, plantearemos nuestras propuestas y los ciudadanos elegirán. Sencillamente, somos una alternativa a los partidos nacionales, y el ciudadano empieza a darse cuenta de que cada vez es más difícil resolver los problemas municipales y autonómicos con las miras estrechas del localismo.
Aun siendo conscientes de que el sistema castiga a los partidos pequeños si existe dispersión del voto, en UPyD no podemos traicionar el espíritu de nuestro partido ni principios que están en nuestro ADN desde 2007 en favor del oportunismo o la baza electoral. Nuestro programa es el que es (el que aprueban los afiliados), nuestros candidatos son los que son (los elegidos por los afiliados) y cualquier pacto preelectoral desvirtuaría la voluntad de los afiliados y, por tanto, traicionaría todo este esquema de democracia interna. Nosotros iremos a las elecciones sin formar coaliciones con nadie; muy al contrario, estamos abiertos a acoger a todo el mundo bajo nuestras siglas, programa y candidatura, porque somos un partido transversal y participativo y lo demostramos cada día en nuestras propuestas y en nuestras prácticas; pero no habrá pactos preelectorales con partidos ni agrupaciones de electores.
Parece claro que nadie debería coaligarse si estima que ofrece algo distinto e importante, porque los electores deben tener claro que uno defiende lo que defiende, y no cualquier otra cosa con tal de comprometer puestos en listas, repartir concejalías o “no dividir el voto”. Al contrario, estoy persuadido de que cuanto más claros e innegociados sean los planteamientos de un partido con respecto a los demás, menos votos dejará escapar. Los votos que no obtengamos no serán nuestros, no serán “votos perdidos”: serán votos fieles a otros planteamientos, serán votos clientelares o votos de la proximidad, pero es que en UPyD no nos conformamos con menos que con un voto de calidad, consciente, convencido y libre de ataduras. Nada nos disgusta más que, por ejemplo, el espectáculo lamentable del PSOE y el PP cortejando a UM en los últimos días y no descartando una alianza. ¿Por qué debería votar al PSOE un militante socialista si sabe que su voto se pondrá a disposición de un partido de ideología y honorabilidad dudosas? En UPyD no se especula con los resultados ajenos: aspiramos a tener fuerza en las instituciones por nosotros mismos y por la potencia de nuestros planteamientos. Y ahí estamos. El Digital de Baleares. Periodista Digital.
19 enero 2011
La objetividad es un requisito moral en el periodismo
Como militante de UPyD, pero sobre todo como lector habitual de El Confidencial, he protestado con toda la firmeza de que soy capaz por la publicación de una noticia acerca de un presunto pacto preelectoral de UPyD con otro partido. El director del medio, en una actitud que le honra, me ha contestado aceptando la queja y dándome seguridad de que nada parecido volverá a suceder, pero compruebo que cuando escribo esta nota, y pese a la exigencia de rectificación remitida por el partido, aún no se ha retirado una noticia cuyo contenido es falso de arriba a abajo.
El periodista da pábulo a comentarios anónimos, presuntamente de militantes críticos con la dirección -¿cuántas veces habremos oído ya esta cantinela en sólo tres años?- que afirman representar a 200 disidentes que se han dado de baja -porque nunca se cuentan por menos de varios cientos- y no se molesta en contrastar la objetividad de la información mediante fuentes fidedignas. El resultado es una patraña cuyo fruto, no obstante, podría ser, o algunos querrían que fuese, el desánimo de muchos posibles votantes de UPyD. Sabemos a quién pretenden beneficiar estas falsas filtraciones, pero no estaría de más que unos periodistas bien formados y con espíritu crítico también lo supusieran antes de dar crédito a semejantes bulos, que al cabo también sirven para desacreditar al medio en que se publican.
Como ustedes sabrán, el pasado sábado hizo UPyD en el Teatro Alcázar de Madrid la presentación nacional de sus candidatos en todas las comunidades autónomas y municipios de España para las elecciones del próximo mes de mayo. Seguramente saben también que el teatro estuvo lleno a reventar, que el ambiente fue apoteósico y que, si hubiera medidores de ilusión como los hay de temperatura, en ese acto el calor de los asistentes hubiera hecho explotar el termómetro. Sabrán igualmente que la prensa ignoró en su gran mayoría esta celebración democrática. Lo que tal vez no sepan es que entre el público asistente hubo también un individuo -un presunto compañero- que se dedicó, desde el principio de la fiesta hasta su clausura, a hablar con unos y con otros para criticar todo lo relacionado con el acto y su contenido, llegando a intentar convencerme a mí mismo de presuntas ofensas contra mi persona y de otras cuestiones absurdas para, tan pronto como di por terminada la conversación, dirigirse al compañero más próximo para intentar convencerle exactamente de lo mismo, cual disco rayado, y luego al siguiente, y al siguiente... Este comportamiento es similar al de las fuentes del redactor de El Confidencial que mencionaba al principio, que probablemente trabajan para las mismas personas: no dicen una verdad pero insisten mucho para que al cabo del tiempo lo parezca. Sin embargo, el trabajo del periodista, y que me disculpen los buenos profesionales por recordarlo sin ser del gremio, en buena parte consiste en separar la información de la cizaña; porque, si no, resulta que no contamos lo que sentían los casi mil entusiasmados asistentes al Teatro Alcázar, sino las insidias del quintacolumnista.
No pretendo que los medios periodísticos eludan la crítica a UPyD. Muy al contrario, crecemos con la crítica. Lo que sí me parece mal es que se colabore con quienes juegan con las cartas marcadas dando pábulo a falsedades o chismorreos malintencionados, con el único fin -tristemente evidente en los titulares- de hacer daño a UPyD. Pero es el pan nuestro de cada día, y todavía nos quedan cuatro meses hasta las elecciones... Mucho ánimo a los compañeros, porque todo esto es señal de que algunos nos temen, y por algo será. El Digital de Baleares.
El periodista da pábulo a comentarios anónimos, presuntamente de militantes críticos con la dirección -¿cuántas veces habremos oído ya esta cantinela en sólo tres años?- que afirman representar a 200 disidentes que se han dado de baja -porque nunca se cuentan por menos de varios cientos- y no se molesta en contrastar la objetividad de la información mediante fuentes fidedignas. El resultado es una patraña cuyo fruto, no obstante, podría ser, o algunos querrían que fuese, el desánimo de muchos posibles votantes de UPyD. Sabemos a quién pretenden beneficiar estas falsas filtraciones, pero no estaría de más que unos periodistas bien formados y con espíritu crítico también lo supusieran antes de dar crédito a semejantes bulos, que al cabo también sirven para desacreditar al medio en que se publican.
Como ustedes sabrán, el pasado sábado hizo UPyD en el Teatro Alcázar de Madrid la presentación nacional de sus candidatos en todas las comunidades autónomas y municipios de España para las elecciones del próximo mes de mayo. Seguramente saben también que el teatro estuvo lleno a reventar, que el ambiente fue apoteósico y que, si hubiera medidores de ilusión como los hay de temperatura, en ese acto el calor de los asistentes hubiera hecho explotar el termómetro. Sabrán igualmente que la prensa ignoró en su gran mayoría esta celebración democrática. Lo que tal vez no sepan es que entre el público asistente hubo también un individuo -un presunto compañero- que se dedicó, desde el principio de la fiesta hasta su clausura, a hablar con unos y con otros para criticar todo lo relacionado con el acto y su contenido, llegando a intentar convencerme a mí mismo de presuntas ofensas contra mi persona y de otras cuestiones absurdas para, tan pronto como di por terminada la conversación, dirigirse al compañero más próximo para intentar convencerle exactamente de lo mismo, cual disco rayado, y luego al siguiente, y al siguiente... Este comportamiento es similar al de las fuentes del redactor de El Confidencial que mencionaba al principio, que probablemente trabajan para las mismas personas: no dicen una verdad pero insisten mucho para que al cabo del tiempo lo parezca. Sin embargo, el trabajo del periodista, y que me disculpen los buenos profesionales por recordarlo sin ser del gremio, en buena parte consiste en separar la información de la cizaña; porque, si no, resulta que no contamos lo que sentían los casi mil entusiasmados asistentes al Teatro Alcázar, sino las insidias del quintacolumnista.
No pretendo que los medios periodísticos eludan la crítica a UPyD. Muy al contrario, crecemos con la crítica. Lo que sí me parece mal es que se colabore con quienes juegan con las cartas marcadas dando pábulo a falsedades o chismorreos malintencionados, con el único fin -tristemente evidente en los titulares- de hacer daño a UPyD. Pero es el pan nuestro de cada día, y todavía nos quedan cuatro meses hasta las elecciones... Mucho ánimo a los compañeros, porque todo esto es señal de que algunos nos temen, y por algo será. El Digital de Baleares.
12 enero 2011
Sudán del Sur como punto de inflexión en la historia de África
Desde el domingo pasado y hasta el próximo sábado se celebra en la región autónoma del Sudán del Sur el referéndum de autodeterminación que en 2005 ordenó el Acuerdo de Paz alcanzado entre el gobierno islámico del norte y el Ejército de Liberación del Pueblo de Sudán, la milicia del sur cristiano y animista. Tras décadas de esclavitud, genocidio y finalmente una guerra (1983-2005) cuyas víctimas sursudanesas han estimado algunos en dos millones, puede que Sudán del Sur esté marcando el camino a seguir para otras comunidades africanas que aspiran a un estado propio.
¿Qué circunstancias se han dado en Sudán del Sur para que sus rebeldes hayan conseguido forzar el quebrantamiento de una norma sagrada en el derecho internacional, como es el respeto a las fronteras heredadas de la era colonial en África? Sólo Eritrea consiguió la secesión de Etiopía, tras una guerra de treinta años y con el sólido argumento a su favor de que había sido una colonia perfectamente diversa de la monarquía de los negus. En circunstancias lejanamente similares, en mayo hará dos décadas que Somalilandia aguarda por el reconocimiento de su independencia, pese a que aporta con diferencia los mayores índices de orden, democracia, progreso económico y respeto a los derechos humanos de una región eminentemente convulsa, y pese a que, como Eritrea, fue en época colonial una entidad política distinta al resto de la Somalia a la que se pretende siga perteneciendo. El Sáhara Occidental lleva un tiempo semejante esperando por el referéndum que ratifique lo que ya todo el mundo sabe: que la ocupación marroquí de su territorio es ilegal y que se trata de una nación soberana e independiente del sátrapa alauí.
La particularidad de Sudán del Sur se ha sustentado teóricamente en la crueldad probada del régimen musulmán del norte de Omar Hassan al-Bashir, un estado delincuente que no sólo se ha ensañado durante décadas con los habitantes del sur cristiano-animista, sino que también se ha alineado con el terrorismo islámico internacional y ha sido responsable del genocidio del Darfur, por el que sobre Bashir pesan órdenes de arresto del Tribunal Penal Internacional. Pero, fundamentalmente, hay un hecho diferencial decisivo que va a procurarle la independencia a un país aparentemente inviable, el más pobre de África, cuya población -que ha aumentado súbitamente debido al retorno de los sureños que malvivían en torno a Jartum- padece una renta per cápita diaria inferior a un dólar en un 90%, una tasa de analfabetismo que supera el 85% y un acceso al agua potable inferior al 5% en todo el territorio excepto en la capital, Juba; un país sin apenas infraestructuras, con una dependencia extrema del norte en casi todos los sentidos… El factor diferencial que explica tan insólito proceso de autodeterminación es la presencia en territorio sursudanés de aproximadamente el 85% de las reservas de petróleo de la República de Sudán, un petróleo que se extrae en el sur y se exporta a través de oleoductos por Puerto Sudán, en el Mar Rojo, principalmente con destino a China, que a cambio apoya el régimen genocida de Bashir.
Hoy se proyecta un oleoducto que, partiendo de Juba, atraviese Kenia directamente hacia Lamu en el Índico. Si el dominio de las rutas del petróleo fue la causa verdadera de las guerras de Irak y Afganistán (donde también había en juego un oleoducto chino que finalmente tomó rumbo hacia Occidente), hoy puede hacer posible una independencia seguramente justa, pero contra natura si atendemos los precedentes legales. No parece caprichoso que Estados Unidos, China, el Reino Unido, la India, Sudáfrica, Kenia, Brasil, Francia, Irán, Egipto y Uganda, entre otros, hayan abierto ya consulados en el país, que no tardarán en convertirse en embajadas si Sudán del Sur proclama finalmente su independencia. Contratistas chinos se interesan por la construcción del oleoducto keniata, una empresa alemana construye ferrocarriles, los Estados Unidos apoyan el proceso de independencia, Francia aspira al uranio de Darfur… Pero el plan de autodeterminación deja abiertos varios problemas, como el de la adscripción final de algunas regiones fronterizas ricas en yacimientos o el de un acuerdo sobre el reparto de los beneficios del crudo extraído en el sur, al menos mientras se siga exportando por el mar Rojo. Cabe la posibilidad de que Sudán no reconozca la independencia por incumplimiento de los complicados requisitos del referéndum, y cabe también que de nuevo arda la guerra con motivo de cualquiera de los litigios pendientes, o tal vez sin más motivo que la codicia, la ambición o la arbitrariedad, como ha venido sucediendo tradicionalmente. Pese a todo, un banco keniata pronostica que Sudán del Sur podría ser la primera economía de la zona en diez años gracias al petróleo.
(Viene a cuento un paréntesis a propósito de la política exterior española, para lo que bastará reproducir unas líneas de un reciente artículo de Pedro Fernández Barbadillo: “Washington está implicado en la pacificación de todo Sudán”, dice; “Pekín es el principal cliente de Jartum; París ha recibido esta semana al ministro de Exteriores sudanés; Nueva Delhi ha negociado más concesiones petrolíferas; Brasilia ofrece negocios a empresas sudanesas… ¿Y, mientras, qué hace España? [...] En el mayor país de África no hay diplomáticos, ni empresarios, ni cascos azules ni periodistas españoles.” Valga como reflejo de la nulidad de las relaciones exteriores de España, en cuyos análisis no parecen entrar los mismos parámetros que tienen en cuenta las naciones que hoy marcan la agenda internacional, tanto en el orden de los intereses económicos como en el de la defensa de los derechos humanos. España no es uno de esos países que han abierto consulado en Juba en los últimos años. Mientras tanto, gastamos muchos millones cada año para que varias comunidades autónomas mantengan lujosas delegaciones -embajadas identitarias- en las principales capitales de Occidente. Lógico.)
Cabe ahora preguntarse qué significará la previsible independencia de Sudán del Sur, resulte o no finalmente fallida, como precedente en un continente sometido durante más de medio siglo a las tensiones derivadas de la perpetuación de unas fronteras coloniales que nunca tuvieron en cuenta los límites tribales ni, lo que hoy es mucho más importante, la divisoria subsahariana entre el islam, al norte, y el animismo tradicional y el cristianismo importado, al mediodía. El negocio petrolífero sursudanés podría alentar así, en un temible efecto dominó, conflictos en cadena en estados que también soportan fuertes tensiones debido a diferencias religiosas, económicas o políticas, como Nigeria, Costa de Marfil, Congo, Angola… El Digital de Baleares. Periodista Digital.
