29 diciembre 2005

Vanagloria

Aunque sé que no parece muy científico, los años me han enseñado que hay pocos dichos tan atinados como el que afirma que la cara es el espejo del alma. Sólo hay que aprender a observar los detalles. Por eso nunca me cupo duda alguna de que Benedicto XVI es un personaje soberbio y brillantísimo. Por ambas cosas le supongo el muy pecaminoso gozo de haber alcanzado lo máximo a que un clérigo puede aspirar: sabe que nadie lo merecía más. Última Hora.

3 comentarios:

azuldeblasto dijo...

Pues mire: la cara del sumo pontífice es algo siniestra... en fin, ya me explicará que le ve usted tan encumbrador y sobresaliente.

Un saludo muy cordial

Anónimo dijo...

estás buscando la extremaunción? debe ser que el 31 de diciembre es el fin del mundo. conoces algún nuevo secreto de Nostradamus? y por supuesto. con todo el respeto que el rostro bondadoso del Papa se merece. anónimo JJ

Juan Luis Calbarro dijo...

¿Rostro bondadoso? Pero, vamos a ver, ¿es que nadie se lee los títulos?