29 noviembre 2005

Saberse tiempo

Me manda José María Castrillón su poemario reciente, La vieja munición (Santa Cruz de Tenerife: Ediciones Idea, 2005), y la convalecencia me permite leer. Habrá más consideraciones sobre este buen libro, pero de momento me conmueve la lectura del poema "Memorial de la ciudad":

La ciudad
se supo tiempo
en el invierno en que se hizo
necesaria para otros hombres,
más al norte, habitantes del frío.
Y fue humilde.
Levantada sobre el limo
no hizo plaza en su centro la memoria.
Así ha llegado hasta mí
que soy dolor del limo,
frágil acomodo del tiempo,
arrebujado en la necesidad
bajo el mismo invierno.

Siempre el tiempo, siempre la memoria. Y, no sé por qué, yo me he acordado de Gaspar Meana -otro asturiano admirable- y sus dibujos de guerreros que llegan desde mares septentrionales, desembarcan en las playas astures, humillan ciudades, aplacan su frío. Y con Castrillón sé que su frío es también el nuestro. Y nuestra fiebre.


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28 noviembre 2005

Valiente hijo de puta

Parece ser que Augusto Pinochet ha manifestado a los suyos sus "deseos de morir" al celebrar su nonagésimo cumpleaños bajo arresto domiciliario. Qué listo, el abuelo: primero desea -y ejecuta- la muerte de todos los que le estorban a él y a sus aliados norteamericanos, incluido el presidente de la República, y en el proceso se forra el bolsillo. Ahora, crucificado por esta casta de rojos ingratos, se siente triste -pobre viejito tierno- y desea el propio final... Lo bueno de que exista gente como él es que nos ponen el listón tan bajo que los demás nos llenamos de autoridad sin apenas esfuerzo, nos sentimos bellísimas personas casi gratis. Porque nosotros no deseamos su muerte, como no deseábamos la de sus víctimas (¿no es algo natural no desear muertes...?). Sólo necesitamos justicia.


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23 noviembre 2005

Me preguntan si el Canal Cuatro responde a las expectativas

Uno lleva sin ver la tele desde que a Fidel Castro le creció el bigote. Cuatro informativos, el ataque a las Torres Gemelas, un par de conciertazos los sábados por la mañana, ahora que la nena tiene dos años y hace frío. Ya, ni siquiera, los partidos del Madrid. Lo que uno se pregunta es cómo es posible que, habiendo visto televisión durante cuarenta, quince, incluso sólo dos años de su vida, y sin ser miembro del Gobierno, alguien siga teniendo expectativa alguna acerca de un nuevo canal comercial. Última Hora.


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20 noviembre 2005

Lo que dura dura

[Daniel Chavarría, Lo que dura dura, Barcelona: Ediciones B, 2005. Premio Ciudad de Palma "Camilo José Cela". 220 pp.]

El uruguayo Daniel Chavarría (1933) ha ganado numerosos premios con sus catorce novelas. Cuando en enero de 2005 se le otorgó el Premio Ciudad de Palma “Camilo José Cela”, ya había merecido, por ejemplo, el Dashiell Hammett gijonés (1992) o el cubano Casa de las Américas (2000). Chavarría se define como escritor cubano; no en vano reside desde 1969 en la isla caribeña y ejerce la docencia en su universidad. Habitual de la Semana Negra de Gijón, es, no obstante, algo más que un autor de novela negra.

La trama de Lo que dura dura tiene un núcleo principal de intriga; su retrato del lumpen habanero, su conocimiento de los tráficos clandestinos, del mundo de la hermandad abacuá o del ambiente carcelario sostienen el argumento. Pero la novela quiere también justificar en alguna medida la igualdad revolucionaria que predica el régimen: sus personajes, como arrastrados por el espíritu de la tragedia griega en versión yoruba, afrontan la marginalidad como resultado de un hado inatacable, o bien ascienden los peldaños de la educación oficial y se incorporan con éxito al engranaje social gracias a sus dotes y esfuerzo, independientemente de su color y de su clase. La ausencia de crítica política no excluye un enfoque desprejuiciado y plural de una realidad bastante lejana a la que venden Cubatur o Sol Meliá. Si a una trama ágil y equilibrada –no deslumbrante, pero efectiva– le añadimos una anécdota de partida de gran comicidad, un manejo diestro de los registros lingüísticos, acierto en la caracterización y una gran fidelidad a la función social de los ritos sincréticos afrocubanos, ciertamente nos plantamos ante dos o tres horas de refrescante lectura. Última Hora.


