22 enero 2006

El gen de medusa

No salgo de mi estupor: investigadores de la Universidad Nacional de Taiwan han obtenido varios ejemplares de cerdo verde fluorescente. Como lo oyen. Este hallazgo, que no desmerecería en el laboratorio del profesor Bacterio, dista no obstante de ser una broma: permitirá, al parecer, allanar el camino de los trasplantes de órganos de animales al ser humano. El marrano fosforito tiene la virtud de que sus vísceras también son fluorescentes, lo que permite practicar ciertas constataciones sin necesidad de técnicas de algún modo cruentas, y esto significará una mejor calidad de vida de los cerdos de laboratorio y, ojalá, una aceleración en el desarrollo de tratamientos para el cáncer humano: sorprendente. Pero más sorprendente es la forma en que se logró este animal transgénico: se inyectó el gen que codifica la GFP (proteína verde fluorescente) de cierta medusa en fetos de cerdo. Afortunadamente, los cerdos sólo brillan en verde bajo la luz ultravioleta; si no, imaginen el susto de las pobres gestantes tras el parto. Por no hablar del mosqueo de los verracos.

¿Imaginan las posiblidades del descubrimiento aplicado a la vida pública? El gen de la brillantez de Ruiz-Gallardón inyectado a tiempo en el feto (con perdón) de José Blanco o el de la templanza de Eduard Punset en el de Ángel Acebes habrían mejorado sin lugar a dudas el panorama nacional. Algún gen de Maria Antònia Munar en el embrión de Carod-Rovira habría dado lugar a un separatismo infinitamente más sexy. En cambio, de la implantación de cualquier gen democrático en el feto de Arnaldo Otegi, me temo, poco hubiéramos podido esperar salvo el rechazo. Para eso, el gen de medusa: fluorescente, al menos, habríamos podido aprovechar el resultado para la ciencia. Última Hora.


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18 enero 2006

Lo malo conocido

Los cananeos empezaron a darse estopa en el suelo que hoy ocupa el estado de Israel hará cinco mil años. Vinieron hebreos, arameos, egipcios, asirios, romanos, persas, árabes, francos, turcos y, hace unos cien años, esos europeos de religión judía e ideología sionista que se llaman a sí mismo israelíes, y todos repartieron leña. Con esta perspectiva, ignoro qué relevancia estadística pueda tener que Ariel Sharon ya no pueda ordenar más asesinatos; pero el espíritu de superación de los israelíes es proverbial. Última Hora.


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16 enero 2006

Ni tanto ni tan calvo

Seguramente sólo los más enrocados en la España del 39 desearían ver de nuevo los tanques en las calles. Pero son muchos los españoles que no entienden que su gobierno castigue las manifestaciones ciertamente extraviadas del teniente general Mena, quien, sin mucha diplomacia, ha recordado que la obligación de respetar la Constitución vigente atañe a todos; y, en cambio, admita entre sus socios discursos que abiertamente promueven la insumisión hacia la carta magna. ¿Quién dijo que la demagogia debía guardar apariencias? Última Hora.


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13 enero 2006

Cartas a Louise Colet

[Gustave Flaubert, Cartas a Louise Colet, traducción, prólogo y notas de Ignacio Malaxecheberría, Madrid: Ediciones Siruela, 1989 (2ª ed.: 2003).]

Para Roberto Vivero

Ni está de moda ni la edición es nueva. Tal vez por eso sea aún más recomendable la lectura de un escritor perspicaz como pocos y profesional seguramente como ninguno. Pese a tratarse de una colección de textos privados, sin voluntad de publicación, el escritor de gran talla aflora en la prosa vibrante, en la retórica, en la erudición literaria; por el mismo motivo, la espontaneidad permite acceder al lado más humano del consagrado. Coincidiendo con su relación con Louise Colet, escritora mediocre y amante apasionada, Gustave Flaubert (1821-1880) escribió su celebérrima novela Madame Bovary, considerada uno de los puntales de la narrativa francesa y occidental.

La edición de Siruela presenta una selección de 168 de las cartas que se conservan fruto de esa relación, aligeradas de repeticiones y nimiedades, en un período que corresponde a una etapa convulsa de la historia de Francia, que rueda de la monarquía orleanista a la Segunda República y al Segundo Imperio. Las primeras misivas (1846-1848) resultan cargantes por la almibarada densidad del juego de quereres y desquereres. En 1851 los amantes retoman su aventura y su correspondencia, tras un viaje a Oriente del roanés, que ahora es más maduro y conduce el intercambio hacia terrenos que le interesan más, sin perderse en alambicadas protestas de amor; hasta 1855, en que ella recibe una escueta y tajante nota de ruptura.

El joven que de vez en cuando abandona su refugio en Croisset para acercarse a París y visitar a su amante o relacionarse con un mundillo literario que en general desprecia es ya un escritor profesional. Los larguísimos párrafos que dedica a describir –y lamentar– lo ímprobo de su esfuerzo al componer su Bovary ilustran la tenacidad del autor de raza, que se sobrepone día tras día al tedio y al cansancio. Flaubert abomina de la inspiración y de los sentimientos; por el contrario, basa su trabajo en horas y horas de esfuerzo, de lucha contra el lenguaje y contra sí mismo y de estudio minucioso y reiterado de los clásicos (¡cuánto admiró a Shakespeare, a Sófocles, a Cervantes!), de las lenguas cultas –muertas y vivas–, de la filosofía y de otras materias que consideraba obligatorio conocer; todo lo cual le hace reconocerse inepto para la vida familiar.

La prosa de Flaubert está, además, salpicada de una mordacidad alimentada por su enorme perspicacia y a veces rayana en el sarcasmo. La ironía y una evidente tendencia aristocratizante tiñen sus opiniones sobre política, sobre la condición humana, sobre la condición de la mujer, sobre el amor, sobre el arte y la literatura. En cierta ocasión, a propósito de su calvicie incipiente, escribe: “mis cabellos caen como si fuesen convicciones políticas”. En otro punto afirma que “se hace crítica cuando no se puede hacer arte, igual que se hace uno delator cuando no se puede hacer soldado”... En conjunto, el volumen parece justificar los pareceres de Gide y Proust, para quienes el de Ruán no era tan importante por ser autor de Madame Bovary, Salambó o La educación sentimental como por habernos legado su correspondencia. 13 Newsletter.


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02 enero 2006

¿Año nuevo, vida nueva?

Vida nueva. Y si no que se lo pregunten a Rajoy, a Aguirre, a Bono... O a los fumadores, que en ciertos lugares se verán relegados a la condición de factores de insalubridad e infractores de la ley; que ya era hora. Aunque hay cosas que no cambiarán: el peinado de la Reina, la inexplicable atención de los españoles a las chorradas de Ana Obregón, la coña macarra y lúcida de Bernardo José Mora, la hemiplejia de Beckham, Dios en los colegios... Última Hora.


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