¿Qué circunstancias se han dado en Sudán del Sur para que sus rebeldes hayan conseguido forzar el quebrantamiento de una norma sagrada en el derecho internacional, como es el respeto a las fronteras heredadas de la era colonial en África? Sólo Eritrea consiguió la secesión de Etiopía, tras una guerra de treinta años y con el sólido argumento a su favor de que había sido una colonia perfectamente diversa de la monarquía de los negus. En circunstancias lejanamente similares, en mayo hará dos décadas que Somalilandia aguarda por el reconocimiento de su independencia, pese a que aporta con diferencia los mayores índices de orden, democracia, progreso económico y respeto a los derechos humanos de una región eminentemente convulsa, y pese a que, como Eritrea, fue en época colonial una entidad política distinta al resto de la Somalia a la que se pretende siga perteneciendo. El Sáhara Occidental lleva un tiempo semejante esperando por el referéndum que ratifique lo que ya todo el mundo sabe: que la ocupación marroquí de su territorio es ilegal y que se trata de una nación soberana e independiente del sátrapa alauí.
La particularidad de Sudán del Sur se ha sustentado teóricamente en la crueldad probada del régimen musulmán del norte de Omar Hassan al-Bashir, un estado delincuente que no sólo se ha ensañado durante décadas con los habitantes del sur cristiano-animista, sino que también se ha alineado con el terrorismo islámico internacional y ha sido responsable del genocidio del Darfur, por el que sobre Bashir pesan órdenes de arresto del Tribunal Penal Internacional. Pero, fundamentalmente, hay un hecho diferencial decisivo que va a procurarle la independencia a un país aparentemente inviable, el más pobre de África, cuya población -que ha aumentado súbitamente debido al retorno de los sureños que malvivían en torno a Jartum- padece una renta per cápita diaria inferior a un dólar en un 90%, una tasa de analfabetismo que supera el 85% y un acceso al agua potable inferior al 5% en todo el territorio excepto en la capital, Juba; un país sin apenas infraestructuras, con una dependencia extrema del norte en casi todos los sentidos… El factor diferencial que explica tan insólito proceso de autodeterminación es la presencia en territorio sursudanés de aproximadamente el 85% de las reservas de petróleo de la República de Sudán, un petróleo que se extrae en el sur y se exporta a través de oleoductos por Puerto Sudán, en el Mar Rojo, principalmente con destino a China, que a cambio apoya el régimen genocida de Bashir.
Hoy se proyecta un oleoducto que, partiendo de Juba, atraviese Kenia directamente hacia Lamu en el Índico. Si el dominio de las rutas del petróleo fue la causa verdadera de las guerras de Irak y Afganistán (donde también había en juego un oleoducto chino que finalmente tomó rumbo hacia Occidente), hoy puede hacer posible una independencia seguramente justa, pero contra natura si atendemos los precedentes legales. No parece caprichoso que Estados Unidos, China, el Reino Unido, la India, Sudáfrica, Kenia, Brasil, Francia, Irán, Egipto y Uganda, entre otros, hayan abierto ya consulados en el país, que no tardarán en convertirse en embajadas si Sudán del Sur proclama finalmente su independencia. Contratistas chinos se interesan por la construcción del oleoducto keniata, una empresa alemana construye ferrocarriles, los Estados Unidos apoyan el proceso de independencia, Francia aspira al uranio de Darfur… Pero el plan de autodeterminación deja abiertos varios problemas, como el de la adscripción final de algunas regiones fronterizas ricas en yacimientos o el de un acuerdo sobre el reparto de los beneficios del crudo extraído en el sur, al menos mientras se siga exportando por el mar Rojo. Cabe la posibilidad de que Sudán no reconozca la independencia por incumplimiento de los complicados requisitos del referéndum, y cabe también que de nuevo arda la guerra con motivo de cualquiera de los litigios pendientes, o tal vez sin más motivo que la codicia, la ambición o la arbitrariedad, como ha venido sucediendo tradicionalmente. Pese a todo, un banco keniata pronostica que Sudán del Sur podría ser la primera economía de la zona en diez años gracias al petróleo.
(Viene a cuento un paréntesis a propósito de la política exterior española, para lo que bastará reproducir unas líneas de un reciente artículo de Pedro Fernández Barbadillo: “Washington está implicado en la pacificación de todo Sudán”, dice; “Pekín es el principal cliente de Jartum; París ha recibido esta semana al ministro de Exteriores sudanés; Nueva Delhi ha negociado más concesiones petrolíferas; Brasilia ofrece negocios a empresas sudanesas… ¿Y, mientras, qué hace España? [...] En el mayor país de África no hay diplomáticos, ni empresarios, ni cascos azules ni periodistas españoles.” Valga como reflejo de la nulidad de las relaciones exteriores de España, en cuyos análisis no parecen entrar los mismos parámetros que tienen en cuenta las naciones que hoy marcan la agenda internacional, tanto en el orden de los intereses económicos como en el de la defensa de los derechos humanos. España no es uno de esos países que han abierto consulado en Juba en los últimos años. Mientras tanto, gastamos muchos millones cada año para que varias comunidades autónomas mantengan lujosas delegaciones -embajadas identitarias- en las principales capitales de Occidente. Lógico.)
Cabe ahora preguntarse qué significará la previsible independencia de Sudán del Sur, resulte o no finalmente fallida, como precedente en un continente sometido durante más de medio siglo a las tensiones derivadas de la perpetuación de unas fronteras coloniales que nunca tuvieron en cuenta los límites tribales ni, lo que hoy es mucho más importante, la divisoria subsahariana entre el islam, al norte, y el animismo tradicional y el cristianismo importado, al mediodía. El negocio petrolífero sursudanés podría alentar así, en un temible efecto dominó, conflictos en cadena en estados que también soportan fuertes tensiones debido a diferencias religiosas, económicas o políticas, como Nigeria, Costa de Marfil, Congo, Angola… El Digital de Baleares. Periodista Digital.
23 noviembre 2010
UPyD y un plato de lentejas
Algunos durante esta campaña catalana han acusado a Unión Progreso y Democracia de ningunear a Ciudadanos, de negarse a pactar una oferta electoral común, de dividir el voto constitucionalista... La tónica es presentar a Ciudadanos como víctima de un partido advenedizo que quiere sustituirlo en su espacio natural. Lo cierto es que quienes estuvimos en Ciudadanos sabemos que, cuando Rosa Díez, Fernando Savater, Carlos Martínez Gorriarán y otras personalidades fundaron UPyD, en la comparación entre los respectivos liderazgos y equipos, con todos los respetos, no había color. Posteriormente la comparación de las estructuras y el desarrollo interno y parlamentario de ambos partidos nos daba también la razón a quienes habíamos optado por UPyD; pero es que fundamentalmente estamos hablando de proyectos: uno es nacional y el otro abiertamente regional, uno es transversal y el otro apuesta en sus Estatutos por hacerle la competencia exclusivamente al PSC...
La constatación de estas diferencias justificaría por sí sola la oferta separada; pero es que tampoco hay duda de la conveniencia de mantenerse firmes en la solitaria -a veces incómoda- posición en que se ha situado Unión Progreso y Democracia desde su fundación. A nadie de Ciudadanos, ni de ningún partido, se le ha negado la entrada en UPyD, porque desde luego no estamos hablando de una incompatibilidad ideológica si entendemos el concepto de ideología como se entendía tradicionalmente. A lo que UPyD sí se ha negado, y entiendo que debe seguir haciéndolo con respeto pero con tozudez, es a participar en compromisos regionales al uso -aquello de "yo te apoyo en Madrid y tú me apoyas en Barcelona". Ésta sería, como demuestran fehacientemente las trayectorias del PSOE y del PP, la mejor manera de convertirse en otra confederación de partiditos con intereses contrapuestos dependiendo de dónde nos presentásemos, e incapaz por tanto de defender a escala global el interés común: justo lo que España no necesita.
En UPyD debemos ser muy conscientes de que, si perseveramos en este punto de vista con nitidez, más temprano que tarde el electorado lo reconocerá. A efectos de regeneración democrática, contar con un partido no nacionalista de implantación sólo regional es no contar con nada: sin ánimo de señalar, pero sin eludir tampoco el hecho de que se trata del partido con el que algunos insisten en vano en que rivalicemos, Ciudadanos, se ponga como se ponga, no puede influir en la política nacional ni promover reformas de fondo como las que deseamos. De hecho ya lo ha demostrado durante toda una legislatura autonómica. Un partido regional, en el mejor caso, obtendrá un puesto en el reparto de sinecuras, pero jamás podrá poner contra la pared a las instituciones nacionales, que son las que tienen en su mano la llave de las reformas estructurales. Los ciudadanos que de verdad desean la curación de España esperan oír hablar de un proyecto nacional, es decir, de UPyD. Como decía un amigo sabio, cada libro encuentra tarde o temprano su lector. Y -esto ya lo añado yo- es mejor escribirlo bien y despacio que pronto y mal, porque en vez de un clásico que influya en las generaciones venideras obtendríamos un bestseller de verano con alguien guapo desnudo en la cubierta. Y no queríamos eso.
En cuanto a las recientes encuestas, la cosa está bien clara y cuadra precisamente con todo lo que acabo de decir: a los partidos viejos -y a los medios por ellos manipulados, y a los topos que se infiltraron en UPyD y hoy hacen campaña contra UPyD desde dentro- les interesa mucho más promocionar a Ciudadanos que a UPyD. Prefieren un rival menudo, sentado impotente en el rincón de su escaño regional, antes que un partido con posibilidades reales de presionar en favor del cambio que los agentes sociales más conscientes están empezando a pedir a gritos para España: la reforma radical del sistema electoral, del modelo de estado o de la educación. Sólo un partido presente en todas o buena parte de las instituciones nacionales, autonómicas y municipales será capaz de promover tales reformas y poner en tela de juicio el poder omnímodo de los partidos tradicionales. Y por ello precisamente, sospecho, las encuestas sobre las elecciones catalanas están favoreciendo al partido regional que nunca podrá emprenderlas, y los opinadores profesionales a sueldo de determinados medios lo están presentando como víctima de la incomprensión y de la ambición de UPyD, estos advenedizos... Pero no nos olvidemos nunca: nuestros rivales no son aquéllos a quienes nos parecemos, sino los grandes partidos y grupos de interés que los utilizan.
La estrategia es clamorosa y parece mentira que algunos no quieran verla. Y yo no sé si esta estrategia tendrá o no efecto a corto plazo, ni si Robles y Veciana conseguirán, como creo, su entrada en el Parlament o más bien tendremos que esperar a otras elecciones catalanas; pero en cualquier caso sabremos que no vendimos nuestra evidente primogenitura en todo este asunto de la regeneración democrática por un simple plato de lentejas. El futuro es de quien resiste; y los catalanes ya se han dado cuenta. Periodista Digital.
La constatación de estas diferencias justificaría por sí sola la oferta separada; pero es que tampoco hay duda de la conveniencia de mantenerse firmes en la solitaria -a veces incómoda- posición en que se ha situado Unión Progreso y Democracia desde su fundación. A nadie de Ciudadanos, ni de ningún partido, se le ha negado la entrada en UPyD, porque desde luego no estamos hablando de una incompatibilidad ideológica si entendemos el concepto de ideología como se entendía tradicionalmente. A lo que UPyD sí se ha negado, y entiendo que debe seguir haciéndolo con respeto pero con tozudez, es a participar en compromisos regionales al uso -aquello de "yo te apoyo en Madrid y tú me apoyas en Barcelona". Ésta sería, como demuestran fehacientemente las trayectorias del PSOE y del PP, la mejor manera de convertirse en otra confederación de partiditos con intereses contrapuestos dependiendo de dónde nos presentásemos, e incapaz por tanto de defender a escala global el interés común: justo lo que España no necesita.
En UPyD debemos ser muy conscientes de que, si perseveramos en este punto de vista con nitidez, más temprano que tarde el electorado lo reconocerá. A efectos de regeneración democrática, contar con un partido no nacionalista de implantación sólo regional es no contar con nada: sin ánimo de señalar, pero sin eludir tampoco el hecho de que se trata del partido con el que algunos insisten en vano en que rivalicemos, Ciudadanos, se ponga como se ponga, no puede influir en la política nacional ni promover reformas de fondo como las que deseamos. De hecho ya lo ha demostrado durante toda una legislatura autonómica. Un partido regional, en el mejor caso, obtendrá un puesto en el reparto de sinecuras, pero jamás podrá poner contra la pared a las instituciones nacionales, que son las que tienen en su mano la llave de las reformas estructurales. Los ciudadanos que de verdad desean la curación de España esperan oír hablar de un proyecto nacional, es decir, de UPyD. Como decía un amigo sabio, cada libro encuentra tarde o temprano su lector. Y -esto ya lo añado yo- es mejor escribirlo bien y despacio que pronto y mal, porque en vez de un clásico que influya en las generaciones venideras obtendríamos un bestseller de verano con alguien guapo desnudo en la cubierta. Y no queríamos eso.
En cuanto a las recientes encuestas, la cosa está bien clara y cuadra precisamente con todo lo que acabo de decir: a los partidos viejos -y a los medios por ellos manipulados, y a los topos que se infiltraron en UPyD y hoy hacen campaña contra UPyD desde dentro- les interesa mucho más promocionar a Ciudadanos que a UPyD. Prefieren un rival menudo, sentado impotente en el rincón de su escaño regional, antes que un partido con posibilidades reales de presionar en favor del cambio que los agentes sociales más conscientes están empezando a pedir a gritos para España: la reforma radical del sistema electoral, del modelo de estado o de la educación. Sólo un partido presente en todas o buena parte de las instituciones nacionales, autonómicas y municipales será capaz de promover tales reformas y poner en tela de juicio el poder omnímodo de los partidos tradicionales. Y por ello precisamente, sospecho, las encuestas sobre las elecciones catalanas están favoreciendo al partido regional que nunca podrá emprenderlas, y los opinadores profesionales a sueldo de determinados medios lo están presentando como víctima de la incomprensión y de la ambición de UPyD, estos advenedizos... Pero no nos olvidemos nunca: nuestros rivales no son aquéllos a quienes nos parecemos, sino los grandes partidos y grupos de interés que los utilizan.
La estrategia es clamorosa y parece mentira que algunos no quieran verla. Y yo no sé si esta estrategia tendrá o no efecto a corto plazo, ni si Robles y Veciana conseguirán, como creo, su entrada en el Parlament o más bien tendremos que esperar a otras elecciones catalanas; pero en cualquier caso sabremos que no vendimos nuestra evidente primogenitura en todo este asunto de la regeneración democrática por un simple plato de lentejas. El futuro es de quien resiste; y los catalanes ya se han dado cuenta. Periodista Digital.
08 junio 2010
Carta a un amigo sobre los judíos nazis
Querido L***,
Gracias por tu mensaje. No comparto sus fines, pero me alegra en todo caso que haya servido de motivo para retomar fugazmente el contacto contigo y con tantos amigos zamoranos.
Cuando digo que no comparto sus fines no estoy hablando del conflicto palestino. Yo, como te supongo a ti, y como creo debe ser cualquier persona respetuosa con los derechos y libertades fundamentales, soy un antisionista convencido que -ingenuo de mí- sólo aprobaría el establecimiento de un estado indivisible, laico y de derecho en Palestina, donde judíos, musulmanes y cristianos conviviesen con independencia de sus religiones. Y por supuesto no hace falta powerpoint alguno para convencerme de la inmensa tristeza que hay tras las imágenes terribles que nos llegan. Sobre el conflicto palestino habría mucho que discutir; por ejemplo, sobre por qué los israelíes mantienen un cerco como el que mantienen en Gaza y no en Cisjordania.