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19 noviembre 2005

Referentes públicos

¿Qué esperanzas podemos depositar en nuestra clase política si el presidente del gobierno, según la última encuesta del CIS (controlado por el gobierno), suspende en la intención de voto -es decir, ha dilapidado el enorme caudal de confianza que se le otorgó- y el líder de la oposición queda aún muy por debajo en este pseudojuicio popular? ¿Qué, si el ministro más valorado es José Bono, un personaje tan simpático como manifiestamente primario? Los políticos de corte intelectual (Alberto Ruiz-Gallardón, Josep Borrell), independientemente del partido al que pertenezcan, ceden protagonismo ante el acoso de bestias pardas y demagogos profesionales, de incapacidad más que probada (Esperanza Aguirre, Javier Caldera, Pepe Blanco), y aquéllos que a lo largo de estos años demostraron un saludable rigor ético (Pablo Castellano, Eduard Punset, Manuel Pimentel) se refugian en tertulias radiofónicas o televisivas, o en el ámbito privado. No es de extrañarse que muchos españoles no estén orgullosos de serlo: ¿qué referentes tienen? ¿Ronaldo? ¿Eto'o?


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15 noviembre 2005

Una promesa de las letras catalanas

[Melcior Comes, L'estupor que us espera, Barcelona: Empúries, 2005. Premio Documenta de Narrativa. 158 pp.]

Con veinticinco años, Melcior Comes (Sa Pobla, 1980) es un escritor. Al margen del número de novelas publicadas (la primera fue L’aire i el món, València: Tres i Quatre, 2004) y de premios recibidos (el Ciutat d’Elx “Antoni Bru” 2003 y el Documenta 2004), la entidad de su segunda novela, L’estupor que us espera, nos permite hablar de un auténtico profesional de las letras, dotado del talento y la ambición suficientes como para llegar a lo más alto.

Con motivo de la publicación de su primera novela, Comes recibió el saludo entusiasta de Sebastià Alzamora en Avui y el positivo pero moderado de Joan Josep Isern en Caràcters. Isern destacaba la capacidad del mallorquín para crear un mundo propio, “un microcosmos cerrado, obsesivo, muy personal y, sin embargo, enormemente atractivo”, compuesto de paisajes, relaciones personales y referentes intelectuales (el ajedrez, el juego de palabras). En el contrapeso, el crítico señalaba la pérdida del control del relato en ocasiones en que el narrador se dejaba arrastrar por asuntos de su interés. Ahora que Comes ha publicado L’estupor, al entusiasmo un tanto agreste del imparable, de nuevo en Avui, y a la erudición más calculada de Damià Pons en Última Hora se vuelve a sumar, quisquillosa, la opinión en el diario barcelonés de un Isern que sigue apostando por un futuro brillante para Comes y se detiene de forma muy general en las ideas de un “microcosmos definido por el exceso como rasgo definidor” y de un “notable instinto narrativo y lingüístico”, pero declara una novela imperfecta al fin y al cabo, a la que le sobra –afirma, como único argumento en contra– la aparición de personajes reales: Baltasar Porcel, Calixto Bieito y Rutger Hauer. Y es que a este libro y a este autor (contra lo que les sucede a muchos: unos pocos genios porque no la necesitan, y demasiados otros porque no les aprovecharía) le hará mucho favor un poco de sana crítica.

Cuando uno afirmaba en la primera línea que Comes es un escritor, y no, por ejemplo, que L’estupor sea una gran novela, escribía muy precisamente lo que quería escribir. En la prosa de Comes se advierte un impulso narrador de una potencia natural y de unos recursos muy notables para su edad. Tanto es así que, como señaló acertada aunque superficialmente Isern, hay ocasiones en que al narrador le puede el personaje. El lector sigue con placer los sucesivos episodios de la novela, aunque en ningún momento de su recorrido llega a reconocer un argumento, de forma que, cuando alcanza el final y todo se resuelve en una breve, peculiar y sobrevenida historia de amor redentor, la novela queda en parte frustrada. Pese a la eficacia evocadora, al uso esporádico de imágenes de cierta brillantez lírica, a una asombrosa maestría en la creación de personajes, a la destreza descriptiva, a un lenguaje ágil y de gran complejidad sintáctica, riqueza léxica y éxito connotativo (esto último es importantísimo) y a la sabia combinación de reflexión no banal y sensualidad a flor de piel –de, en fin, cierta exaltación neorromántica y rimbaudiana–, Comes, por los pelos, no logra su objetivo.

