28 noviembre 2005

Valiente hijo de puta

Parece ser que Augusto Pinochet ha manifestado a los suyos sus "deseos de morir" al celebrar su nonagésimo cumpleaños bajo arresto domiciliario. Qué listo, el abuelo: primero desea -y ejecuta- la muerte de todos los que le estorban a él y a sus aliados norteamericanos, incluido el presidente de la República, y en el proceso se forra el bolsillo. Ahora, crucificado por esta casta de rojos ingratos, se siente triste -pobre viejito tierno- y desea el propio final... Lo bueno de que exista gente como él es que nos ponen el listón tan bajo que los demás nos llenamos de autoridad sin apenas esfuerzo, nos sentimos bellísimas personas casi gratis. Porque nosotros no deseamos su muerte, como no deseábamos la de sus víctimas (¿no es algo natural no desear muertes...?). Sólo necesitamos justicia.

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Coincido plenemente con tu visión sobre el personaje. Pinochet asistió de forma solemne al funeral de otro general llamado Franco ¿Será que se le murió su hermano del alma? o Quien fué más hijo de puta ?

Chema Durán dijo...

Querido Juan:
Quizás sobre el adjetivo "valiente" en un artículo dedicado a Pinochet; pero desde luego es innecesario el siguiente apelativo. Lo será o no, pero mantengamos, por favor, un cierto nivel. Que no estamos en la tele.

Juan Luis Calbarro dijo...

Querido Chema:
Tiene usted toda la razón. Ni hay por qué caer en términos soeces ni las honradas prostitutas chilenas merecen ser difamadas. Gracias por recordarlo.

elsa dijo...

Lo peor es que mueren por sí mismos en sus camitas, sin que se haga esa necesaria justicia, sin venganza, sin rencor, sin revoluciones...quedan muchos, y morirán de viejos. A la mierda las transiciones pacíficas!

Juan Luis Calbarro dijo...

Que no, Elsa, que la diferencia entre ellos y nosotros es precisamente esa... A mí que no me den revoluciones: de la venganza rara vez sale la justicia.

Anónimo dijo...

La revolución no es venganza, la revolución es cambio. Luther King, Mandela, Gandi, Jesucristo fueron revolucionarios. Sin revolución no hay cambio

Juan Luis Calbarro dijo...

Más que revolucionarios, reformadores. Aunque a mí no me gusta confudir la reivindicación pacífica de Luther King, Mandela o Gandhi con la mansedumbre religiosa de Jesucristo.