En cualquier caso, esas imágenes que me envías significan lo que significan y no más de lo que significan. Creo que no hacemos ningún favor a quienes desean y necesitan un debate razonable y un contexto razonable para ese debate difundiendo un powerpoint que empareja fotos sepia de los años treinta y cuarenta alemanes con fotos a color de la Gaza del siglo XXI. Fotos todas ellas que denotan una violencia inhumana y condenable, por cuanto se ejerce sobre civiles indefensos. Pero hay un elemento clave que convierte en mentirosa la comparación explícita que hacéis del genocidio judío con la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania: mientras que el exterminio de los hebreos alemanes fue un fin en sí mismo, llevado a cabo en el seno de un régimen totalitario a través de acciones minuciosamente planificadas e inspiradas por una ideología racista, la represión que el Estado de Israel impone en Gaza no tiene como finalidad el exterminio de los palestinos, sino la derrota de milicias terroristas como Hamás; ni se basa en la exaltación del odio racial, sino en una estrategia estrictamente defensiva (no es momento éste de valorar qué entiende el Estado de Israel por defensa propia, ni qué entiende cada sector de la sociedad israelí); ni el estado que reprime a los palestinos es una dictadura, sino la única democracia de Oriente Medio, una democracia donde, por cierto, todos los días hay manifestaciones contra el bloqueo de Gaza y contra el Gobierno de Netanyahu y no pasa nada, una democracia donde los musulmanes pueden ir a la Universidad, beneficiarse de la sanidad pública, ser diputados del Parlamento... El emparejamiento de fotografías en blanco y negro y en color es sumamente eficaz desde el punto de vista de la propaganda, pero es absolutamente falaz y en nada ayudará a solucionar el conflicto. Antes bien estoy convencido de que envenenará a los menos informados, que llegarán a la conclusión de que efectivamente los israelíes de hoy se comportan igual que los alemanes de 1939. Si ése era el objetivo de la difusión de esas fotografías emparejadas (arrastrar a los espíritus menos críticos por la vía más irreflexiva), que los autores del montaje reciban mi entristecida enhorabuena.
Hay otro elemento que me molesta sobremanera en la campaña antiisraelí. De acuerdo con los documentos que he leído o contemplado, la secuencia es la que sigue: unos islamistas intentan romper el bloqueo naval de Gaza; puesto que han declarado intenciones humanitarias, se les ofrece una vía (el puerto de Ashdod y un cruce terrestre) para entregar los alimentos y demás ayuda humanitaria de forma que ambas partes puedan certificarlo, pero se niegan, porque en privado, además de cantar a coro el exterminio de los judíos, han manifestado su deseo de romper el bloqueo o morir mártires y marchar derechos al paraíso de las huríes; soldados israelíes desarmados abordan los barcos (en derecho internacional, es discutible que Israel no tenga derecho a hacerlo y varios internacionalistas ya se han posicionado en favor del abordaje) y los radicales los apalean y acuchillan hasta que los soldados desenfundan y se defienden, matando a varios de ellos; acto seguido se desencadena una campaña internacional contra Israel en cuyo contexto la izquierda española es especialmente combativa.
Y yo me pregunto: ¿dónde estaba la izquierda española hace unas semanas, cuando terroristas maoístas asesinaron a unas 150 personas en un tren de la India? ¿Por qué no hubo manifestaciones? Me pregunto más: ¿cuándo se ha manifestado la izquierda española tras alguna de las numerosas ejecuciones de adúlteras, homosexuales, cristianos o demócratas en Irán y otros países islámicos? También: ¿por qué la izquierda española -esa misma que apoyó la cruzada del juez Garzón contra un dictador muerto hace treinta y cinco años- no se ha manifestado jamás contra la más que probada, cotidiana y vigente represión del régimen castrista contra las libertades y derechos más elementales de los cubanos?
Las preguntas son retóricas, porque creo tener la respuesta. El motivo es que la izquierda española, exactamente igual que la derecha española y salvo honrosas excepciones -que las hay-, es sumamente sectaria y prefiere aferrarse a sus prejuicios y mitologías antes que enfrentarse con una realidad que haría cuartear sus más profundas convicciones. Y así nos luce el pelo. Manipulaciones sectarias como el powerpoint que me adjuntas no sirven para nada positivo. Los matices, en los que el conflicto árabe-israelí es abundantísimo, son necesarios para el entendimiento, y equiparar a una de las partes enfrentadas con el régimen nazi es lo menos matizado que se me ocurre.
La prueba de que los israelíes no son monstruos hambrientos de muerte es que ayer el Rachel Corrie fue abordado sin derramamiento alguno de sangre, ya que, al contrario que en el Mavi Marmara, a bordo no viajaban unos radicales bien organizados para provocar el enfrentamiento. Sin duda, a los israelíes no les va a temblar la mano a la hora de defender sus intereses, y matarán siempre que entiendan que con ello garantizan su defensa; y sin duda habrá que demandarles responsabilidad por cada crimen y cada abuso que cometan. Pero comparar el genocidio nazi con la lucha de Israel contra Hamás es, francamente, faltar a la verdad o ignorarla. El Estado de Israel tendrá o no tendrá razón en sus posiciones, pero en ningún caso es comparable con las hordas feudales de Hamás ni, por descontado, con la Alemania de Hitler. Compararlos es mentir y privará de cualquier razón a quien lo haga. Insisto: jamás he entendido que la izquierda española (tan laica, tan defensora de los derechos de las minorías) sea tan sensible con la violencia colateral (si me permites la desprestigiada expresión) que los israelíes ejercen en Palestina y, en cambio, se muestre tan tolerante y respetuosa con culturas que de manera no colateral, sino legal y ejemplarizante, sellan el ano de los homosexuales, lapidan a las mujeres por desobedecer al hermano que las vende y las consideran impuras por menstruar; una izquierda tan crítica con los muros de Gaza y, sin embargo, tan inclinada a alianzas de civilizaciones con infames tiranos medievales en cuyos países no es que los cristianos o los judíos no puedan ir a la Universidad o al Parlamento, no; es que no existen porque sus cultos están prohibidos, y o han sido asesinados o han tenido que huir. ¿Qué extraño fetichismo le satisface el islamismo a la izquierda española, que a diario le perdona cien veces más violencia que toda la que no puede perdonar a Israel? ¿Es el marchamo de antioccidental lo que lo prestigia a sus ojos? ¿Es que un discurso tan tontorrón, tan sumamente desprovisto de matices y, por tanto, tan alicorto y tan dañino debe recibir alguna atención por nuestra parte? Yo creo que no, así que procuraré seguir siendo antisionista, pero no antijudío, y antiislamista pero no antimusulmán; que luego pasa lo que pasa y seguirá pasando, como poco, varias décadas.
En fin, L***, lo dicho: un placer recibir noticias tuyas aunque discrepemos. Un abrazo a ti y a todos. Periodista Digital. El Faro Balear.
Gracias por tu mensaje. No comparto sus fines, pero me alegra en todo caso que haya servido de motivo para retomar fugazmente el contacto contigo y con tantos amigos zamoranos.
Cuando digo que no comparto sus fines no estoy hablando del conflicto palestino. Yo, como te supongo a ti, y como creo debe ser cualquier persona respetuosa con los derechos y libertades fundamentales, soy un antisionista convencido que -ingenuo de mí- sólo aprobaría el establecimiento de un estado indivisible, laico y de derecho en Palestina, donde judíos, musulmanes y cristianos conviviesen con independencia de sus religiones. Y por supuesto no hace falta powerpoint alguno para convencerme de la inmensa tristeza que hay tras las imágenes terribles que nos llegan. Sobre el conflicto palestino habría mucho que discutir; por ejemplo, sobre por qué los israelíes mantienen un cerco como el que mantienen en Gaza y no en Cisjordania.
En cualquier caso, esas imágenes que me envías significan lo que significan y no más de lo que significan. Creo que no hacemos ningún favor a quienes desean y necesitan un debate razonable y un contexto razonable para ese debate difundiendo un powerpoint que empareja fotos sepia de los años treinta y cuarenta alemanes con fotos a color de la Gaza del siglo XXI. Fotos todas ellas que denotan una violencia inhumana y condenable, por cuanto se ejerce sobre civiles indefensos. Pero hay un elemento clave que convierte en mentirosa la comparación explícita que hacéis del genocidio judío con la ocupación israelí de Gaza y Cisjordania: mientras que el exterminio de los hebreos alemanes fue un fin en sí mismo, llevado a cabo en el seno de un régimen totalitario a través de acciones minuciosamente planificadas e inspiradas por una ideología racista, la represión que el Estado de Israel impone en Gaza no tiene como finalidad el exterminio de los palestinos, sino la derrota de milicias terroristas como Hamás; ni se basa en la exaltación del odio racial, sino en una estrategia estrictamente defensiva (no es momento éste de valorar qué entiende el Estado de Israel por defensa propia, ni qué entiende cada sector de la sociedad israelí); ni el estado que reprime a los palestinos es una dictadura, sino la única democracia de Oriente Medio, una democracia donde, por cierto, todos los días hay manifestaciones contra el bloqueo de Gaza y contra el Gobierno de Netanyahu y no pasa nada, una democracia donde los musulmanes pueden ir a la Universidad, beneficiarse de la sanidad pública, ser diputados del Parlamento... El emparejamiento de fotografías en blanco y negro y en color es sumamente eficaz desde el punto de vista de la propaganda, pero es absolutamente falaz y en nada ayudará a solucionar el conflicto. Antes bien estoy convencido de que envenenará a los menos informados, que llegarán a la conclusión de que efectivamente los israelíes de hoy se comportan igual que los alemanes de 1939. Si ése era el objetivo de la difusión de esas fotografías emparejadas (arrastrar a los espíritus menos críticos por la vía más irreflexiva), que los autores del montaje reciban mi entristecida enhorabuena.
Hay otro elemento que me molesta sobremanera en la campaña antiisraelí. De acuerdo con los documentos que he leído o contemplado, la secuencia es la que sigue: unos islamistas intentan romper el bloqueo naval de Gaza; puesto que han declarado intenciones humanitarias, se les ofrece una vía (el puerto de Ashdod y un cruce terrestre) para entregar los alimentos y demás ayuda humanitaria de forma que ambas partes puedan certificarlo, pero se niegan, porque en privado, además de cantar a coro el exterminio de los judíos, han manifestado su deseo de romper el bloqueo o morir mártires y marchar derechos al paraíso de las huríes; soldados israelíes desarmados abordan los barcos (en derecho internacional, es discutible que Israel no tenga derecho a hacerlo y varios internacionalistas ya se han posicionado en favor del abordaje) y los radicales los apalean y acuchillan hasta que los soldados desenfundan y se defienden, matando a varios de ellos; acto seguido se desencadena una campaña internacional contra Israel en cuyo contexto la izquierda española es especialmente combativa.
Y yo me pregunto: ¿dónde estaba la izquierda española hace unas semanas, cuando terroristas maoístas asesinaron a unas 150 personas en un tren de la India? ¿Por qué no hubo manifestaciones? Me pregunto más: ¿cuándo se ha manifestado la izquierda española tras alguna de las numerosas ejecuciones de adúlteras, homosexuales, cristianos o demócratas en Irán y otros países islámicos? También: ¿por qué la izquierda española -esa misma que apoyó la cruzada del juez Garzón contra un dictador muerto hace treinta y cinco años- no se ha manifestado jamás contra la más que probada, cotidiana y vigente represión del régimen castrista contra las libertades y derechos más elementales de los cubanos?
Las preguntas son retóricas, porque creo tener la respuesta. El motivo es que la izquierda española, exactamente igual que la derecha española y salvo honrosas excepciones -que las hay-, es sumamente sectaria y prefiere aferrarse a sus prejuicios y mitologías antes que enfrentarse con una realidad que haría cuartear sus más profundas convicciones. Y así nos luce el pelo. Manipulaciones sectarias como el powerpoint que me adjuntas no sirven para nada positivo. Los matices, en los que el conflicto árabe-israelí es abundantísimo, son necesarios para el entendimiento, y equiparar a una de las partes enfrentadas con el régimen nazi es lo menos matizado que se me ocurre.
La prueba de que los israelíes no son monstruos hambrientos de muerte es que ayer el Rachel Corrie fue abordado sin derramamiento alguno de sangre, ya que, al contrario que en el Mavi Marmara, a bordo no viajaban unos radicales bien organizados para provocar el enfrentamiento. Sin duda, a los israelíes no les va a temblar la mano a la hora de defender sus intereses, y matarán siempre que entiendan que con ello garantizan su defensa; y sin duda habrá que demandarles responsabilidad por cada crimen y cada abuso que cometan. Pero comparar el genocidio nazi con la lucha de Israel contra Hamás es, francamente, faltar a la verdad o ignorarla. El Estado de Israel tendrá o no tendrá razón en sus posiciones, pero en ningún caso es comparable con las hordas feudales de Hamás ni, por descontado, con la Alemania de Hitler. Compararlos es mentir y privará de cualquier razón a quien lo haga. Insisto: jamás he entendido que la izquierda española (tan laica, tan defensora de los derechos de las minorías) sea tan sensible con la violencia colateral (si me permites la desprestigiada expresión) que los israelíes ejercen en Palestina y, en cambio, se muestre tan tolerante y respetuosa con culturas que de manera no colateral, sino legal y ejemplarizante, sellan el ano de los homosexuales, lapidan a las mujeres por desobedecer al hermano que las vende y las consideran impuras por menstruar; una izquierda tan crítica con los muros de Gaza y, sin embargo, tan inclinada a alianzas de civilizaciones con infames tiranos medievales en cuyos países no es que los cristianos o los judíos no puedan ir a la Universidad o al Parlamento, no; es que no existen porque sus cultos están prohibidos, y o han sido asesinados o han tenido que huir. ¿Qué extraño fetichismo le satisface el islamismo a la izquierda española, que a diario le perdona cien veces más violencia que toda la que no puede perdonar a Israel? ¿Es el marchamo de antioccidental lo que lo prestigia a sus ojos? ¿Es que un discurso tan tontorrón, tan sumamente desprovisto de matices y, por tanto, tan alicorto y tan dañino debe recibir alguna atención por nuestra parte? Yo creo que no, así que procuraré seguir siendo antisionista, pero no antijudío, y antiislamista pero no antimusulmán; que luego pasa lo que pasa y seguirá pasando, como poco, varias décadas.
En fin, L***, lo dicho: un placer recibir noticias tuyas aunque discrepemos. Un abrazo a ti y a todos. Periodista Digital. El Faro Balear.
17 mayo 2010
No puedo firmar en favor de Garzón
Recibo una de esas invitaciones de Avaaz.org. La presente campaña persigue 150.000 firmas "pidiendo que se garantice la independencia del poder judicial y se respeten las leyes aplicables en los casos contra el juez Garzón", firmas que se entregarán en su día en el Tribunal Supremo y en el Consejo General del Poder Judicial. He contestado al remitente los párrafos que siguen y que resumen mi postura frente a este triste caso.
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Estimado Luis (y compañeros de Avaaz):
Presentas el caso como si Garzón fuese víctima de una arbitrariedad perpetrada por motivos ideológicos. Nada más lejos de la realidad.