Me apasionan sus personajes. La tieta Elvira es uno de los más atractivos que me he echado al coleto en los últimos años. Marzio Volpe es memorable, aunque resuenen en él ecos románticos demasiado estridentes, con los consiguientes tics verbales y escenográficos. Don Jaume Pons, maestro de esgrima, es un divertido personaje de comedia; y, en general, todos los que pasean por las páginas de L’estupor son ricos, redondos, sugerentes. También como narrador de anécdotas está Comes maduro. Son simpáticas las fases del libro en que un histriónico Baltasar Porcel alecciona y renueva los ánimos del protagonista, o en que éste intenta sin éxito arruinar la reputación de un odioso Calixto Bieito a quien la indigencia moral e intelectual parece fortalecer. El relato de la creación de la compañía teatral por Marzio y el protagonista es sencillamente genial, y el remate del episodio hilarante. Lo mismo se puede decir de casi todas las escenas; porque en esto consiste el libro, en una sucesión de escenas muy conseguidas. Así lo reconoce el autor en una entrevista publicada en Diario de Mallorca en junio de este año: “Escribo a base de escenas que trabajo como unidades [...]. Cuando tengo ya diversas escenas las retoco para que encajen”. Hay que decir que el trabajo de las distintas escenas es excelente; pero su encaje es defectuoso, porque el lector –como bien se lamentaba Isern– no llega a comprender la función de unas con respecto a otras, muy probablemente debido a la ausencia de una estructura verdaderamente equilibrada. No negaré que exista en el libro una voluntad estructural; pero carece de homogeneidad y las digresiones narrativas, por interesantes que resulten, en lugar de enriquecerla, la debilitan.

En definitiva, se trata de un buen libro que habría podido aspirar a ser mejor; tal vez sean responsables la juventud y la impaciencia de un autor al que entre líneas se le adivina tatuada, a fuego sobre el cuerpo y sobre el alma, la gran literatura. Si no nos equivocamos, no hay que lamentarse: madurará y lo disfrutaremos todos.


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14 noviembre 2005

Ze's page

De la página personal de este actor de Brooklyn destaca la sección Vídeos educativos. Sus “Life lessons” para niños son indescriptibles. Tomando como pretexto la inocencia infantil, consigue una serie de sketches de alto voltaje cómico, como los titulados “No se chupan las pilas”, o “No se aceptan caramelos de desconocidos”. De similar contenido son las series “Impresiona a tu ligue” o “Cómo bailar correctamente”, donde las imágenes no son más divertidas que los textos. Su “Curso de comunicación” desarrolla un discurso satírico de cierta complejidad y una reflexión sobre las funciones del lenguaje, y “Cómo interpretar convincentemente” parodia la dramatización propia de la publicidad, con recursos que provienen directamente del cine mudo (en particular, nos parece, de Buster Keaton) y del mimo; aunque podría suponer una crítica mordaz hacia la sobreactuación y la estandarización frecuentes en teatro, cine y televisión, tal vez sea, si nos dejamos de pedanterías, simple y llano cachondeo. Otros apartados se refieren a imágenes curiosas, juegos y creaciones visuales, proyectos relacionados con la correspondencia electrónica y otras iniciativas en que el lector puede participar enviando fotos conforme a convocatorias inverosímiles, como “Atacado por tu comida” o “Moda de primavera en papel higiénico”. Para que no falte de nada, hay también un blog y una tienda de camisetas de un histriónico Ze Frank que parece encantado con la imagen que transmite.

Ze Frank combina el vídeo, la fotografía, aplicaciones informáticas sencillas, un indudable dominio del arte escénico y de la expresión corporal y una marcada vis comica que impregna todo lo que toca de un humor ácido, a veces no muy sutil pero siempre provocador. Se trata de mucho más que una página personal –incluso por su amplitud–, y así lo atestiguan premios y referencias en diarios de varios continentes y revistas como Time Out New York, Forbes o Discover. 13 Newsletter.


