11 septiembre 2005

Que no nos pase nada

En los Estados Unidos muchos han empezado a advertir que el gobierno federal, tradicionalmente despreocupado de los asuntos sociales, se muestra también incapaz de atender graves emergencias como la derivada del paso del Katrina por las tierras del viejo sur. Quienes votaron a George Bush hijo (que, recordemos, no fueron ni de lejos la mayoría de los norteamericanos) se cuestionan el peso de esas ineficacias, que ahora aparecen como renuncias, cuando la política exterior que el presidente había ofrecido como prioridad y en la que había basado su prestigio tampoco da los frutos deseados. Incrustado en un inmenso avispero oriental, el ejército de las barras y las estrellas gasta ya más dinero del que se gastaba en Vietnam y registra un sinfín de bajas a diario en un conflicto al que no se le vislumbra final –ya no digamos final feliz. Bush podría estar quemado antes de que acabe el año.

Pero aún le queda un largo mandato por delante. El Partido Republicano debería estar preocupado: los últimos años de gobierno de un presidente que ya no necesita ser popular, porque una segunda reelección le está constitucionalmente vedada, y que mantiene con las grandes empresas probados vínculos de interés que tendrá que satisfacer, tal vez sirvan para arruinar el caudal electoral del partido. Ése será el momento de un candidato demócrata con tirón personal, con una trayectoria profesional brillante, con un pasado muy próximo a la Casa Blanca, con virtudes públicas demostradas –entre ellas la lealtad, la flexibilidad y el sentido de la oportunidad– y con un rival debilitado por años de desgobierno republicano. Varios de esos requisitos le fallaron a Al Gore en su día. Hoy, si yo tuviera fortuna, la apostaría a que la próxima presidenta de los Estados Unidos será Hillary Rodham Clinton.

Entre tanto, un Bush sin nada que perder puede entregar más, si cabe, el gobierno de la nación más poderosa del planeta a los grandes grupos petroleros y armamentísticos que decidieron la invasión de Afganistán e Irak y que han patrocinado el retroceso de las libertades que tan abiertamente ha corrompido los usos políticos norteamericanos. Virgencita... Última Hora.

1 comentario:

José María Durán dijo...

Si yo fuera del Partido Republicano (o perteneciese a la elite política) me preocuparía muy seriamente por la ruptura social que padece el país. Mandar a los pobres a la guerra (lejana, eso sí) o dejarlos que se ahoguen -como si Nueva Orleans fuese Bangladesh- no parece muy acertado. Y éticamente, no digamos.
Pd. Noticia surrealista: la Cruz Roja de Mozambique envía ayuda a EEUU. No es una noticia falsa: consúltese en la red cualquier periódico mozambiqueño.