Es falso que, como se suele afirmar, el derecho internacional sobre Derechos Humanos anule la Ley de Amnistía de 1977. En aquella fecha España no había ratificado ningún tratado ni convención que obligase al Estado a perseguir aquellos delitos, de modo que la Ley de Amnistía fue perfectamente válida en su momento y extinguió las correspondientes responsabilidades penales. La Constitución, por otra parte, ofrece argumentos contra la derogación de la Ley de Amnistía: el artículo 9.3 establece la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales. El Tribunal Constitucional nunca ha dudado de la constitucionalidad de la Ley de Amnistía, que todavía hoy resulta válida a todos los efectos conforme a opiniones bien fundadas. Españoles de todos los signos se dieron la Ley de Amnistía como generoso punto final a la guerra y a la dictadura. Una ley que, por cierto, contó en su día con los parabienes de gente tan poco sospechosa de simpatías franquistas como Santiago Carrillo y permitió encauzar su vida en democracia a antiguos criminales de los dos bandos. Nadie va a justificar los crímenes de la guerra y del franquismo, pero en la Transición nos dimos un instrumento de perdón recíproco que ha traído a España consecuencias muy positivas.
Si de todos modos no fuera así, Garzón no sería el único juez que lo percibiese. Faltando Garzón, el sistema judicial proveerá un sustituto que podrá continuar con los procesos abiertos. Perdóname, pero insinuar que a Garzón se lo suspende para evitar la investigación de la trama Gürtel insulta la inteligencia de los ciudadanos.
Lo cierto es que el juez Garzón se ha saltado a la torera la ley. No hay delito peor que el cometido por quienes, habiéndose comprometido a hacer valer las leyes, infringen éstas a sabiendas. Se llama prevaricación, y si la hay da igual que lo haya señalado un grupo de ultraderecha, un grupo de ultraizquierda o una asociación filatélica. Será o no prevaricación de acuerdo con criterios objetivos, no ideológicos. Personalmente opino que Garzón ha hecho grandes servicios a España, pero también que se ha creído por encima de la ley y del decoro. Solicitar el certificado de defunción de Francisco Franco fue sólo el episodio más cómico de su delirio.
Por otra parte, no hay nada más antidemocrático que cuestionar la legitimidad de las instituciones cuando sus actuaciones no concuerdan con nuestra visión de las cosas, y pretender que una manifestación popular cambie el curso de un proceso judicial es llanamente golpista. El imperio de la ley exige, precisamente, que la ley se cumpla incluso cuando no nos gustan sus consecuencias. Por eso a veces queda en libertad un etarra que nadie entiende que quede libre; pero si somos una democracia, las leyes hay que cumplirlas en todos los casos. Con un etarra o con un juez antifranquista. De hecho, a los artículos que citas al pie de tu mensaje podrían añadirse cientos de artículos de especialistas que declaran impecable el procesamiento del juez. En cualquier caso, la democracia no consiste precisamente en que todo el mundo opine de lo que no entiende, sino en que todos acaten lo que las instituciones que entre todos nos dimos dicten sobre aquello que es de su estricto saber y competencia. El asamblearismo nunca resulta democrático. Que un millón de personas cargadas de razones sentimentales pero ignorantes de la ley se manifestasen ante la puerta del Tribunal Supremo no cambiaría un ápice la legitimidad de éste ni el acierto de sus sentencias.
Comprenderás que no pueda firmar ni difundir tu propuesta. Me parece un paso más en la deriva guerracivilista que nuestros políticos, especialmente los de izquierda, han acometido desde que nuestro insensato presidente de gobierno se empeñó en devolvernos a 1936. No son la crisis y la corrupción lo que deteriora nuestra democracia, porque ambas se pueden combatir desde unas instituciones fuertes; es la debilidad de las instituciones y nuestra inmadurez como pueblo lo que nos pone al borde de la república bananera, y la crisis y la corrupción son en buena medida sus consecuencias. Una gran demostración de esa inmadurez es, precisamente, el sistemático cuestionamiento de los altos tribunales en los últimos años por parte de personas e instituciones con los motivos ideológicos más variados (caso Estatut, caso Garzón).
No puedo firmar y, es más, te insto a recapacitar y retirar la iniciativa, si te importan más la paz y la justicia que la revancha.
Saludos cordiales. Periodista Digital.
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Estimado Luis (y compañeros de Avaaz):
Presentas el caso como si Garzón fuese víctima de una arbitrariedad perpetrada por motivos ideológicos. Nada más lejos de la realidad.
Es falso que, como se suele afirmar, el derecho internacional sobre Derechos Humanos anule la Ley de Amnistía de 1977. En aquella fecha España no había ratificado ningún tratado ni convención que obligase al Estado a perseguir aquellos delitos, de modo que la Ley de Amnistía fue perfectamente válida en su momento y extinguió las correspondientes responsabilidades penales. La Constitución, por otra parte, ofrece argumentos contra la derogación de la Ley de Amnistía: el artículo 9.3 establece la irretroactividad de las disposiciones sancionadoras no favorables o restrictivas de derechos individuales. El Tribunal Constitucional nunca ha dudado de la constitucionalidad de la Ley de Amnistía, que todavía hoy resulta válida a todos los efectos conforme a opiniones bien fundadas. Españoles de todos los signos se dieron la Ley de Amnistía como generoso punto final a la guerra y a la dictadura. Una ley que, por cierto, contó en su día con los parabienes de gente tan poco sospechosa de simpatías franquistas como Santiago Carrillo y permitió encauzar su vida en democracia a antiguos criminales de los dos bandos. Nadie va a justificar los crímenes de la guerra y del franquismo, pero en la Transición nos dimos un instrumento de perdón recíproco que ha traído a España consecuencias muy positivas.
Si de todos modos no fuera así, Garzón no sería el único juez que lo percibiese. Faltando Garzón, el sistema judicial proveerá un sustituto que podrá continuar con los procesos abiertos. Perdóname, pero insinuar que a Garzón se lo suspende para evitar la investigación de la trama Gürtel insulta la inteligencia de los ciudadanos.
Lo cierto es que el juez Garzón se ha saltado a la torera la ley. No hay delito peor que el cometido por quienes, habiéndose comprometido a hacer valer las leyes, infringen éstas a sabiendas. Se llama prevaricación, y si la hay da igual que lo haya señalado un grupo de ultraderecha, un grupo de ultraizquierda o una asociación filatélica. Será o no prevaricación de acuerdo con criterios objetivos, no ideológicos. Personalmente opino que Garzón ha hecho grandes servicios a España, pero también que se ha creído por encima de la ley y del decoro. Solicitar el certificado de defunción de Francisco Franco fue sólo el episodio más cómico de su delirio.
Por otra parte, no hay nada más antidemocrático que cuestionar la legitimidad de las instituciones cuando sus actuaciones no concuerdan con nuestra visión de las cosas, y pretender que una manifestación popular cambie el curso de un proceso judicial es llanamente golpista. El imperio de la ley exige, precisamente, que la ley se cumpla incluso cuando no nos gustan sus consecuencias. Por eso a veces queda en libertad un etarra que nadie entiende que quede libre; pero si somos una democracia, las leyes hay que cumplirlas en todos los casos. Con un etarra o con un juez antifranquista. De hecho, a los artículos que citas al pie de tu mensaje podrían añadirse cientos de artículos de especialistas que declaran impecable el procesamiento del juez. En cualquier caso, la democracia no consiste precisamente en que todo el mundo opine de lo que no entiende, sino en que todos acaten lo que las instituciones que entre todos nos dimos dicten sobre aquello que es de su estricto saber y competencia. El asamblearismo nunca resulta democrático. Que un millón de personas cargadas de razones sentimentales pero ignorantes de la ley se manifestasen ante la puerta del Tribunal Supremo no cambiaría un ápice la legitimidad de éste ni el acierto de sus sentencias.
Comprenderás que no pueda firmar ni difundir tu propuesta. Me parece un paso más en la deriva guerracivilista que nuestros políticos, especialmente los de izquierda, han acometido desde que nuestro insensato presidente de gobierno se empeñó en devolvernos a 1936. No son la crisis y la corrupción lo que deteriora nuestra democracia, porque ambas se pueden combatir desde unas instituciones fuertes; es la debilidad de las instituciones y nuestra inmadurez como pueblo lo que nos pone al borde de la república bananera, y la crisis y la corrupción son en buena medida sus consecuencias. Una gran demostración de esa inmadurez es, precisamente, el sistemático cuestionamiento de los altos tribunales en los últimos años por parte de personas e instituciones con los motivos ideológicos más variados (caso Estatut, caso Garzón).
No puedo firmar y, es más, te insto a recapacitar y retirar la iniciativa, si te importan más la paz y la justicia que la revancha.
Saludos cordiales. Periodista Digital.
05 marzo 2010
Contra los fascistas, más libertad
He anunciado en mi Facebook la próxima visita de Rosa Díez a Palma: el jueves 11 impartirá una conferencia en el Club de Opinión Diario de Mallorca y el viernes 12 hará una declaración sobre corrupción política a las puertas del Parlament de les Illes Balears. Un amigo en la red social, uno de éstos que se llaman progresistas y no entienden las libertades más que aplicadas a los buenos, pero no a los malos, escribe en los comentarios una pregunta: "¿Va a dar alguna conferencia en la Casa Gallega?", en alusión a cierta polémica absurda e interesada en torno a unas palabras de Rosa que cualquier niño de teta sin mala fe y sin manipular habría entendido en el sentido correcto.
Pero no. Tengo que contestarle que la conferencia la iba a dar Rosa hoy en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona y unos "estudiantes" nacionalistas se la han reventado, a ella y a los estudiantes que sí querían escucharla, con una violencia inaudita. Cómo sería que han tenido que dar el vídeo en los telediarios de Antena 3, la Cuatro, Telecinco y la Sexta, que normalmente no hablan de Rosa Díez ni aunque les paguen. Yo me pregunto: ¿va a condenar el Parlamento Gallego este hecho o se reserva para las expresiones coloquiales sacadas de contexto? ¿Condenaría a los violentos si en vez de apuntar a Rosa con los dedos a modo de pistolas la hubieran llamado "vasca en el sentido peyorativo"? ¿Condenará a los agresores de Roberto Blanco Valdés, a quien ponen bombas a la puerta de su casa de Santiago por defender la libertad? Los progresistas de salón podrán ver el vídeo y seguir cachondeándose, porque es muy gracioso ver cómo zarandean a Rosa y sus acompañantes y les lanzan pintura roja, cómo vuelan las papeleras a su paso, cómo la amenazan, cómo aporrean su coche hasta abollarlo y romper los faros. Graciosísimo. Podrán seguir haciendo comentarios sobre anécdotas sacadas de contexto, haciendo demagogia contra la única líder política que pone en su sitio a los demagogos. Eso debe ser mucho más inteligente y más valiente que dar la cara por la libertad de expresión. Por lo que me concierne en este debate en particular, yo estoy con Rosa Díez y con Roberto Blanco Valdés, de cuya lección de serenidad me gustaría ser digno; estoy con la libertad, con el futuro de mis hijos, con aquellos que pelean para que no pueda haber ciudadanos de primera y de segunda, ciudadanos que pueden proclamar sus ideas en paz y ciudadanos que tienen que salir escoltados de un recinto que avergüenza llamar académico porque algunos consideran sus ideas perseguibles con impune violencia mientras otros miran para otro lado. Y no estoy con los fascistas, pero ni siquiera con los que miran para otro lado, ni mucho menos con los que ríen la broma. Hay bromas que no tienen gracia. Periodista Digital. Libertad Balear.
Pero no. Tengo que contestarle que la conferencia la iba a dar Rosa hoy en la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Autónoma de Barcelona y unos "estudiantes" nacionalistas se la han reventado, a ella y a los estudiantes que sí querían escucharla, con una violencia inaudita. Cómo sería que han tenido que dar el vídeo en los telediarios de Antena 3, la Cuatro, Telecinco y la Sexta, que normalmente no hablan de Rosa Díez ni aunque les paguen. Yo me pregunto: ¿va a condenar el Parlamento Gallego este hecho o se reserva para las expresiones coloquiales sacadas de contexto? ¿Condenaría a los violentos si en vez de apuntar a Rosa con los dedos a modo de pistolas la hubieran llamado "vasca en el sentido peyorativo"? ¿Condenará a los agresores de Roberto Blanco Valdés, a quien ponen bombas a la puerta de su casa de Santiago por defender la libertad? Los progresistas de salón podrán ver el vídeo y seguir cachondeándose, porque es muy gracioso ver cómo zarandean a Rosa y sus acompañantes y les lanzan pintura roja, cómo vuelan las papeleras a su paso, cómo la amenazan, cómo aporrean su coche hasta abollarlo y romper los faros. Graciosísimo. Podrán seguir haciendo comentarios sobre anécdotas sacadas de contexto, haciendo demagogia contra la única líder política que pone en su sitio a los demagogos. Eso debe ser mucho más inteligente y más valiente que dar la cara por la libertad de expresión. Por lo que me concierne en este debate en particular, yo estoy con Rosa Díez y con Roberto Blanco Valdés, de cuya lección de serenidad me gustaría ser digno; estoy con la libertad, con el futuro de mis hijos, con aquellos que pelean para que no pueda haber ciudadanos de primera y de segunda, ciudadanos que pueden proclamar sus ideas en paz y ciudadanos que tienen que salir escoltados de un recinto que avergüenza llamar académico porque algunos consideran sus ideas perseguibles con impune violencia mientras otros miran para otro lado. Y no estoy con los fascistas, pero ni siquiera con los que miran para otro lado, ni mucho menos con los que ríen la broma. Hay bromas que no tienen gracia. Periodista Digital. Libertad Balear.
02 febrero 2010
La imposición lingüística, ahora en los cines
Acabo de leer un debate en Internet a propósito de la medida mediante la cual el gobierno catalán pretende imponer que al menos un cincuenta por ciento de la programación de los cines se ofrezca en la lengua vernácula de aquella comunidad autónoma, lo que ha ocasionado un grave malestar en el colectivo de empresarios afectados. Como siempre, unos hablan de libertad de elección y de comercio, y otros de proteger un idioma que por sí solo -aseguran, ignorando cuarenta años de franquismo- no podría sobrevivir. Alguien, a propósito de las pintadas aparecidas en las fachadas de los cines más reacios a perder dinero ("Aquest cinema margina el català!"), las compara con los rótulos nazis de los años treinta a la puerta de establecimientos regentados por hebreos ("¡Resistid, alemanes! ¡No compréis en comercios judíos!"). Y algún comentarista critica la comparación por desmesurada. Es verdad que es contundente, pero también oportuna: las coincidencias nos resultarían bastante más evidentes si no fuera por el hecho de que sólo conocemos, horrorizados, las consecuencias históricas de una de las dos situaciones comparadas.
No es lo mismo decir "Fulano es nazi" que "los nazis empezaron haciendo cosas como las que hace Fulano". Tampoco es igual afirmar "este nacionalista es un nazi" (lo cual puede ser descriptivo) que "todos los nacionalistas son nazis" (lo cual es injusto). Sin embargo, lo importante aquí es que la pintada a la puerta del cine no aporta nada al debate democrático, ni a ningún debate; sólo puede tener el fin de amedrentar, coaccionar, señalar al que debe ser excluido de la comunidad, al que merece reprobación pública o tal vez castigo. En un estado de derecho esto corresponde a los jueces; pero al autor de la pintada el estado de derecho le da igual, porque él lo único a que alcanza a aspirar es una patria forjada en torno a un rasgo distintivo y excluyente: la lengua que él y los suyos han decidido que es la propia del territorio en el que conviven con otros que ni hablan ni opinan como él. El que pintó la fachada es, efectivamente, un fascista. Y las autoridades catalanas que no impiden ni condenan, sino que por el contrario alientan este tipo de comportamientos, son compañeros de viaje del fascista y responsables políticos de cualquier agresión que se derive de este estado de cosas. No todos los nacionalistas son fascistas, pero a mí sí me parece que todo nacionalismo implica un germen fundamentalista y totalitario sin el que no puede adquirir su sentido ni sostenerse, y que en demasiadas ocasiones deriva en imposición o violencia en alguna de sus diversas manifestaciones e intensidades. La imposición a los cines de la obligación de ofrecer al cliente contenidos en un idioma en concreto -como la previa de rotular en el mismo- pertenece a esa concepción totalitaria de cómo deben ser las cosas: "la realidad se equivoca, así que cambiémosla".