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11 noviembre 2005

Administración y demagogia

A mí me parece que nuestras autoridades tienen unas miras demasiado cortas para quienes representan al pueblo balear y deben encarnar su progreso en el siglo XXI. Vamos, que no veo yo por qué limitarnos a una Consejería de Inmigración o una Oficina para el Cambio Climático. Ya puestos, ¿para cuándo una Dirección General de Apoyo a los Pueblos Indígenas del Mundo? ¿Y el Negociado de Pandemias Aviares, tan urgente? Por no hablar de la deseada Agencia Espacial Balear. ¿A qué están esperando? Última Hora.


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10 noviembre 2005

En Francia

La combinación de injusticia social y radicalismo ideológico es causa de desastre ineludible. Porque extremistas los hay siempre; pero a lo largo de las últimas décadas sólo habían conseguido, como mucho, asomarse a los parlamentos. El ascenso del ultraderechismo en Francia había señalado la gravedad de la situación; y, sin embargo, la Unión que pretendíamos era la Europa opaca de los banqueros, muy alejada del crisol cultural y social que históricamente la ha hecho tan rica. Ahora subirá Le Pen: para qué queremos más. Última Hora.


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06 noviembre 2005

Cataluña no es una nación

Pues no. Y no es tan terrible. Me niego a pasar por cavernícola furioso, enemigo del pueblo catalán por no opinar igual que algunos. Hemos soportado durante tanto tiempo el discurso nacionalista que muchos han creído que es progresista. Pero no: las fuerzas del progreso –hasta que Franco acaparó el nombre de España– se caracterizaron por combatir las tensiones centrífugas que, qué paradoja, coincidían con lo más ultra del conservadurismo carlistón.

Mariano Rajoy erró el otro día cuando desdeñó el federalismo, que posiblemente es la solución de todos nuestros males. La autonomía ha beneficiado a las regiones más débiles, y seguirá haciéndolo si no se convierte en factor de diferenciación; el problema de nuestro ordenamiento es que nunca estuvo cerrado, que las competencias fueron siempre prendas de cambalache: víctimas de las mayorías simples. En todo lo demás acertó un Rajoy mucho más brillante y moderado de lo que gustaría a sus rivales: la nación comporta soberanía, ésta corresponde al pueblo español y para modificar la Constitución no valen vías de hecho. Tendría guasa que las Cortes aprobaran una norma inconstitucional y, sobre todo, contraria al sentir de los españoles. Hace tiempo que los políticos ignoran a los ciudadanos, pero esto acaba pasando factura.

Es necesaria una defensa pacífica y no vergonzante de las propias convicciones. Y la de la mayoría es que no hay otra nación que España. Si quieren, otro día lo aclaramos, más allá de la desinformación, la manipulación de la Historia y los equilibrios de demagogos más apegados al poder que a los principios, dispuestos a sustituir su bandera por una pegatina del Barça con tal de quedarse. Y es que el Estado no es un campo de fútbol. Última Hora.


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01 noviembre 2005

Lo que le espera

Doña Leonor será un día lejano reina de España. Reina de España pese a los conservadores rancios que criticaron el matrimonio desigual de sus padres. Reina de España pese a los progres a quienes, aun apolillada, satisfaría más una bandera tricolor. Reina de España pese a los monárquicos recalcitrantes, que habrían preferido un varoncito con todo lo que Dios manda tener. Reina de España pese a los pelmas de los nacionalistas, sus prebendas, sus estatutos que a pocos interesan, sus complicidades, sus boinas y, ay, su sempiterna primera página. Reina de España pese a los peñafielillos que, aparte no haber tenido nunca ni idea de qué era eso de lo que hablaban tanto y con tanta presunta autoridad, han decidido que morder la mano de quienes les han dado de comer toda la vida es hoy mucho más rentable. Reina de España pese a las feministas de tertulia televisiva que hoy se felicitan por algo tan irrelevante como el sexo de un bebé. Reina de España pese a los rumores que envidiosos, cotillas, malintencionados e incautos propagaron acerca de ligaduras de trompas y otras sandeces. Reina de España pese a la constitución vigente a fecha de su nacimiento. Reina de España pese a los reportajes del Hola. Reina de España pese a que la mitad de sus antepasados no tuviesen la sangre ni remotamente azul. Doña Leonor será reina de España, sí, pese a todos. Y, sin embargo, al servicio de todos: es la cruz de su familia. Última Hora.


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