Sonrisas y lágrimas
Uno es de la opinión de que, cuando el sonriente señor Zapatero negocia con Marruecos a propósito de inmigración o de cualquier otro asunto, debe explicar con claridad qué es lo que da, a cambio de qué y exactamente de qué manera garantiza el régimen marroquí el cumplimiento de los compromisos contraídos en condiciones de respeto a unos derechos humanos que incluso al sur del Gurugú constituyen obligación legal. Tiquismiquis que es uno.
Entre otras cosas, ese régimen con el que negociamos es culpable del saqueo de la nación saharaui. Es causante de un alto número de presos políticos, desaparecidos, casos de tortura y de restricción de la libertad de expresión y de otras muchas libertades, todo lo cual ha sido denunciado públicamente por Amnistía Internacional repetidas veces. La cúpula gobernante marroquí, y ello incluye a la familia de Mohamed VI, es beneficiaria directa de las pingües ganancias de las mafias que explotan el comercio de las drogas y el indigno tráfico de inmigrantes que de cuando en cuando siembra de cadáveres las costas de Fuerteventura o las vallas de Ceuta y Melilla.
Esas connivencias son hoy las nuestras. Tenemos la evidencia sonrojante de que los expulsados de las ciudades autónomas han sido expuestos por las autoridades alauíes a una muerte lenta y cruel en el desierto. Y no asombra tanto su falta de escrúpulos morales como la desfachatez demostrada, insólita incluso en quienes gozan del respaldo de los gobiernos francés y norteamericano, probablemente muy inclinados a concederlo a aliados más fiables –menos menesterosos– que el señor Zapatero. Éste debe explicar qué razones, aparte la necesaria vecindad, lo animan a mantener relaciones amistosas con un déspota responsable de tantos crímenes. Última Hora.