Imaginemos un país en el que la diversidad social no estribe en la lengua, sino en la religión, tal y como de hecho sucede en numerosos lugares como Bosnia-Herzegovina o Alemania. Un verdadero demócrata establecería en ese país la laicidad del Estado y la libertad de culto que permitiese que cada ciudadano (o cada comerciante, o cada consumidor) escogiese la religión en que manifestarse o relacionarse en su vida privada. En cambio, un nacionalista religioso legislaría que toda biblioteca contuviese al menos un cincuenta por ciento de libros luteranos; o que las televisiones privadas saludasen a sus espectadores al menos la mitad de las mañanas con una oración musulmana; o que en las empresas de más de diez empleados al menos la mitad de éstos fuesen católicos. Es decir: asociaría esa noción confusa -cuando no falsa- que se suele llamar identidad colectiva o nacional con uno de los rasgos sociales o culturales presentes -la religión o, mejor dicho, una de las religiones- y consideraría la preservación, la promoción y luego la imposición de ese rasgo aislado más importantes que la libertad individual de comprar, estudiar o trabajar sin más condiciones que la misma libertad y la eficacia (comunicativa, educativa, comercial, etc.). El nacionalista religioso legislaría ad hoc, dedicaría a ello cuantiosos recursos públicos y crearía además un funcionariado afín y una red clientelar lo más amplia posible, dependiente directamente de la prosperidad de los negocios vinculados con la religión, todo ello acompañado de una "política religiosa" que se acabaría imponiendo en administraciones, escuelas, medios de comunicación y todo tipo de servicios so pretexto de proteger la identidad colectiva, invadiendo sucesivamente el ámbito de lo público y el de lo privado... La religión es o puede ser un importante elemento de la personalidad individual libre, un rasgo cultural transmitido de padres a hijos que pertenece por tanto al ámbito privado y a cuyo respecto, según nos parece a muchos occidentales desde 1789, las competencias del Estado deberían limitarse a garantizar la libertad de ejercicio. La diferencia entre entender o no entender esta premisa es la que desgraciadamente ha habido entre Alemania y Bosnia. O entre la Alemania de 2010 y la de 1935. O, en fase germinal, entre respetar la libertad del prójimo y pintarle la fachada del cine con coacciones veladas.
Pues bien: el intervencionismo estatal que nos parece inimaginable y jamás toleraríamos en favor de una religión lo hemos aceptado sumisamente durante las últimas décadas en buena parte de España cuando se ha tratado de ese invento sociolingüístico de las "lenguas propias", para asombro de otros países europeos, escarnio nuestro, deterioro de nuestra libertad y quebranto de la economía, hasta el punto de amenazar hoy nuestra convivencia y propiciar manifestaciones públicas de protesta con frecuencia creciente... Sospecho, no obstante, que esto último es un signo del cambio. En nuestro país existe hoy una opción política nueva, radicalmente comprometida con las libertades y, por tanto, muy crítica con el nacionalismo, sea lingüístico o de cualquier otro tipo; y existen también ciudadanos que desean ventilar la democracia paupérrima que sufrimos: un régimen estancado en el clientelismo, el adocenamiento y el prejuicio. Sacudirnos la injusta y aburridísima tiranía de las lenguas es sólo una de las tareas pendientes, pero seguramente no la menos importante, en el camino hacia la regeneración democrática. Periodista Digital.
No es lo mismo decir "Fulano es nazi" que "los nazis empezaron haciendo cosas como las que hace Fulano". Tampoco es igual afirmar "este nacionalista es un nazi" (lo cual puede ser descriptivo) que "todos los nacionalistas son nazis" (lo cual es injusto). Sin embargo, lo importante aquí es que la pintada a la puerta del cine no aporta nada al debate democrático, ni a ningún debate; sólo puede tener el fin de amedrentar, coaccionar, señalar al que debe ser excluido de la comunidad, al que merece reprobación pública o tal vez castigo. En un estado de derecho esto corresponde a los jueces; pero al autor de la pintada el estado de derecho le da igual, porque él lo único a que alcanza a aspirar es una patria forjada en torno a un rasgo distintivo y excluyente: la lengua que él y los suyos han decidido que es la propia del territorio en el que conviven con otros que ni hablan ni opinan como él. El que pintó la fachada es, efectivamente, un fascista. Y las autoridades catalanas que no impiden ni condenan, sino que por el contrario alientan este tipo de comportamientos, son compañeros de viaje del fascista y responsables políticos de cualquier agresión que se derive de este estado de cosas. No todos los nacionalistas son fascistas, pero a mí sí me parece que todo nacionalismo implica un germen fundamentalista y totalitario sin el que no puede adquirir su sentido ni sostenerse, y que en demasiadas ocasiones deriva en imposición o violencia en alguna de sus diversas manifestaciones e intensidades. La imposición a los cines de la obligación de ofrecer al cliente contenidos en un idioma en concreto -como la previa de rotular en el mismo- pertenece a esa concepción totalitaria de cómo deben ser las cosas: "la realidad se equivoca, así que cambiémosla".
Imaginemos un país en el que la diversidad social no estribe en la lengua, sino en la religión, tal y como de hecho sucede en numerosos lugares como Bosnia-Herzegovina o Alemania. Un verdadero demócrata establecería en ese país la laicidad del Estado y la libertad de culto que permitiese que cada ciudadano (o cada comerciante, o cada consumidor) escogiese la religión en que manifestarse o relacionarse en su vida privada. En cambio, un nacionalista religioso legislaría que toda biblioteca contuviese al menos un cincuenta por ciento de libros luteranos; o que las televisiones privadas saludasen a sus espectadores al menos la mitad de las mañanas con una oración musulmana; o que en las empresas de más de diez empleados al menos la mitad de éstos fuesen católicos. Es decir: asociaría esa noción confusa -cuando no falsa- que se suele llamar identidad colectiva o nacional con uno de los rasgos sociales o culturales presentes -la religión o, mejor dicho, una de las religiones- y consideraría la preservación, la promoción y luego la imposición de ese rasgo aislado más importantes que la libertad individual de comprar, estudiar o trabajar sin más condiciones que la misma libertad y la eficacia (comunicativa, educativa, comercial, etc.). El nacionalista religioso legislaría ad hoc, dedicaría a ello cuantiosos recursos públicos y crearía además un funcionariado afín y una red clientelar lo más amplia posible, dependiente directamente de la prosperidad de los negocios vinculados con la religión, todo ello acompañado de una "política religiosa" que se acabaría imponiendo en administraciones, escuelas, medios de comunicación y todo tipo de servicios so pretexto de proteger la identidad colectiva, invadiendo sucesivamente el ámbito de lo público y el de lo privado... La religión es o puede ser un importante elemento de la personalidad individual libre, un rasgo cultural transmitido de padres a hijos que pertenece por tanto al ámbito privado y a cuyo respecto, según nos parece a muchos occidentales desde 1789, las competencias del Estado deberían limitarse a garantizar la libertad de ejercicio. La diferencia entre entender o no entender esta premisa es la que desgraciadamente ha habido entre Alemania y Bosnia. O entre la Alemania de 2010 y la de 1935. O, en fase germinal, entre respetar la libertad del prójimo y pintarle la fachada del cine con coacciones veladas.
Pues bien: el intervencionismo estatal que nos parece inimaginable y jamás toleraríamos en favor de una religión lo hemos aceptado sumisamente durante las últimas décadas en buena parte de España cuando se ha tratado de ese invento sociolingüístico de las "lenguas propias", para asombro de otros países europeos, escarnio nuestro, deterioro de nuestra libertad y quebranto de la economía, hasta el punto de amenazar hoy nuestra convivencia y propiciar manifestaciones públicas de protesta con frecuencia creciente... Sospecho, no obstante, que esto último es un signo del cambio. En nuestro país existe hoy una opción política nueva, radicalmente comprometida con las libertades y, por tanto, muy crítica con el nacionalismo, sea lingüístico o de cualquier otro tipo; y existen también ciudadanos que desean ventilar la democracia paupérrima que sufrimos: un régimen estancado en el clientelismo, el adocenamiento y el prejuicio. Sacudirnos la injusta y aburridísima tiranía de las lenguas es sólo una de las tareas pendientes, pero seguramente no la menos importante, en el camino hacia la regeneración democrática. Periodista Digital.
23 enero 2010
Semilingüismo y ciudadanos de segunda
Los conocidos casos de los niños ibicenco y valenciana, alumnos del sistema público de enseñanza español a quienes se impide examinarse en su lengua materna (la española, oficial en todo el territorio nacional), son muestra de un fenómeno insólito en Europa, que sólo se da en las islas Faeroe y en las regiones bilingües de España. Es sólo la punta visible de un iceberg que ya hace tiempo abrió una vía de agua en el barco de la igualdad.
Desde finales de los setenta (y ya ha llovido), el canadiense J. Cummins, una autoridad internacional en el aprendizaje de las lenguas, ha insistido en lo que él llama teoría de la interdependencia. Según Cummins, la competencia en una segunda lengua es, en su mayor parte, proporcional a la competencia adquirida en la lengua materna, que es factor esencial e indispensable para la adquisición de la capacidad lingüística en general y, por tanto, para la consecución de logros intelectuales, se trate de resultados académicos o profesionales. Cummins define en su teoría del umbral distintos tipos de bilingüismo: el semilingüismo, con pobre nivel en ambas lenguas, el bilingüismo con dominancia de una de las dos lenguas y el bilingüismo aditivo, con alto nivel de ambas. Frente a la adquisición sucesiva de la lectoescritura en lengua materna y de una segunda lengua (y una tercera), que según este corpus teórico conduciría a un deseable bilingüismo aditivo, la inmersión lingüística en la lengua no materna sería causa directa del semilingüismo, es decir, de una mala adquisición de las dos lenguas (tanto la impuesta por el sistema educativo como la materna) y, por lo tanto, de una reducción de las capacidades de abstracción y de resolución de problemas con consecuencias negativas para el éxito escolar y para una personalidad madura.
La inmersión lingüística de niños no catalanohablantes en Galicia, País Vasco, Navarra, Cataluña, Valencia y Baleares tiene, por tanto, consecuencias más allá de la cuestión identitaria; una cuestión que, por cierto, a nadie interesa sino a los políticos que han hecho de ella bandera y medio de sustento. Añadida a otros factores comunes al resto del sistema educativo español, la inmersión profundiza en la mala calidad de la enseñanza porque antepone objetivos políticos totalizadores (la promoción de una lengua presuntamente propia o de identidad) a los objetivos que deberían ser los prioritarios del sistema educativo (garantizar una educación densa y crítica: formar ciudadanos). Además de injusta porque atenta contra la libertad individual, la inmersión es, por tanto, profundamente inadecuada con respecto a los fines de la educación. Debido a la inmersión, como atestiguan los informes nacionales e internacionales, el notable descenso del nivel académico en universidades como la UIB o la reducción galopante de la competitividad de regiones tradicionalmente pujantes como Cataluña o País Vasco, varias generaciones de españoles han visto reducida su cualificación profesional (la real, no la reflejada en los títulos expedidos por el sistema), su competitividad laboral y su capacidad crítica con el sistema político y en el acceso a los bienes de consumo. Son ciudadanos de segunda: justo lo que necesitan esos políticos que han promovido tal estado de cosas y que, no obstante, matriculan a sus retoños en centros privados donde pueden escoger la lengua vehicular. Ciudadanos de segunda que configuran por otra parte un país poco competitivo y menos esforzado, pasto de las crisis económicas que otros países alcanzan a superar con mayor facilidad.
Ni la inmersión que defienden el PSOE y sus socios radicales ni el invento trilingüe de Feijoo y el PP resuelven este problema. Desde UPyD apelamos al sentido común: no queremos ciudadanos semilingües, ni semilibres, ni semiinstruidos. Queremos ciudadanos de primera y nuestro esfuerzo se dirigirá a garantizar la libertad de elección de la lengua vehicular en la enseñanza de sus hijos. Es nuestro compromiso desde nuestra fundación y lo llevaremos a las instituciones con la confianza de los ciudadanos. Periodista Digital.
Desde finales de los setenta (y ya ha llovido), el canadiense J. Cummins, una autoridad internacional en el aprendizaje de las lenguas, ha insistido en lo que él llama teoría de la interdependencia. Según Cummins, la competencia en una segunda lengua es, en su mayor parte, proporcional a la competencia adquirida en la lengua materna, que es factor esencial e indispensable para la adquisición de la capacidad lingüística en general y, por tanto, para la consecución de logros intelectuales, se trate de resultados académicos o profesionales. Cummins define en su teoría del umbral distintos tipos de bilingüismo: el semilingüismo, con pobre nivel en ambas lenguas, el bilingüismo con dominancia de una de las dos lenguas y el bilingüismo aditivo, con alto nivel de ambas. Frente a la adquisición sucesiva de la lectoescritura en lengua materna y de una segunda lengua (y una tercera), que según este corpus teórico conduciría a un deseable bilingüismo aditivo, la inmersión lingüística en la lengua no materna sería causa directa del semilingüismo, es decir, de una mala adquisición de las dos lenguas (tanto la impuesta por el sistema educativo como la materna) y, por lo tanto, de una reducción de las capacidades de abstracción y de resolución de problemas con consecuencias negativas para el éxito escolar y para una personalidad madura.
La inmersión lingüística de niños no catalanohablantes en Galicia, País Vasco, Navarra, Cataluña, Valencia y Baleares tiene, por tanto, consecuencias más allá de la cuestión identitaria; una cuestión que, por cierto, a nadie interesa sino a los políticos que han hecho de ella bandera y medio de sustento. Añadida a otros factores comunes al resto del sistema educativo español, la inmersión profundiza en la mala calidad de la enseñanza porque antepone objetivos políticos totalizadores (la promoción de una lengua presuntamente propia o de identidad) a los objetivos que deberían ser los prioritarios del sistema educativo (garantizar una educación densa y crítica: formar ciudadanos). Además de injusta porque atenta contra la libertad individual, la inmersión es, por tanto, profundamente inadecuada con respecto a los fines de la educación. Debido a la inmersión, como atestiguan los informes nacionales e internacionales, el notable descenso del nivel académico en universidades como la UIB o la reducción galopante de la competitividad de regiones tradicionalmente pujantes como Cataluña o País Vasco, varias generaciones de españoles han visto reducida su cualificación profesional (la real, no la reflejada en los títulos expedidos por el sistema), su competitividad laboral y su capacidad crítica con el sistema político y en el acceso a los bienes de consumo. Son ciudadanos de segunda: justo lo que necesitan esos políticos que han promovido tal estado de cosas y que, no obstante, matriculan a sus retoños en centros privados donde pueden escoger la lengua vehicular. Ciudadanos de segunda que configuran por otra parte un país poco competitivo y menos esforzado, pasto de las crisis económicas que otros países alcanzan a superar con mayor facilidad.
Ni la inmersión que defienden el PSOE y sus socios radicales ni el invento trilingüe de Feijoo y el PP resuelven este problema. Desde UPyD apelamos al sentido común: no queremos ciudadanos semilingües, ni semilibres, ni semiinstruidos. Queremos ciudadanos de primera y nuestro esfuerzo se dirigirá a garantizar la libertad de elección de la lengua vehicular en la enseñanza de sus hijos. Es nuestro compromiso desde nuestra fundación y lo llevaremos a las instituciones con la confianza de los ciudadanos. Periodista Digital.
05 diciembre 2009
¿Falta de rigor o mala fe?
No es la primera vez que Guillem Rosselló se refiere a nuestra formación en términos negativos. Conste que en UPyD aceptamos de buen grado las críticas -somos un partido esencialmente crítico y aspiramos al voto crítico-, pero también nos agradaría que la crítica se hiciese sobre lo que verdaderamente decimos, y no sobre lo que algunos filibusteros de la opinión prefieren inventar que decimos. Y, sobre todo, siempre sobre los mismos argumentos, porque es francamente difícil defenderse cuando un mismo columnista -el señor Rosselló, sin ir más lejos- nos acusa un día de ser un partido comunista y al siguiente de ser la extrema derecha. Complicado.
En su reciente artículo "Rosa Díez o la visión sesgada de España y de la democracia" (Última Hora, 27-11-09), arremete contra UPyD atribuyéndole indefinición: "Después de leer y reflexionar [sic], uno no puede definir si Rosa Díez es de izquierdas, del PSOE del cual surgió, o de las derechas de las que trata de nutrirse". Yo le contesto gustosamente: UPyD no es de izquierdas ni de derechas, sino transversal. En nuestro partido militamos liberales y socialdemocrátas preocupados por la deriva sectaria y antidemocrática de nuestro país, una deriva de la que los mismos escritos del señor Rosselló son buena prueba. Ya, ya sé que despista un poco que unas veces votemos con el PP y otras con el Bloque Nacionalista Gallego, pero es que a nosotros sí nos gusta escuchar a todo el mundo sin juicios previos. Nuestra imperdonable peculiaridad es que consideramos a los ciudadanos capaces de pensar por sí mismos y de elegir en función de la oferta, y no de consignas sectarias. Es normal que el señor Rosselló no se aclare; o tal vez es que ni leyó ni reflexionó como dice que hizo.
Según el columnista, Rosa Díez alimenta "odio hacia las autonomías" y es una "líder preconstitucional" que "afirma que todo el poder del Estado debe estar en Madrid". No me extraña que le parezca una "visión sesgada de España": a mí también me lo parecería. Pero, fíjense, desde su Manifiesto Fundacional (2007), UPyD ha defendido la mejora del Estado de las Autonomías y, en particular desde la ponencia política aprobada en nuestro I Congreso el pasado 21 de noviembre, definimos nuestro modelo de Estado como federalismo cooperativo: apreciamos tanto la descentralización que somos el único partido nacional que defiende el federalismo para España. Cosa bien distinta sería que, como tal vez le gustaría al señor Rosselló, cuestionásemos la unidad de la nación; pero no: para nosotros la unidad de España es incuestionable, y el federalismo sólo la mejor fórmula para asegurarla, por medio de un catálogo de competencias cerrado constitucionalmente que enumere qué competencias son de las comunidades autónomas -de todas por igual- y cuáles del Estado, de manera que ninguna desgraciada conjunción de un gobierno central sin sentido de estado y ciertos localismos desleales -como sucede hoy- pueda poner cada año las competencias y la solidaridad sobre el tapete a cambio de, por ejemplo, votos para los presupuestos generales. Pero nuestro federalismo declarado le da igual al señor Rosselló, que habla de un "nacionalismo rancio" que le recuerda, no podía ser de otra manera, al franquismo y sus "genocidios culturales" [sic], así como a "otro fascismo: el del partido Único o el de aquellos reinados medievales en el que sólo tenían la palabra los nobles". Sin comentarios.
¿Qué decir ante semejante falta de rigor? Se me ocurre lo siguiente: que el señor Rosselló es uno de los ejemplos más palmarios del periodismo basura de que tengo noticia en los últimos años. Al servicio no se sabe bien si de su propio sectarismo y su ignorancia o, por el contrario, de los de alguien muy interesado en que UPyD no prospere, cada una de sus líneas es un embuste o nace del desconocimiento de la realidad que dice comentar. Cualquiera de los dos supuestos lo descalifica como periodista, y seguramente certifica el miedo cerval que algunos sectores políticos empiezan a experimentar en Baleares desde que una opción progresista y ciudadana como es la de UPyD amenaza con modificar el equilibrio de fuerzas en la política local. Ánimo, señor Rosselló: siga haciendo esto que usted llama opinar. Tal vez prefiera usted seguir confiando en la honestidad y el progresismo de partidos como UM, PP o PSIB, que sin duda no le parecerán rancios ni franquistas ni genocidas... Si es que los jueces dejan alguno en pie al cabo de esta legislatura. Anímese, que no damos tanto miedo. Última Hora. Periodista Digital.
En su reciente artículo "Rosa Díez o la visión sesgada de España y de la democracia" (Última Hora, 27-11-09), arremete contra UPyD atribuyéndole indefinición: "Después de leer y reflexionar [sic], uno no puede definir si Rosa Díez es de izquierdas, del PSOE del cual surgió, o de las derechas de las que trata de nutrirse". Yo le contesto gustosamente: UPyD no es de izquierdas ni de derechas, sino transversal. En nuestro partido militamos liberales y socialdemocrátas preocupados por la deriva sectaria y antidemocrática de nuestro país, una deriva de la que los mismos escritos del señor Rosselló son buena prueba. Ya, ya sé que despista un poco que unas veces votemos con el PP y otras con el Bloque Nacionalista Gallego, pero es que a nosotros sí nos gusta escuchar a todo el mundo sin juicios previos. Nuestra imperdonable peculiaridad es que consideramos a los ciudadanos capaces de pensar por sí mismos y de elegir en función de la oferta, y no de consignas sectarias. Es normal que el señor Rosselló no se aclare; o tal vez es que ni leyó ni reflexionó como dice que hizo.
Según el columnista, Rosa Díez alimenta "odio hacia las autonomías" y es una "líder preconstitucional" que "afirma que todo el poder del Estado debe estar en Madrid". No me extraña que le parezca una "visión sesgada de España": a mí también me lo parecería. Pero, fíjense, desde su Manifiesto Fundacional (2007), UPyD ha defendido la mejora del Estado de las Autonomías y, en particular desde la ponencia política aprobada en nuestro I Congreso el pasado 21 de noviembre, definimos nuestro modelo de Estado como federalismo cooperativo: apreciamos tanto la descentralización que somos el único partido nacional que defiende el federalismo para España. Cosa bien distinta sería que, como tal vez le gustaría al señor Rosselló, cuestionásemos la unidad de la nación; pero no: para nosotros la unidad de España es incuestionable, y el federalismo sólo la mejor fórmula para asegurarla, por medio de un catálogo de competencias cerrado constitucionalmente que enumere qué competencias son de las comunidades autónomas -de todas por igual- y cuáles del Estado, de manera que ninguna desgraciada conjunción de un gobierno central sin sentido de estado y ciertos localismos desleales -como sucede hoy- pueda poner cada año las competencias y la solidaridad sobre el tapete a cambio de, por ejemplo, votos para los presupuestos generales. Pero nuestro federalismo declarado le da igual al señor Rosselló, que habla de un "nacionalismo rancio" que le recuerda, no podía ser de otra manera, al franquismo y sus "genocidios culturales" [sic], así como a "otro fascismo: el del partido Único o el de aquellos reinados medievales en el que sólo tenían la palabra los nobles". Sin comentarios.
¿Qué decir ante semejante falta de rigor? Se me ocurre lo siguiente: que el señor Rosselló es uno de los ejemplos más palmarios del periodismo basura de que tengo noticia en los últimos años. Al servicio no se sabe bien si de su propio sectarismo y su ignorancia o, por el contrario, de los de alguien muy interesado en que UPyD no prospere, cada una de sus líneas es un embuste o nace del desconocimiento de la realidad que dice comentar. Cualquiera de los dos supuestos lo descalifica como periodista, y seguramente certifica el miedo cerval que algunos sectores políticos empiezan a experimentar en Baleares desde que una opción progresista y ciudadana como es la de UPyD amenaza con modificar el equilibrio de fuerzas en la política local. Ánimo, señor Rosselló: siga haciendo esto que usted llama opinar. Tal vez prefiera usted seguir confiando en la honestidad y el progresismo de partidos como UM, PP o PSIB, que sin duda no le parecerán rancios ni franquistas ni genocidas... Si es que los jueces dejan alguno en pie al cabo de esta legislatura. Anímese, que no damos tanto miedo. Última Hora. Periodista Digital.
26 noviembre 2009
Régimen y periodismo catalán
El hecho de que doce diarios catalanes hayan publicado hoy un editorial común titulado "La dignidad de Cataluña", con el fin de presionar al Tribunal Constitucional en favor de una sentencia sobre el Estatut que resulte próxima a los postulados nacionalistas, ha sido presentado como algo insólito y, desde luego, por lo que se refiere a sus precedentes, lo es. No obstante, que sea insólito no impide que haya supuesto una reacción perfectamente previsible.
El texto intenta deslegitimar primero al TC, dado que de los diez miembros con derecho a voto en este caso (uno falleció y otro está recusado), cuatro trabajan bajo prórroga por no haberse puesto de acuerdo los partidos políticos para su sustitución. En UPyD hemos denunciado la politización y la consiguiente falta de operatividad del procedimiento de cobertura de vacantes al TC; pero la única manera de cambiar lo que no nos gusta del sistema, que es mucho, es la reforma política y, en particular, la reforma constitucional, y ésta tiene sus requisitos. Mientras tanto, sólo podemos librarnos de la arbitrariedad si todos respetamos las normas que son para todos. Cuestionar la legitimidad del Tribunal, y en un momento tan delicado, es de gran desfachatez e irresponsabilidad política; pero cuestionarla sólo cuando sus sentencias no nos gustan, y no hacerlo cuando nos van bien, es de una indigencia intelectual deplorable, o bien de una mala fe que insulta a la ciudadanía y, en particular, a los lectores.
No contento con despreciar al TC, el editorial se permite establecer qué es progresismo y qué democracia: "el dilema real es avance o retroceso"; "está en juego la propia dinámica constitucional: el espíritu de 1977, que hizo posible la pacífica transición". Es cierto que muchos, dentro y fuera de Cataluña, creemos que está en juego el espíritu de la Transición; pero no precisamente por defecto, sino por exceso: el estado autonómico ha perdido de vista referentes como la solidaridad y la igualdad, y de la sentencia del TC depende que demos pasos hacia la desvertebración de España y la definitiva desigualdad entre sus ciudadanos o bien la contengamos.
Muy grave es la relativización de las leyes que se desprende de párrafos como aquél en que se indica que "no existe la justicia absoluta sino sólo la justicia del caso concreto, razón por la que la virtud jurídica por excelencia es la prudencia". Presentar la prudencia y la garantía de que todos serán tratados por igual ante las leyes como valores enfrentados, como si la una pudiera ser sin la otra, es, sencillamente, contrario al estado de derecho. Que el TC antepusiese la conveniencia política a la interpretación rigurosa de la norma entraría de lleno en la categoría del golpe de estado institucional, y que doce rotativos lo propongan es demagógico y, por tanto, inmoral. Pero más grave es aún la llamada al desacato implícita en frases de tono amenazante como "estos días, los catalanes piensan, ante todo, en su dignidad; conviene que se sepa". O: "Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable". Por mucha apelación que se haga a la responsabilidad, ¿qué cabe interpretar cuando desde las páginas de un diario se anima a la población a "responder" contra una sentencia emitida por la institución constitucionalmente llamada a emitirla y con arreglo a la ley en fondo y forma? Hoy Jorge de Esteban ha argumentado en El Mundo la presunta comisión de un delito de usurpación de atribuciones por parte de las autoridades autonómicas catalanas (art. 508.2 CP). Abundando en esta vía, a mi juicio, si como consecuencia del editorial hoy publicado se produjeran tras el dictamen del TC desórdenes públicos, sería oportuno considerar la aplicación a los responsables del texto del art. 545 CP y siguientes, que hablan de inducción, provocación o proposición para la sedición. Por no hablar del art. 118 de la Constitución, que obliga a todos a cumplir las sentencias de los tribunales... Pero la actitud del Gobierno no permite esperar actuación alguna por parte del Ministerio Fiscal en defensa de las instituciones. El mismo Rodríguez Zapatero, preguntado por el editorial que comentamos, se ha conformado con sonreír, afirmar que se trata de una manifestación de la libertad de expresión y asegurar que lo había leído con gran interés. Otro que no fuese un botarate habría fruncido el ceño y contestado lo siguiente: "La independencia del TC es sagrada, y quien la toque se las verá con este Gobierno en los tribunales".
Todo esto no traerá seguramente más consecuencias que el consabido folclore independentista, porque el seny de los ciudadanos catalanes supera con mucho el de su impresentable clase dirigente. Pero no deja de ser triste que el discurso público catalán se haya apartado de la razón y del interés común para defender exclusivamente el de los nuevos caciques autonómicos y sus clientes. Los mejores pensadores catalanes de nuestra hora (Félix de Azúa, Albert Boadella, Alejo Vidal-Quadras, Arcadi Espada) se han situado hoy explícitamente contra algo que ya no cabe calificar más que de régimen. La política catalana actúa al margen de su ciudadanía.
Hay que recordar que, pese a una encendida campaña ampliamente sufragada con dineros públicos y amplificada desde las instituciones, la participación en el referéndum celebrado en su día para la aprobación plebiscitaria del controvertido Estatut fue tan escasa que, frente al 90% de los parlamentarios catalanes que había apoyado el proyecto, no más de un tercio de los catalanes manifestaron su inclinación hacia el mismo. Ante tan palmaria desvinculación entre políticos y ciudadanía (los catalanes tienen problemas que nada tienen que ver con la nacionalidad), la prensa del Principado opta por los políticos. Pero no hay que extrañarse: conviene recordar en este punto, como hoy ha hecho Albert Rivera, quién paga los sueldos y los beneficios en los medios periodísticos catalanes: los mismos políticos nacionalistas que han promovido todo este tremendo disparate. Todos los diarios que suscriben tan digno editorial -todos- reciben subvenciones y publicidad institucional que, en la mayor parte de los casos, resultan imprescindibles para su supervivencia. El editorial, por tanto, no sólo es irracional e injusto: además está titulado sin ningún acierto, porque de lo que habla este texto no es de la dignidad de Cataluña, sino de la indignidad de algunos catalanes que prefieren mantener poltronas y mamandurrias a costa de la libertad y de la información que merece su ciudadanía. El problema de la prensa en España, genuflexa ante los poderes autonómicos vía subvención, en Cataluña se agrava notablemente debido al ingrediente identitario. Todos debemos aprender mucho del irresponsable editorial de hoy, y actuar en consecuencia. Periodista Digital. España Liberal.
El texto intenta deslegitimar primero al TC, dado que de los diez miembros con derecho a voto en este caso (uno falleció y otro está recusado), cuatro trabajan bajo prórroga por no haberse puesto de acuerdo los partidos políticos para su sustitución. En UPyD hemos denunciado la politización y la consiguiente falta de operatividad del procedimiento de cobertura de vacantes al TC; pero la única manera de cambiar lo que no nos gusta del sistema, que es mucho, es la reforma política y, en particular, la reforma constitucional, y ésta tiene sus requisitos. Mientras tanto, sólo podemos librarnos de la arbitrariedad si todos respetamos las normas que son para todos. Cuestionar la legitimidad del Tribunal, y en un momento tan delicado, es de gran desfachatez e irresponsabilidad política; pero cuestionarla sólo cuando sus sentencias no nos gustan, y no hacerlo cuando nos van bien, es de una indigencia intelectual deplorable, o bien de una mala fe que insulta a la ciudadanía y, en particular, a los lectores.
No contento con despreciar al TC, el editorial se permite establecer qué es progresismo y qué democracia: "el dilema real es avance o retroceso"; "está en juego la propia dinámica constitucional: el espíritu de 1977, que hizo posible la pacífica transición". Es cierto que muchos, dentro y fuera de Cataluña, creemos que está en juego el espíritu de la Transición; pero no precisamente por defecto, sino por exceso: el estado autonómico ha perdido de vista referentes como la solidaridad y la igualdad, y de la sentencia del TC depende que demos pasos hacia la desvertebración de España y la definitiva desigualdad entre sus ciudadanos o bien la contengamos.
Muy grave es la relativización de las leyes que se desprende de párrafos como aquél en que se indica que "no existe la justicia absoluta sino sólo la justicia del caso concreto, razón por la que la virtud jurídica por excelencia es la prudencia". Presentar la prudencia y la garantía de que todos serán tratados por igual ante las leyes como valores enfrentados, como si la una pudiera ser sin la otra, es, sencillamente, contrario al estado de derecho. Que el TC antepusiese la conveniencia política a la interpretación rigurosa de la norma entraría de lleno en la categoría del golpe de estado institucional, y que doce rotativos lo propongan es demagógico y, por tanto, inmoral. Pero más grave es aún la llamada al desacato implícita en frases de tono amenazante como "estos días, los catalanes piensan, ante todo, en su dignidad; conviene que se sepa". O: "Si es necesario, la solidaridad catalana volverá a articular la legítima respuesta de una sociedad responsable". Por mucha apelación que se haga a la responsabilidad, ¿qué cabe interpretar cuando desde las páginas de un diario se anima a la población a "responder" contra una sentencia emitida por la institución constitucionalmente llamada a emitirla y con arreglo a la ley en fondo y forma? Hoy Jorge de Esteban ha argumentado en El Mundo la presunta comisión de un delito de usurpación de atribuciones por parte de las autoridades autonómicas catalanas (art. 508.2 CP). Abundando en esta vía, a mi juicio, si como consecuencia del editorial hoy publicado se produjeran tras el dictamen del TC desórdenes públicos, sería oportuno considerar la aplicación a los responsables del texto del art. 545 CP y siguientes, que hablan de inducción, provocación o proposición para la sedición. Por no hablar del art. 118 de la Constitución, que obliga a todos a cumplir las sentencias de los tribunales... Pero la actitud del Gobierno no permite esperar actuación alguna por parte del Ministerio Fiscal en defensa de las instituciones. El mismo Rodríguez Zapatero, preguntado por el editorial que comentamos, se ha conformado con sonreír, afirmar que se trata de una manifestación de la libertad de expresión y asegurar que lo había leído con gran interés. Otro que no fuese un botarate habría fruncido el ceño y contestado lo siguiente: "La independencia del TC es sagrada, y quien la toque se las verá con este Gobierno en los tribunales".
Todo esto no traerá seguramente más consecuencias que el consabido folclore independentista, porque el seny de los ciudadanos catalanes supera con mucho el de su impresentable clase dirigente. Pero no deja de ser triste que el discurso público catalán se haya apartado de la razón y del interés común para defender exclusivamente el de los nuevos caciques autonómicos y sus clientes. Los mejores pensadores catalanes de nuestra hora (Félix de Azúa, Albert Boadella, Alejo Vidal-Quadras, Arcadi Espada) se han situado hoy explícitamente contra algo que ya no cabe calificar más que de régimen. La política catalana actúa al margen de su ciudadanía.
Hay que recordar que, pese a una encendida campaña ampliamente sufragada con dineros públicos y amplificada desde las instituciones, la participación en el referéndum celebrado en su día para la aprobación plebiscitaria del controvertido Estatut fue tan escasa que, frente al 90% de los parlamentarios catalanes que había apoyado el proyecto, no más de un tercio de los catalanes manifestaron su inclinación hacia el mismo. Ante tan palmaria desvinculación entre políticos y ciudadanía (los catalanes tienen problemas que nada tienen que ver con la nacionalidad), la prensa del Principado opta por los políticos. Pero no hay que extrañarse: conviene recordar en este punto, como hoy ha hecho Albert Rivera, quién paga los sueldos y los beneficios en los medios periodísticos catalanes: los mismos políticos nacionalistas que han promovido todo este tremendo disparate. Todos los diarios que suscriben tan digno editorial -todos- reciben subvenciones y publicidad institucional que, en la mayor parte de los casos, resultan imprescindibles para su supervivencia. El editorial, por tanto, no sólo es irracional e injusto: además está titulado sin ningún acierto, porque de lo que habla este texto no es de la dignidad de Cataluña, sino de la indignidad de algunos catalanes que prefieren mantener poltronas y mamandurrias a costa de la libertad y de la información que merece su ciudadanía. El problema de la prensa en España, genuflexa ante los poderes autonómicos vía subvención, en Cataluña se agrava notablemente debido al ingrediente identitario. Todos debemos aprender mucho del irresponsable editorial de hoy, y actuar en consecuencia. Periodista Digital. España Liberal.
31 octubre 2009
Ciudadanos de segunda
Satisfecho por los resultados de la primera campaña, desarrollada en mayo pasado, la Consejería de Innovación, Justicia e Interior del Gobierno de las Islas Baleares ha puesto en marcha su segunda campaña de sensibilización para el uso de sistemas de seguridad para menores en vehículos de motor, a través de su Dirección General de Interior y del Instituto de Seguridad Pública de las Islas Baleares. Además de las charlas impartidas en colegios por policías tutores, la iniciativa se basa en el reparto en los centros educativos de un folleto destinado a los padres de los alumnos. El objetivo principal de la campaña, muy loable, es el de "reducir al máximo las conductas de riesgo en la conducción"; se dirige "a los padres y responsables de los menores"; entre sus finalidades se encuentra la de "sensibilizar a los responsables de los menores del uso de los sistemas de seguridad homologados y evitar, así, posibles accidentes"; y uno de los motivos aducidos para llevarla a cabo es que "la prevención de conductas peligrosas ha de comenzar en los núcleos educacionales más próximos a los menores, como el entorno familiar y el centro escolar". Hasta aquí, nada que objetar en cuanto a objetivos, destinatarios, finalidades y motivaciones, sino todo lo contrario: elogios por la iniciativa. Si todo ello es como se declara, no obstante, nos surge automáticamente una pregunta: ¿por qué la campaña se desarrolla sólo en catalán?
Desde instancias oficiales se ha arrinconado el uso de la lengua española con tanta insistencia que la pregunta parece baladí; pero no lo es. Por mucho que sea injusto que la lengua vehicular en los colegios sea sólo una de las dos oficiales, sabemos que lo es por ley. No obstante, dada la finalidad declarada de la campaña, ¿no pudieron preguntarse la multiconsejera Pilar Costa y el director general de Interior, Sebastià Amengual, si para alcanzarla no habría sido más conveniente editar folletos bilingües? Si los padres receptores del folleto monolingüe no entienden su contenido, ¿no se incumple la finalidad de sensibilización en el "núcleo educacional más proximo" que es la familia? Veamos sólo un ejemplo: unos padres de origen vasco (o murciano o colombiano) con hijos escolarizados en la red pública de colegios, que trabajan y pagan impuestos en Baleares y a todos los efectos están sometidos a la legislación y los reglamentos de Baleares, ¿no tienen derecho a recibir servicio de las autoridades de Baleares si su lengua materna, además de oficial y común a toda la nación, es el español? Cuando una persona de las características aludidas recibe el folleto correspondiente a la mencionada campaña, necesita hacer un esfuerzo adicional para entender lo que en él se aconseja, si es que puede llegar a entenderlo. Por lo tanto, no recibe servicio de la Administración en igualdad de condiciones con respecto al ciudadano catalanohablante que sí ve justamente satisfechos sus derechos: es, por consiguiente, un ciudadano de segunda.
Si los responsables de la campaña ignoraban esta posibilidad, deben dimitir por incompetentes. Si no la ignoraban pero consideran que la principal misión de las autoridades de las Islas Baleares es forzar a sus habitantes a aprender catalán, y colocan este objetivo general por encima de los que marcan el sentido común y la propia iniciativa de sensibilización, deben dimitir por sectarios. Si la consejera Costa y el director general Amengual, en fin, no entienden que las lenguas están al servicio de la comunicación y sin este sentido no tienen ningún otro; que ni el catalán ni el español pueden estar por encima de las necesidades formativas y de seguridad de los ciudadanos; y que es una grave irresponsabilidad poner en riesgo a un solo menor porque sus padres no hayan entendido la información que se les da en una lengua que desconocen, siendo la suya igualmente oficial, entonces, sin ningún género de duda, deben dimitir por indignos. Nada nos sorprende ya, dado que toda la señalética en nuestras calles es monolingüe, incluso en casos en que no entender las instrucciones supone un riesgo para el usuario, o bien una sanción evitable sólo con haber entendido un texto. Pero no podemos dejar de insistir en lo absurdo de que en pleno siglo XXI inspire la acción de nuestros gobernantes una mitología identitaria de estirpe herderiana, enemiga de la razón y de la eficacia y que en cualquier otro lugar de Europa estaría perfectamente clasificada como de extrema derecha: sobran los ejemplos. Mientras haya ciudadanos de segunda en España, mientras haya españoles cuyo derecho a la seguridad -o a la educación, o al trabajo, o a la sanidad- se considere menos importante o se proteja menos que el de otros con motivo del idioma que hablan, sea éste el que sea, seguiremos denunciándolo. Periodista Digital. España Liberal.
Desde instancias oficiales se ha arrinconado el uso de la lengua española con tanta insistencia que la pregunta parece baladí; pero no lo es. Por mucho que sea injusto que la lengua vehicular en los colegios sea sólo una de las dos oficiales, sabemos que lo es por ley. No obstante, dada la finalidad declarada de la campaña, ¿no pudieron preguntarse la multiconsejera Pilar Costa y el director general de Interior, Sebastià Amengual, si para alcanzarla no habría sido más conveniente editar folletos bilingües? Si los padres receptores del folleto monolingüe no entienden su contenido, ¿no se incumple la finalidad de sensibilización en el "núcleo educacional más proximo" que es la familia? Veamos sólo un ejemplo: unos padres de origen vasco (o murciano o colombiano) con hijos escolarizados en la red pública de colegios, que trabajan y pagan impuestos en Baleares y a todos los efectos están sometidos a la legislación y los reglamentos de Baleares, ¿no tienen derecho a recibir servicio de las autoridades de Baleares si su lengua materna, además de oficial y común a toda la nación, es el español? Cuando una persona de las características aludidas recibe el folleto correspondiente a la mencionada campaña, necesita hacer un esfuerzo adicional para entender lo que en él se aconseja, si es que puede llegar a entenderlo. Por lo tanto, no recibe servicio de la Administración en igualdad de condiciones con respecto al ciudadano catalanohablante que sí ve justamente satisfechos sus derechos: es, por consiguiente, un ciudadano de segunda.
Si los responsables de la campaña ignoraban esta posibilidad, deben dimitir por incompetentes. Si no la ignoraban pero consideran que la principal misión de las autoridades de las Islas Baleares es forzar a sus habitantes a aprender catalán, y colocan este objetivo general por encima de los que marcan el sentido común y la propia iniciativa de sensibilización, deben dimitir por sectarios. Si la consejera Costa y el director general Amengual, en fin, no entienden que las lenguas están al servicio de la comunicación y sin este sentido no tienen ningún otro; que ni el catalán ni el español pueden estar por encima de las necesidades formativas y de seguridad de los ciudadanos; y que es una grave irresponsabilidad poner en riesgo a un solo menor porque sus padres no hayan entendido la información que se les da en una lengua que desconocen, siendo la suya igualmente oficial, entonces, sin ningún género de duda, deben dimitir por indignos. Nada nos sorprende ya, dado que toda la señalética en nuestras calles es monolingüe, incluso en casos en que no entender las instrucciones supone un riesgo para el usuario, o bien una sanción evitable sólo con haber entendido un texto. Pero no podemos dejar de insistir en lo absurdo de que en pleno siglo XXI inspire la acción de nuestros gobernantes una mitología identitaria de estirpe herderiana, enemiga de la razón y de la eficacia y que en cualquier otro lugar de Europa estaría perfectamente clasificada como de extrema derecha: sobran los ejemplos. Mientras haya ciudadanos de segunda en España, mientras haya españoles cuyo derecho a la seguridad -o a la educación, o al trabajo, o a la sanidad- se considere menos importante o se proteja menos que el de otros con motivo del idioma que hablan, sea éste el que sea, seguiremos denunciándolo. Periodista Digital. España Liberal.
15 octubre 2009
Los demagogos acechan
Bajo el título "Berlusconi a la balear" publica el señor Miquel Payeras una columna (UH, 10-10-2009) en la que advierte del riesgo de que, ante el descrédito de Zapatero por su gestión y de los políticos en general por el fenómeno de la corrupción, aparezcan "formaciones antisistema". "Ante el hundimiento de la credibilidad de los partidos políticos institucionales, los demagogos acechan", afirma en un ladillo. Según él, Baleares sería campo abonado para "salvadores" que "encanten suficiente gente como para sacar cabeza en las instituciones". Los "acomodados políticos institucionales" serían responsables de crear "las condiciones para que nazca [un Berlusconi] a la balear". Y todo ello lo encarna en el fenómeno UPyD.
El señor Payeras debe pertenecer a esa raza privilegiada de periodistas con acceso a la ciencia infusa; porque, si no, no se entiende que haya formado opiniones tan firmes acerca de UPyD, dado que el número de veces que se ha dirigido a miembro alguno de UPyD con el fin de contrastar sus prejuicios con la realidad es exactamente cero. ¿Se cree el señor Payeras con derecho a insultar a los cientos de miles de ciudadanos españoles que ya en varios comicios han depositado su creciente confianza en Rosa Díez y su partido, máxime cuando, según nuestras evidencias, salen hasta el momento del sector más liberal, más instruido y más informado de la sociedad española?
En algo estamos de acuerdo: los políticos tradicionales son responsables del enorme deterioro de nuestra democracia. En lo que no coincidimos es en la solución: ¿quién nos ha de sacar del lamentable estado de cosas en que nos encontramos? ¿Esos mismos políticos profesionales que recuestan sus poltronas en el derroche público y en corruptelas que intentan disimular con la complicidad de todos los partidos que el señor Payeras llama "institucionales", y que pretenden no cambiar nada mientras puedan seguir ordeñando el sistema? ¿O más bien un partido de voluntarios de la política que propone, por ejemplo, la reforma electoral y las listas abiertas para que todos los votos valgan lo mismo y los elegidos respondan de su actuación ante el ciudadano y no ante su ejecutiva; la limitación de permanencia en los cargos; la elección directa de cargos unipersonales como alcaldías y presidencias autonómicas; la reforma del poder judicial y de la fiscalía para posibilitar su independencia con respecto a los partidos; la reforma de la educación para forjar ciudadanos de provecho y trabajadores cualificados en empresas competitivas; la igualdad de derechos de todos los españoles...? ¿Estos objetivos son demagógicos, son antisistema? ¿O son más bien expresión del sentido común que reside en una gran mayoría de los españoles y que ningún partido a excepción de UPyD había ofrecido? ¿No son mucho más nocivos para el sistema los partidos que toleran que una banda de trapisondistas de medio pelo a la que hasta anteayer criticaban por corrupta arbitre a su antojo la política (por llamarla de algún modo) local, insular y autonómica, llegan a venderle lo que sea necesario con tal de permanecer en el poder y llaman a eso "pacto por la gobernabilidad"?
¿No serán demagogos más bien quienes prefieren la pervivencia de un sistema viciado a que un movimiento cívico lo reforme para que funcione? ¿A qué tiene miedo el señor Payeras? ¿Por qué, según él, UPyD "encanta" a unos votantes supuestamente incautos? ¿Es acaso mejor el procedimiento de comprar el voto mediante prebendas y subvenciones? ¿Armengol y Antich no siguen honrando a ciertos piratas de la política, pese a todas las deslealtades, con la dignidad inmerecida de interlocutores y socios? ¿No es cierto que el gobierno de Baleares lleva dos años vegetando sin más influencia sobre la sociedad y la economía de las Islas que su enorme y prescindible despilfarro y un lamentable ejemplo de cómo no se hacen las cosas? ¿Por qué los grandes empresarios, los profesionales de prestigio, los líderes de la sociedad civil, como los ciudadanos en general, expresan en privado el enorme desprecio que les inspira una clase política balear mediocre, carente de ideas y de escrúpulos, con la que tienen que lidiar a diario? ¿El espectáculo que los partidos del Pacte están dando estos días es a ojos del señor Payeras más digno, menos berlusconiano que el diario y silencioso trabajo de UPyD? ¿Tiene que tener UPyD algún complejo ante semejante panorama?
Que un columnista se permita tildar a UPyD de partido demagógico o antisistema, por haber osado proponer -con convicción, desde el más riguroso respeto a los principios democráticos y en consonancia con la sensibilidad de una enorme número de ciudadanos- la remoción de una casta política reprobable y la reforma de unas instituciones que no funcionan, tiene tanto fundamento como que yo llame a cualquier columnista que me fastidie plumífero paniaguado: ninguno. Lo que sí tiene sentido es que se debatan las ideas, y no las etiquetas, y así invito al señor Payeras a hacerlo. Pero para debatir hace falta que dos quieran. Descalificar es mucho más fácil. Última Hora. Periodista Digital.
El señor Payeras debe pertenecer a esa raza privilegiada de periodistas con acceso a la ciencia infusa; porque, si no, no se entiende que haya formado opiniones tan firmes acerca de UPyD, dado que el número de veces que se ha dirigido a miembro alguno de UPyD con el fin de contrastar sus prejuicios con la realidad es exactamente cero. ¿Se cree el señor Payeras con derecho a insultar a los cientos de miles de ciudadanos españoles que ya en varios comicios han depositado su creciente confianza en Rosa Díez y su partido, máxime cuando, según nuestras evidencias, salen hasta el momento del sector más liberal, más instruido y más informado de la sociedad española?
En algo estamos de acuerdo: los políticos tradicionales son responsables del enorme deterioro de nuestra democracia. En lo que no coincidimos es en la solución: ¿quién nos ha de sacar del lamentable estado de cosas en que nos encontramos? ¿Esos mismos políticos profesionales que recuestan sus poltronas en el derroche público y en corruptelas que intentan disimular con la complicidad de todos los partidos que el señor Payeras llama "institucionales", y que pretenden no cambiar nada mientras puedan seguir ordeñando el sistema? ¿O más bien un partido de voluntarios de la política que propone, por ejemplo, la reforma electoral y las listas abiertas para que todos los votos valgan lo mismo y los elegidos respondan de su actuación ante el ciudadano y no ante su ejecutiva; la limitación de permanencia en los cargos; la elección directa de cargos unipersonales como alcaldías y presidencias autonómicas; la reforma del poder judicial y de la fiscalía para posibilitar su independencia con respecto a los partidos; la reforma de la educación para forjar ciudadanos de provecho y trabajadores cualificados en empresas competitivas; la igualdad de derechos de todos los españoles...? ¿Estos objetivos son demagógicos, son antisistema? ¿O son más bien expresión del sentido común que reside en una gran mayoría de los españoles y que ningún partido a excepción de UPyD había ofrecido? ¿No son mucho más nocivos para el sistema los partidos que toleran que una banda de trapisondistas de medio pelo a la que hasta anteayer criticaban por corrupta arbitre a su antojo la política (por llamarla de algún modo) local, insular y autonómica, llegan a venderle lo que sea necesario con tal de permanecer en el poder y llaman a eso "pacto por la gobernabilidad"?
¿No serán demagogos más bien quienes prefieren la pervivencia de un sistema viciado a que un movimiento cívico lo reforme para que funcione? ¿A qué tiene miedo el señor Payeras? ¿Por qué, según él, UPyD "encanta" a unos votantes supuestamente incautos? ¿Es acaso mejor el procedimiento de comprar el voto mediante prebendas y subvenciones? ¿Armengol y Antich no siguen honrando a ciertos piratas de la política, pese a todas las deslealtades, con la dignidad inmerecida de interlocutores y socios? ¿No es cierto que el gobierno de Baleares lleva dos años vegetando sin más influencia sobre la sociedad y la economía de las Islas que su enorme y prescindible despilfarro y un lamentable ejemplo de cómo no se hacen las cosas? ¿Por qué los grandes empresarios, los profesionales de prestigio, los líderes de la sociedad civil, como los ciudadanos en general, expresan en privado el enorme desprecio que les inspira una clase política balear mediocre, carente de ideas y de escrúpulos, con la que tienen que lidiar a diario? ¿El espectáculo que los partidos del Pacte están dando estos días es a ojos del señor Payeras más digno, menos berlusconiano que el diario y silencioso trabajo de UPyD? ¿Tiene que tener UPyD algún complejo ante semejante panorama?
Que un columnista se permita tildar a UPyD de partido demagógico o antisistema, por haber osado proponer -con convicción, desde el más riguroso respeto a los principios democráticos y en consonancia con la sensibilidad de una enorme número de ciudadanos- la remoción de una casta política reprobable y la reforma de unas instituciones que no funcionan, tiene tanto fundamento como que yo llame a cualquier columnista que me fastidie plumífero paniaguado: ninguno. Lo que sí tiene sentido es que se debatan las ideas, y no las etiquetas, y así invito al señor Payeras a hacerlo. Pero para debatir hace falta que dos quieran. Descalificar es mucho más fácil. Última Hora. Periodista Digital.
10 octubre 2009
La democracia en UPyD y en los partidos viejos
Los ciudadanos asisten atónitos al espectáculo que estos días da el Partido Popular de Baleares frente a la circunstancia de tener que elegir un presidente para su agrupación palmesana. En pocas palabras: uno de los candidatos quiere que voten todos los afiliados y el otro defiende que los afiliados escojan una serie de compromisarios y éstos a su nuevo líder. También en pocas palabras: el sufragio universal libre garantiza que los afiliados manifiesten su voluntad sin intermediarios, mientras que el sistema de compromisarios favorece que la cúpula de un partido tergiverse esa voluntad colectiva mediante el cambalache de prebendas entre individuos y familias territoriales y/o clientelares, de modo que la cúpula pueda controlar el desenlace de las elecciones a través del viejísimo procedimiento del do ut des. Entre el método de los compromisarios y el aplicado recientemente por el PP de Calvià, en el que todos sus afiliados han podido expresar su deseo y verlo cumplido, el ciudadano sabe muy bien cuál es el más democrático.
Pero, al fin y al cabo, uno contempla estos hechos como lo que son: anécdotas de un partido ajeno (a uno mismo pero también a la ciudadanía) que no va a mudar sus modos si no es por conveniencia coyuntural. También el PSOE ensayó en alguna ocasión las elecciones primarias, pero hay que decir que los políticos profesionales se desengañaron muy pronto de aquella novedad: no garantizaba a la cúpula dirigente un control suficiente de todo el proceso. Hoy, el sufragio universal, las listas abiertas y la participación son en los partidos tradicionales sólo un recuerdo -si acaso lo son- en todos sus niveles y estructuras territoriales. Los ciudadanos conocen la exigencia constitucional de que los partidos tengan un funcionamiento interno democrático, pero muchos se han resignado a que en esto, como en tantas otras cosas, la Carta Magna sea papel mojado.
Por ello llama tanto la atención el poco eco, tal vez debido a una incredulidad lógica, que recibe el proceso electoral iniciado este mes en Unión Progreso y Democracia con motivo de la celebración a finales de noviembre de su primer Congreso, en el que se renovarán todos sus órganos y se enmendará y definirá la ponencia política que orientará su acción al menos en el próximo trienio. En muchos lugares de España se han celebrado ya elecciones para delegados a ese Congreso, y en breve se cierran a nivel nacional y se publicarán sus resultados. Los militantes de UPyD han leído las propuestas de los candidatos, los han escuchado en asamblea y han escogido mediante listas abiertas y voto secreto a los que de entre ellos han merecido mejor su confianza. Fue enormemente satisfactorio escuchar en la asamblea que a tal efecto se celebró en Palma el pasado fin de semana a algún militante cuando pedía una papeleta para sustituir la que traía ya rellena de casa, "porque he escuchado a esta chica y me ha gustado mucho". Democracia en estado puro, con consecuencias impensables en los partidos viejos, como la sorprendente elección de alguna candidata prácticamente desconocida entre la militancia, sólo gracias al poder de las ideas y de la persuasión. Consecuencias impensables en unos partidos en los que la espontaneidad, la sinceridad y la apelación a los principios y no al interés como motor del sufragio pasaron a mejor vida ya hace demasiados años.
Las listas abiertas son sólo una de las medidas que UPyD propugna para promover una mayor calidad de nuestra democracia, junto con la sustitución de la circunscripción provincial por la autonómica o, como defendemos muchos, por la circunscripción única que se corresponde con el carácter nacional del Congreso de los Diputados, medidas que respectivamente permitirían una mayor autonomía de los representantes electos con respecto a las ejecutivas partidarias y, por tanto, una selección más democrática; y la igualdad efectiva de todos los votos, de manera que fuese imposible que, como sucede hoy, el PNV multiplicase por seis el número de escaños de UPyD habiendo recibido menos votos. La superación de esa democracia pobre, meramente formal, alcanza todos los niveles internos del partido: en nuestro Congreso de noviembre, los delegados elegirán por el mismo procedimiento de lista única abierta a los 150 militantes que formarán en adelante nuestro órgano deliberativo, el Consejo Político, sin que a estos efectos sea relevante la comunidad de procedencia de los candidatos, como creemos que corresponde a un órgano nacional. Todos los afiliados, y no sólo los delegados asistentes al Congreso, votarán mediante sufragio electrónico directo al equipo que dirigirá el partido en los próximos años desde el Consejo de Dirección, a través de tantas candidaturas como los afiliados deseen, pues, a diferencia de lo que sucede en otros partidos, en ninguna de las fases de esta renovación orgánica se exige a los aspirantes firmas ni aval alguno. Resulta evidente la diferencia con los procesos pseudoelectorales en los partidos viejos, que casi invariablemente se resuelven a voluntad de sus respectivas cúpulas mediante la designación directa o la mediatización por compromisarios. Tan evidente que la mera posibilidad de que cunda el ejemplo hace que algunos prefieran silenciar o desvirtuar los hechos. Pero los hechos son tozudos, y quienes nos embarcamos hace ya dos años en esta aventura de regeneración democrática, también. Periodista Digital. El Mundo-El Día de Baleares. España Liberal.
Pero, al fin y al cabo, uno contempla estos hechos como lo que son: anécdotas de un partido ajeno (a uno mismo pero también a la ciudadanía) que no va a mudar sus modos si no es por conveniencia coyuntural. También el PSOE ensayó en alguna ocasión las elecciones primarias, pero hay que decir que los políticos profesionales se desengañaron muy pronto de aquella novedad: no garantizaba a la cúpula dirigente un control suficiente de todo el proceso. Hoy, el sufragio universal, las listas abiertas y la participación son en los partidos tradicionales sólo un recuerdo -si acaso lo son- en todos sus niveles y estructuras territoriales. Los ciudadanos conocen la exigencia constitucional de que los partidos tengan un funcionamiento interno democrático, pero muchos se han resignado a que en esto, como en tantas otras cosas, la Carta Magna sea papel mojado.
Por ello llama tanto la atención el poco eco, tal vez debido a una incredulidad lógica, que recibe el proceso electoral iniciado este mes en Unión Progreso y Democracia con motivo de la celebración a finales de noviembre de su primer Congreso, en el que se renovarán todos sus órganos y se enmendará y definirá la ponencia política que orientará su acción al menos en el próximo trienio. En muchos lugares de España se han celebrado ya elecciones para delegados a ese Congreso, y en breve se cierran a nivel nacional y se publicarán sus resultados. Los militantes de UPyD han leído las propuestas de los candidatos, los han escuchado en asamblea y han escogido mediante listas abiertas y voto secreto a los que de entre ellos han merecido mejor su confianza. Fue enormemente satisfactorio escuchar en la asamblea que a tal efecto se celebró en Palma el pasado fin de semana a algún militante cuando pedía una papeleta para sustituir la que traía ya rellena de casa, "porque he escuchado a esta chica y me ha gustado mucho". Democracia en estado puro, con consecuencias impensables en los partidos viejos, como la sorprendente elección de alguna candidata prácticamente desconocida entre la militancia, sólo gracias al poder de las ideas y de la persuasión. Consecuencias impensables en unos partidos en los que la espontaneidad, la sinceridad y la apelación a los principios y no al interés como motor del sufragio pasaron a mejor vida ya hace demasiados años.
Las listas abiertas son sólo una de las medidas que UPyD propugna para promover una mayor calidad de nuestra democracia, junto con la sustitución de la circunscripción provincial por la autonómica o, como defendemos muchos, por la circunscripción única que se corresponde con el carácter nacional del Congreso de los Diputados, medidas que respectivamente permitirían una mayor autonomía de los representantes electos con respecto a las ejecutivas partidarias y, por tanto, una selección más democrática; y la igualdad efectiva de todos los votos, de manera que fuese imposible que, como sucede hoy, el PNV multiplicase por seis el número de escaños de UPyD habiendo recibido menos votos. La superación de esa democracia pobre, meramente formal, alcanza todos los niveles internos del partido: en nuestro Congreso de noviembre, los delegados elegirán por el mismo procedimiento de lista única abierta a los 150 militantes que formarán en adelante nuestro órgano deliberativo, el Consejo Político, sin que a estos efectos sea relevante la comunidad de procedencia de los candidatos, como creemos que corresponde a un órgano nacional. Todos los afiliados, y no sólo los delegados asistentes al Congreso, votarán mediante sufragio electrónico directo al equipo que dirigirá el partido en los próximos años desde el Consejo de Dirección, a través de tantas candidaturas como los afiliados deseen, pues, a diferencia de lo que sucede en otros partidos, en ninguna de las fases de esta renovación orgánica se exige a los aspirantes firmas ni aval alguno. Resulta evidente la diferencia con los procesos pseudoelectorales en los partidos viejos, que casi invariablemente se resuelven a voluntad de sus respectivas cúpulas mediante la designación directa o la mediatización por compromisarios. Tan evidente que la mera posibilidad de que cunda el ejemplo hace que algunos prefieran silenciar o desvirtuar los hechos. Pero los hechos son tozudos, y quienes nos embarcamos hace ya dos años en esta aventura de regeneración democrática, también. Periodista Digital. El Mundo-El Día de Baleares. España Liberal.
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